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Lucero Sánchez Novaro: cine que mueve entrañas
07.08.2017
Por Mariel Cortés

Egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica, las historias de Lucero Sánchez Novaro se basan en vivencias personales para abordar el mundo emocional femenino de la mano de una estética muy acertada. Sus cortometrajes han sido parte de la selección oficial en más de 30 festivales de cine internacionales, como Festival de Cine de Morelia, Festival Internacional de Cine de São Paulo, Festival Internacional de Escuelas de Cine Rencontres Henri Langlois, Poitiers en Francia, Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y La Habana, entre otros. “Malva”, su proyecto de tesis, le valió una nominación al Ariel como Mejor Cortometraje en el 2016.

Actualmente desarrolla su primer largometraje “Las olas” y conversamos con ella sobre sus perspectivas en la idnustria del cine como cineasta independiente:

¿Cómo decidiste dedicarte a esto?
Mis padres se dedican a esto, yo crecí entre sets, viajes de scoutings y festivales de cine. Pero justo por eso cuando llego el momento de decidir a qué me dedicaría entré en pánico y me fui del país por un largo rato sin volver ni ver a mis padres. Trabajé de mesera, lavaplatos y niñera, dejé de pensar en el cine y viví la vida al día en Europa. Fue como huir en lo que se acomodaba mi cabeza y mis emociones, estaba aterrorizada de no pasar el examen del CCC o el CUEC, sabía lo difícil que era entrar y sobre todo me daba pavor pensar que tal vez yo quería hacer cine porque era lo que conocía, era el mundo en el que había crecido. Pero después de dos años un día desperté, miré por la ventana y vi una ciudad que no era la mía, cubierta de nieve y con un cielo gris y decidí que tenía que volver a casa. La verdad es que nunca me he podido imaginar otra manera de intentar expresarme, contar historias a través del cine y buscar conectar con alguien que vea mis películas y sienta algo que le mueva un poquito las entrañas es lo único que siempre he querido hacer.

¿Qué es lo que más se te ha dificultado al querer hacer cine?
Creo que mucha gente no se imagina lo complicado que es hacer cine, levantar una película es realmente una labor titánica. Incluso para hacer un proyecto sencillo y de bajo presupuesto se necesita conseguir mucho dinero, entre el equipo, los salarios, las locaciones y muchas otras cosas. Por otro lado es una forma de arte que requiere de un trabajo en equipo, realmente las películas no son la obra de un sólo cineasta, es la unión de muchas mentes y mucho trabajo en conjunto, por lo que se necesita de mucha organización y preparación constante en todos los sentidos. La labor del cine desde afuera puede parecer glamorosa y atractiva pero realmente entrar en este mundo y forma de vida requiere de mucho agarre y amor por lo que hacemos, no es nada fácil pero para nosotros vale la pena. No me puedo imaginar haciendo cualquier otra cosa. También es muy complicado porque realmente no existe una industria del cine que se sostenga sin el apoyo de estímulos o fondos gubernamentales, en mi opinión esto está muy relacionado con el hecho de que no hay espacios de distribución y difusión que nos den las mismas oportunidades que al cine de Hollywood, no es una competencia ni cercanamente justa.

Además de tus proyectos, ¿colaboras en otros?
Siempre, ahora sobre todo como guionista. Escribir y desarrollar historias es una de las cosas que más disfruto en la vida. Además uno nunca deja de aprender y crecer, y yo personalmente creo que colaborar constantemente con otros artistas es la mejor manera de hacerlo. Además es imposible vivir únicamente de los proyectos personales, especialmente cuando estás empezando en el cine. Cuando era estudiante los primeros trabajos que tuve fueron como continuista, y ambientadora de arte, después comencé a ser segunda asistente de dirección hasta llegar a ser primera asistente de dirección. De eso viví muchos años hasta que me armé de valor y decidí concentrarme en escribir y dirigir.

