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Culture
Nocturnal Animals y su interpretación irónica de Estados Unidos
16.03.2017
Por Vicente Aguirre

La segunda película del multifacético Tom Ford es un elegante recorrido visual por los deseos más  explícitos pero también ocultos de los seres humanos: la venganza, la insatisfacción, la pasión, entre varios otros.  El ex director creativo de Gucci deja muy atrás sus creaciones dominatrix para poner en alto su marca homónima; su idea del nuevo glamour americano vistiendo a los personajes de su creación neo-noir.
Basado en la novela noventera Tony and Susan, narra la anormal historia de ambos protagonistas. Todo empieza con los créditos en un rojo abstracto, que se convierte en  un telón al que se suman varias bailarinas de talla extra grande, sin ropa, ondeando lazos, bailando y riendo con accesorios de carnaval en blanco, azul y rojo. Ford interpreta las tradiciones estadounidenses literalmente al desnudo, un poco vulgares, un poco irónicas. Ha mencionado ya su negación por vestir a la actual primera dama de su país, igualmente de su preferencia por la moda europea, he ahí cómo aprovecha para darnos a entender su punto. Acto seguido nos enteramos que las bailarinas pertenecen a la inauguración de una magna exposición: se encuentran detrás de enormes pantallas y también en forma de esculturas que yacen sobre el suelo.


La responsable de la galería es Susan Morrow, encarnada por la combinación de piel porcelana y cabello pelirrojo de Amy Adams. Susan, quien podría aparentar la abundancia en todos los sentidos, vive un matrimonio desgastado y una vida monótona en la élite artística de Los Angeles. Experta en apariencias, siempre viste en colores lisos, muchas veces alegres, usa joyas ostentosas y la cabellera firmemente planchada, ojos delineados y la boca en tonos borgoña, maquillando sus problemas. Ford crea un minimalismo exótico para el círculo social de su protagonista. Obsidiana, oro, objetos exóticos como túnicas y turbantes, colores vibrantes para un estrato que se dice liberal y sin prejuicios pero vive dentro de una burbuja rebosante de lujos.

Un día cualquiera, llega al suntuoso hogar de Susan un manuscrito titulado “Nocturnal Animals”, escrito por la probablemente más sólida relación que pudo sostener: Edward Sheffield interpretado por Jake Gyllenhaal, a quien conoció mientras ella estudiaba artes y él literatura. Desde el momento en que Susan voltea la primera hoja del fajo, los fragmentos de su visceral relación con Edward son recurrentes, paralelo a esto, Morrow comienza a devorar el sanguinario manuscrito: la desventurada trayectoria de Tony Hastings,  su esposa y su hija adolescente -ambas pelirrojas- por una árida carretera tejana. Por el contrario, aquí el escenario es más duro: los problemas son de vida o muerte, los personajes se echan encima cualquier camisa a cuadros, vaqueros  rotos, chaquetas con los flecos emblema de Tom Ford sin faltar el clásico sombrero de cowboy.


Los encuentros inhumanos de Hastings en la fantasía creada por Edward, al parecer no solo para vender su ahora best-seller, se emparejan con los demonios del pasado de Susan. Podemos ver cómo se desespera y va perdiendo las riendas de su vida idónea, percatándose que nunca las tuvo. La película retrata al mundo de Susan como incomprensivo con ella, llena a los artistas, asistentes y a todo aquel en torno suyo de ropa exuberante, capas con espinas, lentes, enormes y claro, el actual enemigo de la moda: las pieles. Todo esto para acentuar los errores de Susan con Edward y hacernos odiar este mundo retratado como superficial en donde, queramos o no, todos tenemos un pasado.

La madre de esta, una mujer conservadora, siempre vestida en tweed, perlas, y las marcas que forjaron la moda americana, con ideales excluyentes muy arraigados, perfecta representante del old money estadounidense, convenció a Susan de los riesgos de estar con un alma romántica, al hacer esto, su relación tambaleante se desmoronó por la inseguridad, y no solo esto, Susan dejó a Edward en lo que, como confiesa a su secretaria fue la peor manera posible, escapando con su actual marido, un magnate frío y materialista como aquellos de las series viejas.

Mientras que en las líneas de la historia las hijas del protagonista son víctimas de una venganza sin razón aparente –también interpretado por Gylleenhall- un hombre pacífico, ciudadano ejemplo de Estados Unidos comienza a planear venganza contra las criaturas que le arrancaron a su familia durante esa noche.
Sin duda, aunque Nocturnal Animals haya pasado como un estreno más del Venice Film Festival, sus contradicciones en escenarios, la moderna y contaminada Los Angeles a los áridos desiertos sin construcción, y en personajes -su tranquilidad, valentía y amor contra su desprecio, violencia e ira- son un retrato perfecto de lo que vive la potencia mundial más poderosa hoy en día, como los sentimientos de Susan, fuertes a la vista pero lo más fácil de destruir al acercarnos un poco.