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Highlights
Mucho sol y mucha música: Bahidorá 2017
23.02.2017
Por Luz Abril Castro
fotografía Denisse Hurrle

He podido asistir tres veces al Carnaval de Bahidorá y cada una de las ediciones ha sido una experiencia diferente por varias razones. La primera vez fui como voluntaria, la segunda trabajando en un foodtruck y ésta vez fui como prensa por parte de Meow, por lo tanto, fue la primera en la que realmente pude disfrutar al 100% el festival; en la que pude ver a más de una banda y en la que conviví con amigos y la gente. Dejando de lado los altos precios y a veces la abrumante cantidad de personas, me llevé una gran sorpresa del ambiente, la organización y la vibra tanto de los asistentes como de los artistas.

Llegué el viernes en la noche y después de poner mi tienda de campaña en el mejor lugar del mundo, fui con mis amigos al único escenario abierto ese día, El Umbral, donde el DJ berlinés, Rampue, prendía a los asistentes (que para mi sorpresa ya habían bastantes) con canciones house mezcladas con mucho pop. Con muchísimo baile se notaban las ansias del público de empezar a disfrutar del carnaval que duraría todo el fin de semana.

El sábado en la mañana empezó con mucho calor y con unos muy buenos chilaquiles y jugo de naranja patrocinado por la cocina de Las Estacas. Después de desayunar fuimos al Escenario Central en donde Wet Baes, dos chicos muy jóvenes tras una decoración tropical, abrían el día con una vibra ochentera que combinaba perfecto con el sol y el olor del bloqueador recién puesto. Después siguió la banda colombiana Systema Solar, cuyos ritmos africanos se mezclaban con el reggae y el hip hop daban paso a la gran fiesta que apenas comenzaba.

Un rato después fuimos a ver a Jubilee, DJ estadounidense que abría el Dance Floor Doritos y, aunque había muy poca gente bailando, ella siguió su set con entusiasmo hasta que minutos después llegaron más personas a bailar con aros y clavas. Regresamos al Escenario Central en donde Mad Professor con muy buena onda e interactuando mucho con el público, ya había empezado un set de dub súper divertido en donde invitó a dos personas de la audiencia a cantar con él.

Por las largas filas de los baños y por tener que decidir entre ella y Kali Uchis, con coraje admito que no llegué a ver a Princess Nokia, pero pude escuchar a lo lejos su canción más famosa, “Tomboy”. Una amiga después me contó que Destiny habló sobre la apropiación cultural de usar penachos no siendo un nativo americano, algo que yo había pensado desde el primer Bahidorá y que siempre me había molestado un poco. A las 18:10 de la tarde con el sol bajando de intensidad, por fin pude ver a una de las artistas que más me emocionaban de Bahidorá: Kali Uchis. Con un outfit increíble de encaje y un cinturón que decía KALI (yo también quiero uno con mi nombre), la colombiana nos deleitó con varias canciones de su disco Por Vida incluyendo “Know What I Want” y “Melting”, además dos covers en español: “Suavemente” y “Sabor a mí” que hicieron cantar a más de uno.

 

Terminando Kali siguió el que, me atrevo a decir, fue mi acto favorito de Bahidorá, Mayer Hawthorne. Con luces rosas y mucho ánimo, el músico, que llevaba un outfit muy ochentero, nos hizo bailar de principio a fin con  las mejores canciones de soul para el anochecer. “Her Favorite Song” y un cover de “Walk This Way” de Aerosmith hicieron que el público gritara y bailara sin parar. RJD2, aunque tuvo algunos problemas de sonido, continuó con la fiesta y cerrando con la famosa “Ghostwriter” le dejó el escenario a Mac Miller, el artista que (creo yo) más personas iban a ver. El rapero mostró su gran habilidad para las rimas y para hacer que todos subieran las manos y las movieran al ritmo de canciones como “Stay”, Mac se despidió con un “no voy a tocar Donald Trump porque f*ck Donald Trump” y le cedió el escenario al músico FKJ, pero honestamente yo ya estaba muy cansada y fui a tomar una reparadora siesta.

 

Desperté para Gramatik y puedo decir que fue de los actos que más me hicieron bailar. Hip hop y lo que me pareció un poco de dubstep fue lo que predominó en su set y lo que hizo que la gente se volviera loca y bailara sin control.

El domingo comenzó y terminó (para mí) con Matanza, una banda chilena que une ritmos andinos con música electrónica muy bahidorá. El Asoleadero Corona se llenó por completo de gente que nadaba en el río y bailaba en el mero sol del medio día. Después de estar ahí un rato y quemarme horrible la espalda, decidí que era momento de volver al camping a recoger mis cosas y a irme con una depresión post-Bahidorá que no se me quitó hasta hoy.

No puedo esperar para el Bahidorá del próximo año.