¿Cuáles eran tus expectativas para “Malva”?
En realidad no tenía expectativas más allá del proceso de aprendizaje que significa hacer una tesis. Quería tratar de concretar en la práctica lo que mis seis años en la carrera de cine me habían dado, a pesar de que ya había hecho dos cortos y un documental este era el verdadero momento de poner manos a la obra, por así decirlo. Y debo decir que quizá de lo que más he aprendido en estos procesos ha sido de mis errores, al profundizar en la edición y demás trabajos de post producción y sobre todo al ver el resultado final, uno tiene la oportunidad de cuestionarse sus decisiones, de repensar ideas y de alguna manera decidir que funciona y que no. No hay vuelta atrás en muchas cosas, lo filmado es lo filmado y significa tanto dinero y el trabajo de muchísima gente, así que uno se tiene que adaptar y hacer lo mejor de lo que tienes, pero sobre todo te da mucho rigor mental y una fuerte necesidad de tener siempre clarísimo qué es lo que quieres lograr en cada escena, hasta el más mínimo detalle. Por otro lado, por supuesto que me alegró muchísimo la nominación al Ariel, la participación en festivales tan importantes y las puertas que me abrió laboralmente este cortometraje.

Actualmente desarrollas la que será tu ópera prima, ¿cómo ha sido el proceso?
Como dije antes, no es nada fácil levantar un proyecto cinematográfico y mucho menos un largometraje. Hay que estar dispuestos a trabajar mucho y no rendirse. Yo tuve la suerte de desarrollar mi idea inicial y el guión con la beca de Jóvenes Creadores del FONCA. Posteriormente trabajé los tratamientos en el Taller de Guión de Bertha Navarro y Sundance en Oaxaca, así como en la Residencia de Guión de Real de Catorce, en la Fiesta del Cine de San Luis. Tuve maravilloso asesores tanto mexicanos como extranjeros, esas experiencias fortalecieron infinitamente mi guión. No me rendí fácilmente y por fin este año comencé a trabajar con Ramiro Ruiz, un productor increíble con grandes películas bajo el cinturón. Ahora estamos en el proceso de hacer carpetas, buscar co productores y demás, mientras que sigo afinando el guión.

¿De qué manera ha ido evolucionando tu trabajo?
Creo que con el tiempo vas soltándote cada vez más, te das licencia para hacer lo que realmente quieres, no lo que se espera de ti o lo que está de moda en los festivales. Voy teniendo poco a poco más confianza en mi visión del mundo y las historias que quiero contar, así como en mí misma como directora y guionista. También he dirigido publicidad y documentales cortos, todas esas experiencias me han fortalecido y enriquecen mi manera de trabajar y crear. Y en el aspecto práctico creo que estoy llegando a un buen balance, no trabajo si no tengo lo indispensable para obtener el resultado que tengo en la cabeza pero sé perfectamente que es importante llegar a compromisos con la producción, nunca me he sentido cómoda al inflar un proyecto y volverlo más grande, caro o complicado de lo que siento que debe ser. Me gusta trabajar con lo justo y necesario.

¿Cómo encuentras un equilibrio entre lo que quieres hacer y lo redituable?
Yo personalmente no trabajo pensando en lo que se puede comercializar o no, tampoco me considero una directora demasiado experimental o contemplativa al extremo, más bien trato de ser fiel a lo que conozco, a las historias y personajes que me mueven, aquello que puedo plasmar con honestidad e interés.

¿Cómo te gustaría que fuera tu trabajo en el futuro?
Realmente creo que mientras tenga la oportunidad de hacer películas sencillas, íntimas y que se sientan verdaderas yo estaré feliz.

En términos de industria, ¿crees que existen nuevas formas para hacer cine?
Creo que la tecnología nos acerca cada vez más a la posibilidad de no depender de grandes esquemas de producción, el reto es poder aprovechar esto y encontrar la forma de vivir de eso. No es un panorama muy alentador el hacer películas por tus propios medios si eso significa vender tu auto y trabajar en una oficina para pagar la renta. Sigue siendo un reto buscar la manera de hacerlo redituable.

Para conocer parte del trabajo de Lucero, puedes ver su canal de vimeo

Texto y entrevista por Mariel Cortés