keyboard_arrow_left
close
keyboard_arrow_right
Highlights
El inagotable (o el prolongado) placer de la ropa usada
12.04.2024
Por Redacción MEOW
Chica guapa, novio feo ¿qué le vio? Quiero.
Al contrario, vestido divino vintage $100 pesos ¿qué NO vio que lo donó? También quiero.

Haciendo a un lado las psicologías de adjudicación y propiedad privada que entran en el juego de los egos, la ropa usada tiene un hermoso mensaje detrás. Por un lado, está el placer de una hipertextualidad gerardgenettiana que respeta y brinda homenaje a lo anterior, a lo que ya se dijo. Es un doble placer que conecta con un significado paralelo que sólo yo y el que me pregunte (y mi abuela) vamos a conocer. Sobre el crop top, por ejemplo, bordado y made in Hungary que estoy usando pero que le regalaron a ella cuando tenía 18, mi abuela paseaba por la plaza principal en Avenida Lecueder, Artigas, Uruguay, con un tal Tito que nunca progresó.

Las prendas vintage pasan a materializar un legado de familia, una especie de continuación del apellido que se puede tocar.

El hipertexto al pasado puede ser menos preciso, puede terminar en una tienda de moda vintage y adiós. Y así y todo, cuando lo descubro colgado me atraviesa el alma y empiezo a conjugar en primera persona el verbo necesitar y me lo pongo y me queda exacto. El regocijo es múltiple porque decidí estar en el lugar y momento precisos para dar con el objeto que otra persona ya no quiso más –¿qué le dejó de ver? –.

Hay un algo de mágico que no funciona igual si la maquila fuera en serie y la temporada es la actual. Lo emotivo de lo vintage es quizá su parte más poderosa, la que sostiene y hace sustentable a la otra parte, la sustentabiliad.

En busca del blazer vintage perfecto @ Caarmela

Lo que estaba de moda

Lo vintage fue moda antes de ser moda sustentable. Antecede a la preocupación por cuidar el planeta y a sus trabajodrxs. En el momento en que su propósito desborda todo ese romanticismo anterior y los intereses personales, comprar ropa usada se vuelve una decisión casi obligada.

Cuando el que compra usado lo hace consciente de no estar donando más de ciento noventa pesos a la vorágine del fast fashion, tiene, además de una prenda única, un micro motivo para dormir mejor a la noche. También, su conciencia y medio O² más llegándole al cerebro por la contaminación que a todos nos evitó.

El estilo personal se va moldeando mucho más propio cuando las prendas, únicas y originales de otra década, fueron de alguien más.

La industria textil y sus procesos químicos están de miedo. Los pantalones de mezclilla gastan y contaminan miles de litros de agua en su producción. La mezclilla en rollos para uso en fábricas viene durísima y en un color azul casi negro. Para alcanzar el baby blue Justin Bieber y encima ripped, hay que someterla a muchísimas etapas de lavado con ácidos y decolorado con potasio, enzimas y cloro que no ayudan precisamente a la humanidad ni a nuestros futuros hijitos reales ni imaginarios.

Rentar moda

Hay muchas opciones para que la ropa que nos ponemos no sea causa del deterioro ambiental o de prácticas injustas de esclavitud aceptada. No es precisamente vintage, es sólo usada, pero:

En Estados Unidos, Rent the Runway ofrece 3 modalidades de renta de prendas. La primera es la que aquí ya practicamos para fiestas: rentar un vestido por la noche. La segunda es pagar un fee que da acceso a 4 prendas por un mes, de un clóset infinito que incluye faldas, blusas, bolsas y accesorios; y la última modalidad es diez dólares más cara pero tienes 4 prendas en rotación continua y te las quedas tanto tiempo quieras, y cuando devuelves una, ellos la lavan y te liberan otra a tu elección. El modelo suena súper y no necesitas kilómetros de espacio.

En Francia, Tale Me hace algo parecido con la ropa de bebé, que dura tres puestas y queda chica.

Swapping y bazares

Algo que está empezando a funcionar en México es el trueque de prendas, ejemplo Verde Permuta. También bazares de ropa usada, donde un curador escoge entre tus prendas muertas –obvio en buen estado, muertas sentimentalmente para ti – y te da un presupuesto por lo que siente que puede llegar a revender. En este estudio de yoga casi todos los meses hay un micro bazar donde cada uno va con su propio rack (emoticón niñita de pelo negro levantando la manita) y vende pequeños ex tesoros propios, a partir de $50 pesos. Y ese es sólo uno del montón.

Por su lado, tiendas oficiales donde comprar ropa vintage con concepto propio hay cada vez más en México. De alguna manera el estilo personal se va moldeando mucho más propio cuando las prendas, únicas y originales de otra década, fueron de alguien más. Y si para terminar volvemos al terreno de las herencias madre-hijas, las prendas vintage pasan a materializar un legado de familia, una especie de continuación del apellido que se puede tocar.

Letras por Victoria Papuchi