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Think
La taquilla mediocre del cine mexicano
11.01.2017
Por Andrea Rendon

Cuando el 2016 estaba por terminar, la Cámara Nacional de de la Industria Cinematográfica, daba a conocer las cifras respectivas sobre el séptimo arte en México. Los resultados impactaron y no dejamos de pensar sobre lo que nos deparará este año. Por ello, escribir una columna que ensaye estas proyecciones podría significar el comienzo de un diálogo que demuestre la conformidad del público y la falta de recursos que esta industria actualmente experimenta.

En los Resultados Preliminares del 2016, cifras obtenidas hasta el 28 de noviembre, las ganancias por taquilla ascenderían hasta 15 millones 18 mil pesos, pero cabe destacar que de las 387 películas estrenadas en los complejos de cine, 172 llegaron de Estados Unidos; 145 de distintas partes del mundo y solo 78 fueron nacionales. No obstante, su valor de contenido no corresponde a lo que el cine mexicano ha podido ofrecer. Aunque podría significar una buena notica, las películas nacionales taquilleras aumentaron en un 10%, mientras que en el cine independiente no se acerca a lo más mínimo. Este factor nos indica dos cosas: el público mexicano es el mismo acostumbrado a las risas, el menos exigente en contenido y por lo tanto, conformista.

De las películas taquilleras, la más lucrativa a nivel internacional fue Capitán América Civil War con 728 millones de pesos, mientras que la cinta nacional ¿Qué culpa tiene el niño? obtuvo 277 millones en taquilla, siguiéndole No Manches Frida. Estas dos últimas películas destacan por su humor clasista, con escenas sin sentido o simplemente para rellenar. ¿Este es el cine que nos representa?

¿Qué realmente nos atrae como mexicanos al escoger una cinta? Muchas personas aseguran ir al cine para olvidarse de un mal día y reírse un poco para después volver a la realidad. Pero, ¿realmente es necesario tener que lidiar con historias que no nos dejan ni aportan nada? ¿No se puede conciliar entre una buena historia y producción sin prescindir de su tipo comercial? ¿Sólo se trata de generar ganancias? ¿Quiénes realmente tienen el poder de hacer una película buena o mala?

Como en toda disciplina creativa y artística, el cine no prescinde del poder. Habría que cuestionarnos cuál es la relación del cine con el poder. El cine ejerce poder sobre sus espectadores de manera sensorial; económicamente el cine en nuestro país es sólo la parte 0.03 del PIB mexicano y en formas de comunicación nadie escapa de él, ya sea que accedamos en distintas plataformas (Netflix, Blim, Cinema Uno e incluso la piratería), disfrutemos de una sala de cine o algún torrent de internet; siempre está ahí e impone ideas, modas y termina siendo un punto de inflexión cultural sumamente trascendente.

Durante el año pasado se filmaron 160 películas nacionales, de las cuales sólo se estrenaron las 78 mencionadas anteriormente, por lo que uno de los retos a los que se enfrenta el cine en nuestro país es también la falta de espacios para su exhibición. No es que no existan salas, México es el 4to a nivel mundial en crecer en infraestructura de complejos cinematográficos, más bien varias cintas no lograron llenar las expectativas económicas de los exhibidores, tener horarios que los beneficien o la falta de presupuesto de la distribuidora para pagar el impuesto por sala digital. Sin embargo, mientras existan películas con actores populares, aunque la película no sea “buena”, los exhibidores seguramente la tendrán en su cartelera.

En México, tal es el caso de Karla Souza. Su capacidad histriónica es admirable; actriz que ha logrado sobresalir en Hollywood con la serie How To Get Away With a Murder, pero quizás no hubiera sido lo mismo sin su aparición en Nosotros los Nobles. Hoy en día es la actriz favorita de varios productores, junto a Luis Gerardo Méndez, quienes son garantía en taquilla y las personas acuden a verlos aunque la película pudiera llegar a ser un “churro”. ¿El actor “hace a la película” o es al revés?

Durante el año se exhibieron grandes películas, como Mia Madre de Nanni Moretti o Sing Street, el musical que competía por el Globo de Oro junto con La La Land; además de La Vida Inmoral de la Pareja Ideal (con una audiencia dividida) y Un Monstruo de Mil Cabezas, una película que reúne grandes actores en una trama en la que muchos de nosotros nos podríamos identificar. Estrenos que pese a su gran calidad no duraron mucho en cartelera.

Como audiencia, no solo se trata de complacencias, sino que podemos exigir contenidos notables, que nos dejen una aportación personal, aprender y pensar; no sólo ser una pieza clave para generar ganancias. Hay que pensar si la situación del país es realmente culpa de quien tiene el poder en turno, porque si seguimos pensando que ir al cine es una escapatoria para nuestra realidad, no generar conciencia en nada y salir de la sala sin tener la mínima intención de cambiar nuestro presente seguiremos viendo las mismas historias una y otra vez; una especie de propaganda telenovelesca que somete a los nuevos talentos del cine; a aquellas mentes que perciben al cine como el arte de transmitir una realidad, una opinión, una anécdota en común.

Esperamos que este 2017 llegue con mejor cine, o más bien, que éste sí llegue a todo el país. Porque gracias a distribuidoras independientes, con grandes propuestas y que están haciendo bien su trabajo con películas que tienen grandes temas y realmente valen la pena, el buen cine sigue vivo en México. El cine y las artes es una responsbailidad de todos y cuando seamos conscientes de esto, la revolución será cultural.