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Fashion
Transiciones que son vida: Otoño 2017 de moda masculina
25.01.2017
Por Vicente Aguirre

A unos meses de terminar la preparatoria, con más ganas de conocer, de escribir, y del mundo en general, un centenar de obligaciones y otro de planes, me hallo en una situación que entra como molde en lo que fue Menswear 2017, donde muchas eras comenzaron, otras terminaron y algunas más se niegan a irse: una transición que no por inesperada deja de ser bella.

Comenzaré con Valentino no por su éxito comercial últimamente, sino porque la marca ha vivido enormes cambios estructurales, y por lo tanto estéticos. Al ser el mismo director creativo de la línea femenina –Pier Paolo Piccioli- el cerebro que guía todas las colecciones el imperio italiano, pudimos apreciar varias similitudes entre ambas: la meticulosa selección de colores yendo del rosa pastel al verde menta, naranja, cafés en varias texturas, beige, nude y el favorito de la casa: el rojo. El largo de abrigos y chaquetas, que se inclinaron hacia el guardarropa inglés, el detalle los pequeños moños negros y suéteres por debajo de estos. “Ahora sabemos quién era el alma romántica detrás del dúo de Chiuri y Piccioli” afirmaba The Fashion Commentator, comparándolo con la novedosa practicidad de su antigua compañera en Dior, sin embargo fueron las gorras, los sencillos sneakers queriendo ser New Balance de lujo y la actitud de los modelos (de rostro despistado, sin dejar atrás lo retador) componentes que rejuvenecieron cada look. De principio a fin frases como “Beauty is a birthright, reclaim your heritage” en letras dadaístas invadieron las prendas cual manifestación a pequeña escala, las texturas fueron variadas pero en ningún momento vimos un patrón como aquellos que caracterizan a los vestidos Valentino en camisas o sacos. ¿Quizá esta colección sea un reflejo del hombre actual? Intenta tomar riesgos sutiles en color y silueta pues lleva un ritmo de vida agitado, manifiesta sus ideales dando pequeñas pistas, y, claro, combina pasado con vanguardia en un solo look.

Podría pasar horas y horas hablando de Fendi: lo pegajoso que es visualmente y no por esto menos artístico, el cómo interpreta al hombre actual y sobre todo su manera de convencerlo a portar creaciones que salgan de la zona de confort impuesta. Anna Dello Russo –editora de Vogue Japan, consultora de moda para varias marcas, entre otras- defendía que una buena colección no se pensaba, que basaba con verla para enamorarse. No podría estar más de acuerdo. Varias palabras motivacionales como “Love” ,“Try” o “think” fueron interceptados en gorros y bandas, detalles que podrían pertenecer a una colección infantil, pero que cumplen a la perfección su propósito si se piensa que los clientes relacionarán optimismo con exclusividad y esto a su vez con Fendi. La colección fue una sátira a la elegancia, con sus emblemáticas pieles en fragmentos, cuellos, mangas, shopper bags, sandalias, con rayas a la Picasso, animal print y tonos que hipnotizaron visualmente como amarillo canario, verde olivo y salmón. La marca propuso elementos de aventura como zapatillas kayak, mochilas con opción de sillas plegables con “try” oportunamente escrito y la popular bolsa dot en versión portafolio impermeable. No alego que todo por parte de Fendi haya sido espectacular, al final de cuentas, existen quienes querrán la calidad Fendi pero no su imaginario entero, para ellos hubo ligeras sudaderas con gabardinas en tonos crudos o sacos con las costuras bien marcadas, shopper bags con cuero negro plisado y amplias chaquetas en terciopelo gris. Los grandes zippers en las vestimentas sedosas, las prendas que hace unos años habrían sido vistas como “fachosas” y ahora pueden usarse con calceas yun pantalón sastre violeta, reflejan una evolución del estilo que se manifiesta con detalles cotidianos que representan más de lo que creemos.

Para Balenciaga los cambios llegaron rápidos y bien marcados. Con la partida de Alexander Wang por motivos de una agenda apretada entre Nueva York y París, Demna Gvsalia tomó las riendas y sigue imponiendo su estilo contradictorio, que sin inmutarse por nada es estricto y selectivo. Su colección de 40 cambios, presenta al hombre en el ámbito laboral –como lo anticipaba la simple publicidad con una sala de conferencias- lo ancho, pesado y minimal predominó como de costumbre durante el show del Georgiano. Con varios toques de ese humor que vuelve icónica a una simple pieza se presentaron lentes, sudaderas teñidas y bolsas de compra que reemplazaban el plástico con cuero. Dentro de sus totalmente nuevas invenciones encontramos la sudadera Kering, grupo al que pertenece Balenciaga a quien nadie había homenajeado antes, no de esta manera. Un par de modelos de mediana edad, rozando los 50, se colaron entre la población de adolescentes/ veinteañeros. Una representación acertada del mundo de la moda para los más grandes y seguramente sí, del laboral también.

Una bocanada de lo mismo fue Versace. Nos deja claro que seguirá usando el vinilo, los estampados barrocos y de leñador rojo con negro. Un desenvolvimiento agradable a la vista sin muchas sorpresas, el blanco se emparejaba con negro en motivos marroquíes o gruesos tenis, las estatuas romanas alteradas eran protagonistas de sencillas t-shirts y los modelos portaban lentes ocasionalmente, guantes lustrosos y cabelleras mojadas hacia adelante. Sin duda veremos bastantes sacos como estos en red carpets, a raperos cargando mochilas de la marca y una enorme campaña con un gran equipo detrás. Donatella tomó el cierre de pasarela con un vestido color bordeaux idéntico al de la mayoría de los esmoquins del comienzo, que se agregaban a azules navales y caquis de abrigos que hacían la anatomía de quien lo portaban como la de una verdadera deidad griega. Similar a lo comentado sobre Dolce & Gabbana y su implemento de influencers creo que Versace opta por acaparar un estrato deseado y fácil del mundo, para continuar con una dinastía de pipa y guante que podrá utilizarse desde Milán hasta Wall Street.

El uso de petunias estampadas, materiales impermeables en holgados pantalones y atuendos con por lo menos diez capas, hicieron de Facetasm una de los mejores y más diferentes presentaciones de esta temporada Menswear. La androginia como raíz y lema, las rastas de los modelos recogidas o teñidas de verde botella, con chamarras anaranjadas y robustas batas aterciopeladas estilo Santa Claus lograron reunir un bonche de prendas que podría asemejarse a lo que podríamos encontrar en una tienda de segunda mano y convertirlo en una interesante gama de maxi propuestas. No solo eso, al fusionarse con la línea femenina, apreciamos interpretaciones de burkas, combinados con looks de motociclista, cierres posicionados sin importar cómo y peinados a la FKA Twigs.

Vivienne Westwood presenta una abstracción que se expone en tejidos patchwork, pantalones ajustados, mangas zafadas y penachos hechos por niños de preescolar –eso quiere darnos a entender- con botines verde botella, suéteres tipo camisón que muestran lo que se porta abajo, pañuelos cubistas y motivos a la Basquiat satisfacen la visión de la creadora, quien nos enseña como es el juego del estilo en su país: tener un poder adquisitivo alto significa darse el lujo de comprar cosas diferentes, vestir diferente, pensar diferente. Un vestido en tul negro, un ancho corset o un patrón a rayas estilo Beetlejuice son el día a día de una mente punk, poética y glamourosa como Westwood.