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La polémica propaganda política de Vanity Fair
30.01.2017
Por Olivia Meza

Febrero comienza con grandes sorpresas. Unas no tan gratas, como lo es la portada de Vanity Fair México. Hace unos días, la revista estadunidense propiedad de Condé Nast, hizo pública la portada que devela a la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, junto a un “exclusivo” reportaje sobre la aspirante a ser la próxima Jackie Kennedy aunque dice que ella está totalmente excluida de asuntos políticos. Sí, la esposa de origen esloveno, del presidente que estimula descaradamente la violencia, la xenofobia y tintes fascistas en toda su política, ES LA PORTADA DE UNA REVISTA MEXICANA.

Una imagen increíble para muchos alrededor de balazos rojos mientras la señora viste de blanco, simula comer joyas y se lee con grandes letras mayúsculas “Trump” y un poco más abajo una cita sobre el botox y otros temas de total irrelevancia, sin duda, despertó la polémica en redes sociales; una publicidad en su mayoría negativa pero tal vez estratégica para que una revista de años volviera a estar en la boca de todos. El periodismo amarillista no es algo nuevo pero tampoco conocemos las verdaderas intenciones de la editorial que a fin de cuentas, se hace y produce parcialmente en México.

Fotografía de Vanity Fair México #23 publicada en Facebook

Melania Trump en portada confirmó muchas cosas sobre los estereotipos frívolos que giran torno a la moda y con cierto desánimo pensé cómo una publicación que se autodenominaba “una biografía de nuestra era” podría ser tan sociópata y superficial. Al recapitular este suceso, reflexioné sobre el profesionalismo y la cultura que involucra el periodismo especializado en México. Sobre quiénes estaban detrás de estos grandes portavoces del entretenimiento, la moda, la editorial y el espectáculo. Quiénes lo consumen. Y lo más importante: sobre la labor esencial de un medio de comunicación, específicamente, las revistas en un mundo paralelamente digital.

Al trabajar en una editorial que forma parte de un conglomerado, como puede ser Expansión o Condé Nast (en este caso), la dirección editorial puede ser compleja, limitada y probablemente a cargo de una persona extranjera y/o inexperta. No obstante, provenir de otro país para ejercer en otro, debería prescindir de su conocimiento sobre la cultura y el mercado sobre el cual se enfoca. En todo caso, las y los directores editoriales tiene la obligación de promover su visión global, creativa y estratégica para, no solo reflejar los tiempos sino moldearlos (palabras de michel Mallard que creo fielmente). Y aquí es donde reside el poder de un verdadero periodismo. Las personas detrás de una revista, es un elemento primordial; asimismo, la revista –sobre todo las más conocidas e históricas como Vanity Fair– tiene el deber de reinventarse, de seguir fungiendo como un vocero visual y escrito de la cultura, no al revés. La gente ya no quiere leer chismes. Por lo menos no en una revista impresa; para eso tenemos el internet y las redes sociales.

Pero el descontento (mayoritariamente) unánime por la portada de la versión mexicana de VF, no solo es responsabilidad de sus editores o fotógrafos. Un producto existe porque la gente lo compra. Habría que cuestionar a los mismos mexicanos que solventan trabajos poco profesionales por muchas razones. La principal: el morbo. Sin embargo, su consumo conlleva otros factores que considero han sido poco estudiados por la industria académica y profesionista del sector de moda, pues existe una ignorancia casi total sobre la disciplina en sí. Nuestra cultura está muy casada con la moda para la élite, con las tendencias, con la frivolidad en todo su espectro.

En muchos aspectos, no midieron las consecuencias de sus actos, sobre todo, cuando desmintieron los comentarios de las mismas editoras sugiriendo que fue un robo de identidad (bitch, please!). Y es que siempre ha favorecido a otros ser más ignorantes que sabihondos. La decisión de VF sobre su portada es una tremenda propaganda política, que ya haya sido comprada o no, responde a la falta de sentido común del editor y de la misma editorial que la respalda. Podrán excusarse con su pertenencia gringa (ni siquiera la de E.U, la publicó) , y con más razón deberíamos cuestionarnos sobre si comprar o no un producto de carente valor de contenido, propuesta y empatía.

Al ser una periodista, emprendedora y consumidora joven mexicana, me siento feliz, de alguna manera, de lo que sucedió, pues mucha gente se dio cuenta de la ineptitud de un medio masivo global y que no todo lo que dicen o promueven ahí es la verdad. Respetemos las ideologías de cada medio, siempre habrá gente que esté de acuerdo o no, pero no dejemos que traspasen nuestra integridad. El simbolismo de la prensa mediática es poderosamente influenciable. Nos queda exacerbar y trabajar desde nuestras trincheras al sistema obsoleto que nos ha regido por siglos; siempre bajo las conquistas de otros países y culturas. Hoy en día, el acceso a la información es abundante pero no siempre es el mejor calificado. Infórmate, lee, cuestiona; no siempre te vamos a complacer.

P.D. Los invitamos a NO alimentar las redes sociales de VF. Gracias.