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Fashion
¿Tenemos una moda más feliz?
12.08.2021
Por Olivia Meza de la Orta

Una creciente ola de positivismo ha llenado nuestros boards de Pinterest, el scrolling de Instagram y la reciente Semana de la moda de Copenhague. Aunque la realidad nos puede dictar un panorama apocalíptico y desesperanzador, una búsqueda en torno a las prácticas holísticas y psicodélicas ha tomado un lugar y cierta aceptación en algunos nichos; el espectro arcoíris tiñe los armarios y la búsqueda hedonista se refleja en los nuevos estilos de vida como el digital nomadism.

Cuestionar nuestra identidad, nuestros hábitos y nuestros trabajos han sido parte de un viaje intenso que ocurrió desde el privilegio de nuestras casas. Y en esta exploración insertamos la oportunidad para repensarnos, también, desde nuestra expresión estética.

El lenguaje lúdico

Este es un momento importante para la Moda y su industria. Tras largos periodos de modas repetitivas y desalmadas en creatividad, la Moda en pausa significó un comienzo de posibilidades; un parteaguas necesario. Según menciona en Refinery 29, Hannah Watknis, editora y predictora de tendencias de WGSN, “Después de muchas temporadas de básicos planos y looks para permanecer en casa, diseñadores y consumidores quieren agregar diversión en su vestimenta”.

Este anhelo por lo feliz, lo positivo o la utopía, evoca al sentimiento colectivo del flower power en los años 60. Este movimiento fundado en su política pacifista y abierta hacia las religiones, las drogas, el sexo y una rebeldía anti sistema vio en la moda (o en la ausencia de la misma) esta libertad y felicidad que les traía. La libertad de ser era una de sus principales banderas, misma que se representó a través del uso de colores, texturas artesanales, vintage finds, accesorios bohemios y también irreverentes.

La historiadora de moda Sara Idacavage, anota en el mismo articulo citado previamente que, “Es también una reacción ante el minimalismo y la estética seria de la década pasada y de la que ya estamos hartos”. Intuyo que la homogeneidad de la moda entre los años 2001 y 2019 ha sido realmente aburrida (aunque la temporada Primavera 2013 me pareció una destacable). Queremos divertirnos.

La dualidad es real. La moda es cíclica, nuestros deseos también…

Ahora, ¿realmente estamos allí aprovechando la psicología textil y social para conocernos mejor y ser más plenos con nuestro entorno o solo disfrutamos del continuo carácter efímero de la moda a través de usar prendas felices y ser gente triste?

Ninguna de las dos respuestas es correcta o incorrecta. Solo me atrevo a afirmar que la forma en cómo vestimos está cambiando y aquí trato de ensayar hacia dónde o desde dónde va. Para mí es narcótica la rápida proliferación de tendencias ‘artesanales’, ‘retro’ o ‘hippie’ que se observan en las múltiples marcas, tal vez sea el ‘efecto psicodélico’ de las prendas. Sin embargo, el look & feel groovy que las nuevas generaciones están adoptando en su forma de vestir también retoman un contexto hacia el self care o el bienestar en general.

Es curioso que la nostalgia sesentera haya sido tan bien adoptada por la Gen Z o incluso la Millenial, como el llevar camisetas de bandas como Grateful Dead. “La moda psicodélica evoca sentimientos de libertad, comunidad, participación, memorias de veranos largos, festivales y estar cerca de la gente que amamos”, menciona Caroline Stevenson, cabeza de estudios culturales e históricos de London College of Fashion. “Incluso si no experimentaste la psicodelia de los 60, su moda es un recordatorio de estas cosas, así que no es una sorpresa que los diseñadores hayan querido revivir estas emociones y deseos”.

Happier Than Ever?

Respondiendo al título, creo que de alguna manera hemos podido acercarnos hacia esta liberación sobre el uso de colores y prendas que veíamos reservadas para ciertos tipos de cuerpo o género. Sí creo que hay una moda más feliz o de apariencia positiva, aunque quizá solo es un brochazo superfluo. Si nos adentramos hacia los reportes sobre sustentabilidad, todavía nos falta mucho llegar ese nivel de armonía que sin dudas haría de la industria una más sana desde su core.

Dries Van Noten

Habría que citar el nuevo hype alrededor del tejido de punto en espirales y líneas e colores con marcas como The Elder Statesman; el mundo trippy inclusivo de Collina Strada, la euforia del tie & dye en MSGM y prácticamente en todo el fast fashion, el imaginario digital de nuestro querido Dries Van Noten y hasta los sueños adolescentes de Raf Simons. Si bien todos proponen abrirse a una intensa y vibrante paleta de colores y texturas, responden a esta búsqueda intrínseca de la que estamos hablando.

No obstante, sí creo que desapegarnos del estrecho y asfixiante rubro de posibilidades para el atavío es liberador y eso nos suma un poquito más de felicidad. Vestir también se ha convierte en un reflejo más consciente de nuestras emociones, o por lo menos eso fue desde siempre. En su podcast Sabiduría Psicodélica, Yannina Thomassiny –quien siempre muestra muchísimos looks surreales en su Instagram (y amo)– expone la pregunta ¿Qué pasaría si todes saliéramos a las calles vestidos con looks llenos de colores? ¿Seríamos un mundo más feliz? Yo pienso que sí; con o sin flower power.