keyboard_arrow_left
close
keyboard_arrow_right
Think
Sobre Vine, moda y su democratización
14.01.2017
Por Emiliano Villalba

La noticia me tomó por sorpresa. Juan Pablo Zurita, viner e influencer mexicano, desfiló en la última pasarela de Dolce & Gabbana. La web se volvía loca con infinidad de comentarios negativos y positivos sobre el tema (claro, era de esperarse). Me divertí con algunos, estuve de acuerdo con otros y rechacé por completo unos cuantos. La mayoría se preguntó quién era este hombre y por qué desfilaba para una marca de lujo italiana. ¿Qué hay que decir al respecto?

El mundo de la moda necesita  celebridades para sostener varios de sus discursos. En esta época tecnológica, definida también por la socióloga Susana Saulquín, como una sociedad en vía de ser post-industrial, el mundo de la moda se vale de las nuevas individualidades para llegar a obtener productos originales y precisos para un nicho determinado. Estas individualidades nacen a partir de la tecnología y su evolución acelerada en los últimos años.
La cámara fotográfica fue sin duda uno de los primeros artefactos que demostró la aceleración tecnológica en el mundo y por tanto una posible democratización del uso de la misma. Varios autores sostenían que la evolución de la cámara representaba la gran practicidad de la era tecnológica. Cualquiera puede tomar una fotografía y, por tanto, dirigir mensajes específicos a sujetos semejantes: fabricar discursos, ponerlos en común y realizar comunicación.
Después, el mundo digital se inclinó a la producción de celulares inteligentes, los cuales, hasta ahora, rigen nuestro consumo cultural, político, económico y de moda.  ¿Cuál es, entonces, el uso social de la tecnología? Pues bien, la respuesta la vimos con el desfile no sólo del mexicano sino también de varios bloggers, influencers, escritores, actores y arquitectos del mundo entero. Siguiendo la visión de Susan Sontag respecto al uso social de la fotografía (la cual es descrita como una actividad primeramente exclusiva y después abierta para el resto de la población), me atrevo a relacionarlo con el fenómeno presentado en Milán Fashion Week: cualquiera puede desfilar en un desfile de moda. (O al menos, cualquiera que, además de tener cierto número de seguidores en sus cuentas personales, responda a las necesidades de alguna marca en específico).

Con la apertura a nuevas plataformas tecnológicas, los seres humanos hemos reaccionado a las nuevas tareas sociales y empoderadas que se nos asignan con cada app o sitio de internet que se abre cada minuto. Es decir, gracias a aplicaciones como Vine (del cual Juan Pablo salió victorioso) nos volvemos observadores y consumistas de imágenes en un loop interminable; los viners se transforman en iconos de estilo y celebridades, y se les encarga la tarea no sólo de ser objetos de deseo, sino también de mover y generar discursos para que los que están del otro lado se conviertan en seguidores de tendencias. Lo mismo que sucedió cuando las cámaras nos indujeron a todos a ser fotógrafos y, en palabras de Sontag, a traducir todas las experiencias en imágenes.
La aparición de Zurita no me sorprende en lo más mínimo si tomamos en cuenta la reflexión anterior. Sin embargo, esta participación es digna de analizarla a partir de los nuevos enfoques que la industria de la moda está adoptando. ¿A esto se referirá Susana Saulquín con respecto a la muerte de la moda? Aunque ella plantea ideas mucho más encaminadas a la acción del vestir y su consumo, considero pertinente que la magnificación de personas por el simple hecho de ser partícipes de las plataformas digitales es sólo una pequeña brecha que incita al nuevo reordenamiento de la industria y su formación en cuanto a los diferentes discursos al público.


Y no, no estoy diciendo que esté bien o mal que Zurita (y otros) hayan desfilado en Dolce & Gabbana,  sino que estoy tratando de responderme y responderles el gran por qué y para qué. Dentro de la búsqueda de originalidad en la moda, se han hecho infinidad de cosas para ser el objeto de atención; por un lado Luis XIV revolucionó la vestimenta con la implementación de accesorios excesivos (añadiendo tacones y hebillas grandísimas a los zapatos masculinos), por el otro, John Galliano presentó lo que sería la magnificencia de la sátira con la presentación de vagabundos de lujo, tal como lo hizo Acne Studios con piezas étnicas en la primavera del 2017. La creatividad es algo que mueve a la industria y lo que pasó no fue sino sólo la exposición de un ejercicio creativo que involucra un intento de democratización del mundo real al mundo de la moda y que sólo representa lo fácil que es llegar al estrellato.
Recuerdo las palabras de Anja Aranowsky Crongberg, directora de Vestoj, en su artículo “¿La moda puede ser democrática?”. Ahí escribe que la gran influencia de las subculturas en la cultura Mainstream es tan fuerte que se ve reflejada en el street-wear y en la realidad social. Asimismo, declara que los bloggers de moda ahora son un elemento básico en la primera fila de la pasarela (y, ahora, en la pasarela misma). Y agrega:  Se ha argumentado que los bloggers han interrumpido la jerarquía informativa, dándole voz a los que no necesariamente tienen el  “acceso  sagrado” de la moda, y borrando la línea entre los consumidores y los medios de comunicación. Esta ilusión, siguiendo las palabras de Anja, hace que “a través de los bloggers, los lectores pueden consumir un sueño a través de las personalidades más famosas y permitiendo que la industria de la moda tradicional parezca que –finalmente– ha entendido el atractivo de ser accesible. Una nueva ola de celebridades en esta industria ha nacido.”

Pero algo es claro: el joven Zurita no es blogger de moda ni mucho menos representa a una población socialmente vulnerable. Representa, en todo caso, a seis millones de seguidores en Instagram con sus respectivos impactos hacia la marca y tal como lo explicó Dolce & Gabanna “el casting representa para el Sr. Dolce y el Sr. Gabbana, una nueva generación que marca tendencia, crea su propio estilo y se comunica a través del Social Media con su propio lenguaje, crean sus propios trabajos, son auto sustentables, sensibles con su entorno, y su fama se la deben a la popularidad que ellos mismo han cosechado. La masculinidad se proyecta con diferentes cánones de belleza”. Al final el mismo discurso se contradice: no cualquiera puede llegar a modelar en la casa italiana.


La firma está tratando de comunicar que ya hay un nuevo acercamiento masivo gracias a estos influencers que han desfilado en su colección para hombres de otoño-invierno 2018. Sin embargo, aplaudo mucho que además de influencers  se haya convocado a escritores, actores y editores más allá de los números en las cuentas y plataformas digitales, muchos no saben que hubo personas seleccionadas por su contenido y nivel intelectual como Andrea Weinas y Gogoboi, escritores y periodistas de moda.  No obstante, lo ocurrido no le quita valor en lo más mínimo, sino que demuestra que es sólo una pequeña ventana que nos indica que algo está ocurriendo en la industria, la cual nos orillará a inéditas formas de consumo,  actuales originalidades y sobre todo y más importante, el peso de la novedad en la moda. Al final lo que importa es hablar, comprar y usar, así sea lo más polémico o políticamente incorrecto.

Fotos de Vogue Runway