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La vestimenta simulada, una revolución identitaria
21.11.2016
Por Emiliano Villalba

Durante las festividades que conmemoran hechos históricos de representación nacional se ve una de las mejores conductas de los mexicanos con respecto a la moda y la identificación nacional. En cada esquina, puestos con banderas, pinturas corporales, pelucas y trenzas hechas de pelo sintético exponen nuestra necesidad de pertenencia al país que nos ha cobijado, independiente, más de 200 años.

En esta época festiva, el disfraz de indígena cuelga en los mercados junto al de la china poblana, las lentejuelas verdes, rojas y blancas contrastan con la manta cruda; completan unos huaraches sencillos cafés y una camisa de holanes (se ve clara la influencia europea). Ahí también está el traje típico de Veracruz y el traje de charro.

Las festividades de independencia, de la revolución y del día de muertos son ocasiones preponderantes para los habitantes de este país. Estos días representan la oportunidad idónea para vestir de indígena, charro o ponerse unos bigotes y trenzas sintéticas. Se ven en la calle caras pintadas de catrinas (referente obvio a José Guadalupe Posada), bigotes falsos, huipiles y faldas oaxaqueñas, faldas de adelitas (comúnmente vistas en bailables escolares) y sombreros de paja. En estas fiestas es normal disfrazarse de mexicano.

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Entre el desfile de catrinas y ambulantes que ofrecían pintar la cara, pensé sobre qué significa representar a México en la indumentaria y en la moda. ¿Por qué existe un disfraz de indígena si en México, según el diario Excélsior y la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) estiman que en el país habitan 11.13 millones de personas indígenas? ¿Qué hace mexicana la ropa que usamos diario, independientemente que sea hecha por manos indígenas o no?

Para la colaboradora en la dirección creativa de Chamuchic, Claudia Muñoz, el valor del disfraz “se lo da la persona que busca pretender algo al usarlo, no lo trae la prenda por sí misma. Una prenda de Comme Des Garçons o de Margiela puede ser un disfraz para alguien que no conoce y comparte la historia de estas marcas. Un huipil puede ser un disfraz para una mujer acostumbrada a llevar jeans, chamarra de piel y tacones”.

Por otro lado, vislumbrar la ropa mexicana como disfraz es, para Mónica Isabel Pérez, editora y
periodista, una vestimenta simulada: “las cosas como son: un disfraz es una cosa y una indumentaria nacional es otra. No hay ninguna indumentaria mexicana que sea un disfraz. Son atuendos que reflejan una identidad que existe, que es real y auténtica. Un disfraz es un artificio, una vestimenta simulada.

Entonces, ¿disfraz o ropa mexicana? ¿Cómo se adquiere la identidad nacional por medio de la ropa o la moda? Para contestar esto, Carla Fernández, diseñadora que se ha destacado por sus diseños que fusionan la indumentaria indígena con el diseño contemporáneo responde: “Yo creo que se adquiere haciendo tus propias propuestas y no copiando las modas europeas o norteamericanas que nos llegan por ser imponentes con la intención de globalizar: la identidad nacional se adquiere creando uno mismo su propuesta”.

Tan sólo la tienda sueca, H&M, según Forbes, esperaba inaugurar 7 nuevas sucursales en el país para cerrar el 2016 con 29 establecimientos. Asímismo según la revista Quién, la marca Old Navy abriría su primer tienda en octubre de este año con promesa de inaugurar 9 tiendas más en el territorio nacional. Por otra parte, haciendo un contraste, marcas mexicanas como Laddu, Chamuchic, Malacate Textil o Carla Fernández han tenido la oportunidad de presentar su trabajo en el extranjero sin embargo aún no existe una tienda propia fuera del país.

La creación de identidad por medio de la ropa es una acción que está encaminada más a un ejercicio individual. Decir que vestimos algo “mexicano” es por demás una visión externa de concebir a la indumentaria como un medio de identificación en comunidad y así diferenciarnos de otros. Según la etnóloga Marie-Odile Marion, en su libro titulado “Los hombres de la selva. Un estudio de tecnología cultural en medio selvático”, los lacandones se diferencian entre sí gracias a su vestimenta ya que varía según su posición geográfica. (La longitud de su túnica es una forma de distinguir a los lacandones del sur y del norte). Esto no sólo expone una diferencia geográfica sino identitaria. Ambos linajes lacandones pertenecen al mismo grupo étnico, sin embargo, cada uno posee una pertenencia distinta que se refleja en la ropa y el dialecto.

