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Beauty
La r(e)volución de la belleza
22.06.2017
Por Diana Luna

La mujer se ha representado a lo largo de la historia como un ser totalmente ligado a la naturaleza; un ser frágil, emocional, un ser destinado a la maternidad, bondadosa, débil. A través de las prendas y su significado, incluso cuando están ausentes del cuerpo, emiten códigos que determinan el género, posición social, sexualidad, personalidad, entre muchos aspectos más. Imaginemos lo frágil que es la concepción de la feminidad o masculinidad si una prenda puede modificarla.

La década de los años 20 fue totalmente revolucionaria. Después de que la Primera Guerra Mundial tuviera como consecuencia la disminución de la población masculina, la mujer ocupó su posición y adquirió nuevas responsabilidades. Con esto, el ideal de belleza pasó de un maduro y voluminoso a uno más juvenil y esbelto, asimilando un estilo más varonil, creando el estilo Garçone: cabello corto, vestidos sueltos de cintura baja, boas de plumas y notables accesorios. No buscaba masculinizar a la mujer sino que estaba relacionada con la niñez, buscando una idea andrógina de la belleza.

Una de las mujeres que destacó por transgredir la estética de aquella época fue Gabrielle “Coco” Chanel. Su objetivo fue el de liberar a la mujer del hombre, eliminando la moda del corsé (aunque el primero técnicamente fue Paul Poiret, no obstante, el corsé volvió para dictar) creando piezas más cómodas y utilitarias, como la chaqueta icónica de la firma de cuatro bolsillos. Adoptó una concepción social de lo masculino para trasladar las siluetas hacia la mujer: chaquetas, el corte de cabello, collares, corbatas.

La moda posee un carácter de regulador social, ya que ejerce un tipo de presión social relacionado directamente con la imagen. A través de las fotografías en diversos medios de comunicación como revistas, publicidad y redes sociales se sigue perpetuando un ideal de belleza que simplemente no existe. Mujeres jóvenes y delgadas establecen un parámetro que determinan el ideal de la mujer y feminidad.

El culto a la belleza es un culto a la juventud y ciertamente se limita a las mujeres ya que la vejez en un hombre es percibida de una manera totalmente distinta llegando a describirlo como una ‘madurez’ en sentido de ser más atractivo, ¿por qué no ver así a las mujeres mayores? Esto demuestra que la belleza es producto de una discriminación de elementos.

Phoebe Philo ha revolucionado la moda a cargo de la firma Céline. Todas las tendencias que dominan temporada tras temporada surgen a través de sus creaciones. Desde que en 2015 presentó una campaña fotografiada por Juergen Teller y protagonizada por la bailarina francesa Marie-Agnes Gillot, la modelo Freya Lawrence y la intelectual Joanne Didion como imagen de su campaña para Primavera-verano, nos mostró cómo a través de la moda se pueden flexibilizar estas barreras, diversificando y ofreciendo una mirada distinta sobre las posibles configuraciones estéticas.

Actualmente, firmas como Balenciaga y Vetements fusionan líneas que parten de la búsqueda por resignificar la concepción de la belleza a través de siluetas que no se asocia con una edad, género u origen étnico en específico.

 

Si bien, la fotografía de moda no tiene un criterio de la verdad pero sí de un ideal y dentro de sus posibilidades están la de romper esquemas, redefinir el género y progreso social, disolviendo cualquier tipo de imposición sobre la concepción de ‘lo bello’ desde su ADN a través de propuestas más diversas y humanizadas. La moda, discriminante social, puede ser también agente de cambio, reconfigurando valores y estándares estéticos.