keyboard_arrow_left
close
keyboard_arrow_right
Think
Carta editorial 2017: Basta de nostalgia
03.01.2017
Por Olivia Meza
  1. La nostalgia es de mis estados de ánimo más recurrentes, pero debo decir que me he cansado de añorar el pasado. He querido reunirme con el presente que me sostiene y aceptar pero superar aquello que ya fue. Después me acordé de los existencialistas, y de cómo Sartre decía “no perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro“. Recuerdo que alguna vez lo usé en la universidad para hacer una colección que inspiraba hacia el futuro… Bueno, recordar es vivir, también dicen, pero es vivir en un VHS no muy nítido y sin buen audio. Es como traer los audífonos puestos todo el día y solo escuchas aquellas voces y ruidos no muy claros, porque tampoco es interesante escucharlos. La realidad no es interesante; es apabullante, sonora, trágica, maldita tal vez.

La nostalgia es tan corriente que se ha popularizado a nivel global. Y la moda se ha inscrito al pasado por lo menos desde los 80, donde pocas veces ofrece un punto de reflexión cultural. Pensamos que los pantalones acampanados son actuales, por ejemplo, y crecemos con esas ideas vacías sobre la ropa, sin conocer de dónde provienen o por qué es así la moda. Es una nostalgia superficial y carente de sentido, regida por el consumismo y el capitalismo. Pienso que cuando sea mayor, mis nietos me preguntarían tal y como yo lo hago con mi abuela, “¿cómo se vestían en tu época?”. Me apenaría al responder que en mi época la gente no se vestía sino agonizaba sobre sus prendas deseando pasados o leyendas que jamás conoció. Todos estos años nos hemos vestido en nostalgia y en un principio me parecía reconfortante. Pero el acto de vestir transgredió a uno más importante: vivir. La gente vive en un pasado ignorante; ama las antigüedades, le excitan las melodías del rock & roll, llora sobre aquellos que murieron y nunca conocieron. Y vivir de lo que ya fue no es muy sano para el alma del artista ni para cualquier persona que piense que crear es una de las acciones más nobles del hombre y la mujer.

He vivido mucho en el pasado. No solo por mi gusto por la música de los 40 o 60 sino por ciertos pensamientos que me han inculcado y que al parecer hoy son obsoletos; por crecer en una educación vieja que adoraba la escuela marxista o por creer en la religión como un estado unánime e inefable. Vivir en el pasado me ha traído muchos vaivenes emocionales, días tristes y de ira, frustraciones por un mundo mejor, etcétera. Después realicé que vivir de lo pasado es más cómodo porque es una materia que varios intelectuales estudiaron y plasmaron en su momento; porque varios fotógrafos se tomaron la molestia de documentar lo que sucedía en sus calles, en sus escenarios. Lo familiar siempre es más reconfortante. El pasado o nuestras raíces, son necesariamente estudiadas y entendidas, pero no quedarse ahí, sino aprender a no repetir errores y contribuir a alguna causa o necesidad (o no) del presente. Se trata de continuar un trabajo de historia y de apostar hacia nuevos caminos.

Este año, quiero despegar. No hacia el futuro, sino al presente. Aquel tiempo verbal que muy pocos conocen realmente. Examinar y cuestionar lo que sucede; entender que siempre la nostalgia estará ahí: en las tendencias, en las películas, en la música, el diseño y en el arte, pero no tiene por qué ser un bote de basura reciclada. La nostalgia, la añoranza y la melancolía pueden transformarse en motores para crear grandes cosas; para entablar poderosos diálogos; recitar poemas nuevos y crear un lenguaje íntimo y cercano a través de la vestimenta meramente actual. Es momento de ponerle una pausa al cálido pasado y enfrentarnos a la cruda y fría presencia. La inspiración no debe provenir solo del ayer sino del presente e innovar para pautar un camino más prolífico en las artes, en la moda y las letras. Declararte actual no será fácil.

Fotografía por Felipe Hoyos 

Estilismo Pris Cano
Modelo Afra @ Paragon  

Pines: La Libertad, Non Youth y otros vintage