Montserrat Caballero, directora de Taller Fashion Development Project recalca que “existen decenas de grupos que han desarrollado su indumentaria con formas, conceptos y  técnicas específicas.” Y por lo tanto, crear una identidad a partir de la indumentaria es un ejercicio que depende mucho del contexto sociocultural: “se van creando según los intereses políticos, económicos y estéticos de una nación; en México el nacionalismo de Vasconcelos ha influido notablemente en la estética que ha conducido el intento de concepto de moda que se desarrolla actualmente y los conceptos de indumentaria se han visto relacionados con los conceptos de moda en algún sector de producción de diseño”.

Si concebimos la ropa mexicana con base en el contexto sociocultural y económico, podremos
explicarnos mucho de cómo vestimos actualmente. Nuestra pertenencia a un grupo de personas y a una sociedad influye en nuestras decisiones al vestir. Carla Fernández recuerda un ejemplo que tiene que ver con el contexto de un determinado tiempo: “El que se ponga un estilo (o no) de moda, tiene que ver con muchos factores políticos, geográficos, culturales; de repente hay una guerrilla pacifista como los Zapatistas y se pone de moda el uso de los huipiles de esa región (…) antes podías ir a España y ver cómo la gente traía un paliacate amarrado a los hombros y huipiles Chiapanecos, esto simbolizaba que estaban de acuerdo con el movimiento Zapatista (…) los huipiles de San Andrés Larráinzar también tuvieron su cabida dentro de una moda muy específica a mediados de los 90”.
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No obstante, cabe resaltar que una prenda no necesariamente debe ser indígena para ser mexicana. Vanessa Guckel, directora de Cihuah piensa que una prenda, para ser mexicana, puede ser cualquiera “que tenga el sello Hecho en Mexico”. Y agrega, “hoy en día existe una indumentaria mexicana contemporánea retomando valores y diseños ancestrales pero adaptados a nuestros tiempos.” A su vez, Víctor Barragán, diseñador de Barragan, y radicado en Nueva York, difiere y dice que la una prenda es mexicana cuando “tenga una referencia de mi país”.

En una escena recién observada en el metro Tacubaya, dos indígenas caminaban con prisa para abordar el convoy naranja. Los dos eran huicholes y me di cuenta de su procedencia no por cómo hablaban o por su aspecto físico (que, debo decir, eran muy parecidos y probablemente eran hermanos) sino por cómo iban vestidos: uno iba con un traje blanco con bordados huicholes azules de flores y animales multicolor, llevaba huaraches y un morral con motivos iguales a los de su pantalón y se cubría con una sudadera gris de Nike. Su acompañante vestía mezclilla, zapatos negros y una mezclilla negra, también llevaba un morral cruzado con motivos huicholes. Ambos, subieron al tren y platicaban en su lengua. Llamó mi atención que uno de ellos estaba con su traje huichol y el otro no.

Más allá de pensar si la ropa nos da identidad como individuos pertenecientes a una sociedad constituida en un territorio geográfico, existen distintos tipos de pertenencia que abarcan mucho más que pantalones y faldas. Usamos la ropa para comunicar que pertenecemos a algo. Mónica Isabel considera que “no son las prendas las que crean identidad, sino quienes las usan. Las prendas son sólo uno de muchos medios y formas de reconocimiento”.

Y justo es ese reconocimiento lo que nos identifica como mexicanos. La ropa es uno de esos factores de afirmación como habitantes de un país. Los pueblos originarios mantienen un código de indumentaria porque de él (y de otros factores como la lengua) dependen para identificarse y pertenecer a un grupo. Los que no pertenecemos a un grupo indígena estamos en vías de encontrar nuestra identificación y puede que las prendas con imágenes religiosas, la ropa de Zara o la integración de valores indígenas en nuestra indumentaria sea la búsqueda de esta pertenencia.

Sin embargo, el reciente debate en la democratización de la moda ha hecho que volteemos a ver más un sistema aspiracional el cual genera una necesidad de pertenencia diferente. He ahí quizá la explicación del crecimiento en el consumo de marcas extranjeras y un rezagado consumo en productos locales. Quizá es por eso que aún en México el traje de manta cruda del indígena no sea sólo una representación sino, como lo ha dicho Claudia Muñoz, un desconocimiento de lo que existe en nuestro propio país.