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Think
La moda en fotograma: Mujeres al borde de un ataque de nervios
21.12.2016
Por Sofía Cerda Campero

En Mujeres al borde de un ataque de nervios las mujeres hablan. Sus temas lo cubren todo. Hablan de sus emociones: la necesidad de los somníferos; los embarazos no deseados; el abandono de los padres. También hablan de la otra: “está loca,” y “¡qué pesada!” son las calificaciones predilectas. Hablan de ellos: los que las aman y persiguen, los que no contestan el teléfono, los que prometen sin cumplir. Hablan sobre los encantadores terroristas chiitas que lograron llevarlas a la cama. Hablan sobre el miedo a la soledad. Tras una España franquista de amas de casa abandonadas y reprimidas, Pedro Almodóvar introduce un país donde la feminidad sale a través de un grito desesperado. Un país donde la “locura” femenina no se señala sino se escucha.

Pedro Almodóvar se vengó de Franco al ningunearlo: “no quiero que quede ni el recuerdo ni la sombra”.

En entrevista, Pedro Almodóvar ha mencionado que el primer espectáculo que presenció fue el de mujeres hablando en un patio. Por lo tanto, Mujeres al borde… introduce personajes espectaculares. Mujeres histéricas y complicadas; sexuales e inflexibles. Mujeres cuyo hilo conductor es la emoción. El vestuario elegido para la producción es un ávido reflejo. Almodóvar se deshace de la España de mandiles y colores opacos para introducir a las chicas urbanas vestidas de rojo: mujeres con trajes sastres escotados; vestidos ajustados al cuerpo, y chamarras punk. La sexualidad resplandece a través de la moda ochentera; una que se ha revelado contra los convencionalismos de las amas de casa. La ropa pasó de ser un asunto práctico para convertirse una poderosa arma.


Pepa está desesperada. Lleva días buscando a su amante, Iván sin obtener respuesta (sospecha que se fue con otra). Lo trata de seguir sin encontrar rastro de él. No duerme y con trabajos come. Sin embargo, sabe que debe de cumplir con el trabajo y en ningún momento pierde profesionalismo. Usualmente viste de rojo y de trajes sastre con tacones como una ejecutiva; se hace un hincapié en la mujer trabajadora, la independiente. Su desgarrador estado emocional jamás es revelado en su apariencia. A pesar de que las acciones de Pepa suelen ser desenfrenadas, la protagonista no pierde la sensualidad y el porte. El vestuarista, José María de Cossío, procuró crear una heroína histérica sin que ésta perdiera el estilo.


El elemento kitsch también juega un papel fundamental en la estética de Mujeres al borde…. El taxista quien conduce a Pepa por la ciudad en su auto con interiores de peluche de leopardo es prueba de ello: pelo amarillo canario peinado al estilo de Elvis y sacos de colores chillantes, la moda disco en su esplendor. Es un personaje excéntrico cuya participación visual es memorable en la película. En su taxi, con el letrero de “Gracias por fumar,” acompaña a Pepa en su búsqueda por el hombre que no responde. De igual forma, Candela, con sus aretes de cafetera exprés y vestidos cortos, juega con la seriedad de la trama para hacerla divertida y ligera. El melodrama es visto con comedia e ingenuidad.

Lucía, esposa de Iván, perdió la cabeza hace muchos años. No sabe que está divorciada y, al igual que Pepa, busca a su ex marido sin respuesta. Sus atuendos (a pesar de también compartir el gusto por lo kitsch) revelan a una mujer conservadora. Posiblemente una de las escenas más memorables es cuando llega al aeropuerto vestida en un conjunto rosa claro (estilo CHANEL), guantes, y aretes de bola. Se demuestra una aferre a un estilo de vida que fue y nunca volverá a ser; algo que la ha llevado a la locura.

WOMEN ON THE VERGE OF A NERVOUS BREAKDOWN, (aka MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS), Julieta Serrano, 1988. ©Orion Pictures Corp

Mujeres al borde… es una oda a la mujer madrileña de los ochenta. La mujer liberada que, sin embargo, sigue en espera del hombre que no regresa.