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CARTA EDITORIAL: Ser una mujer
05.03.2024
Por Olivia Meza de la Orta

¿Qué significa ser una mujer? Me aviento a un océano de sensibilidad, de lucha y de amor al cuestionarme tal cosa. Yo, Mujer. Yo, Olivia: femenina, curvilínea como una sinuosa e impredecible carretera hacia las montañas. Una mujer habitando en el cuerpo de una mujer; treinta y tres años siendo en esta misma piel que parece ser la misma pero no lo es; un tejido que roza y quiere quedarse con la gente a su paso. Ojos que conectan con otros ojos, miradas que exclaman piedad, sensualidad e intimidad.

Citlali Haro

La gran fortuna de ser mujer es también nuestra más grande maldición. Para todas es diferente, pero para todas el sufrimiento es una constante en diversas intensidades, distintas situaciones. La mujer es creadora y en su historia de vida, pocas veces concebimos con la brújula del alma, crear no solo como un fin reproductivo, sino crear como un conocimiento instintivo, básico, animal que se extiende por los lienzos, por la arcilla, por la tinta, la lectura, los debates entre el bien y el mal con un amante.

Así lo entendí cuando leí a Clarissa Pinkola. Y así me identifiqué en el sufrimiento cuando leí a Elena Garro y a Alejandra Pizarnik. Cuando vi los dolores en los murales viejos de una iglesia. En la voz de las músicas más desgarradoras. A mi paso viendo a las mujeres que caminan con grandes costales en sus espaldas, a las que marchan erguidas mientras viajan de un lado a otro, a las que regresan a una casa vacía y con el corazón roto. En los mensajes de mis amigas, en las pláticas con mi madre. El dolor es parte de nuestra historia, una semilla que nos vuelve los seres más resistentes. Semillas de bondad pero también de resentimiento; flores que tardan mucho en crecer, flores que solo florecen al amanecer y enseguida ya no están. Hierba y flores que necesitaron de mucha agua, muchas lágrimas para ser fértiles. No conozco mujer que no haya llorado en su vida.

Love is Blind, Lucia Dovičáková, 1981

Nuestros sentidos están completamente vivos y, el corazón, pese a las incansables veces que ha sido herido, se regenera y se vuelve más grande, más fuerte. Nuestra capacidad de amar es enorme. Es nuestro poder y nuestra desdicha. Uno no puede existir sin lo otro. Ser mujer es vivir en la balanza de miles de cosas, es dejar que te crezca el cabello y agitarlo, es poder llorar sin pena en el transporte público. Ser mujer es gloria, y es a veces demasiado luminoso para los demás. 

Naturaleza Viva, Maruja Mallo 1943

Pareciera que somos fugaces cuando en realidad somos inmortales. Imprimimos la huella de la vida, una vida que tiene sentido y profundidad. Quieren extinguirnos, callarnos, someternos. No nos soportan porque vivimos a flor de piel, porque sentimos y no lo ocultamos. Es nuestra naturaleza, imposible negarlo. Incluso mujeres con mujeres. Ser mujer no es solo una cuestión de género.

Yo veo en mi a otras mujeres todo el tiempo. Mujeres que han sido parte de mi vida; mujeres que fueron yo misma en otros pasados. Y todas esas mujeres somos todo el tiempo. Honrarlas es lo más sensato que podemos hacer todos los días por el mucho o poco amor que nos tengamos a nosotras mismas.

Miss Van, 2012

Nací mujer y decidí ejercerlo. No hay mayor privilegio que ése. Pero muchas veces una tiene que luchar por hacerse un espacio: su espacio. Ser libre e irte a bañar al río a las seis de la mañana si quieres, empacar una maleta chica y llevar abierta la mente, el pecho y los ojos. Vivir sin condiciones, sin dar explicaciones, sin temores. Es poder decidir en qué quieres trabajar; es materializar nuestros sueños. Y en este libre albedrío, no olvidemos que existe la posibilidad, por más mínima u oculta que parezca, de elegirse a una misma por sobre todas las cosas.

La utopía femenina que algún día –espero– prevalecerá en mí y en las demás está cada vez más cerca aunque sintamos que nos aleja. Cuestionarme el significado de ser mujer es recordar nuestra raíz dadora y protectora, y aceptar, de una vez por todas, que extender nuestros pétalos es también para recibir el cariño y el cuidado que tan libremente damos a los demás. 

James Sowerby from William Curtis’s Botanical Magazine, Lambeth, London, 1790.