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Culture
5 tips para un #MEOWEarth más sostenible Vol. I
29.01.2020
Por Lolo

Aunque hay quienes aún lo ponen en duda, es difícil rebatir que hemos puesto a nuestro planeta, y por ende a nuestra especie, en serios problemas. Empezar a ser consciente de la cantidad de daño que hacemos a diario, muchas veces sin saberlo, puede llegar a ser muy abrumador. Sin embargo, hay cambios muy sencillos que podemos implementar en nuestra vida diaria que tienen un gran impacto sobre la sostenibilidad de nuestro estilo de vida.

Por eso, cada mes te propondremos 5 simples acciones que puedes tomar para orientarnos a ser más empáticos con la Tierra y nuestro ecosistema. Porque, seamos honestxs, no podemos seguir así y tampoco sentirnos tan culpables sin saber cómo actuar. ¿Qué te parece? ¿Te unes?

1/ The Jungle Cycle

Cuando te vayas a bañar, pon una cubeta abajo de tu regadera para recolectar y aprovechar el agua que sale mientras alcanza temperatura calientita. Puedes usarla para regar las plantas o trapear tu casa, por ejemplo. Y ya de paso, ten en mente que cuanto más corto sea tu tiempo en la ducha, mejor. Aunque hemos de admitir que a veces necesitamos un delicioso spa casero restaurador, ¿¡quién no!? Simplemente intenta que no sea lo rutinario.

2/ Prettier doggy poops

Si tienes perrito, puedes sacarlo a pasear sin tener que recurrir a una bolsita del muy odiado e inmortal plástico cada vez que tu peludx haga una popó. Todos tenemos esa montaña de periódicos deportivos o tabloides de mal gusto que buen uso tendrían reemplazando a esas bolsas. Además, la opción más ecológica es depositar los desechos (sin bolsa y sin papel) directamente en las coladeras (que tampoco son basureros, ¡ojo!).

3/ hEARTHier human pee

La descarga promedio de las cisternas del inodoro es de unos 12 a 16L de agua cada vez que jalas la palanca. Una cantidad tremenda si calculas cuántas veces por día alguien le jala a su baño en tu misma casa, tu barrio, tu oficina o colonia sin ir más lejos. ¿Te haces una idea? Obviamente, por algo existen y si no contáramos con ese sistema, retrocederíamos las letrinas medievales, como mínimo.

Sin embargo, la cuestión es que en muchas ocasiones no es realmente necesario jalarle a la cisterna. Si cuentas con baño propio o compartes con alguien de confianza, puedes evitar hacerlo cada vez que haces pipí, por ejemplo (sobre todo si te alimentas sanamente, bebes bien de líquidos y por tanto, tu pipí es algo más o menos decente). Si esta solución no te acomoda o te parece algo extrema, también puedes optar por darle otra vida a una botella de plástico rellenándola de agua (y tapándola) e introduciéndola en tu cisterna, reduciendo así el volumen de agua que esta puede albergar.

Finalmente, ten presente que el WC no es un basurero, ni para toallitas húmedas, ni para algodones, ni para papel. Si, con suerte, estas aguas fecales no terminan en el mar o algún río, pasarán por una planta depuradora. Si tiras el papel higiénico al bote de basura evitas un gasto energético y su consecuente contaminación cuando estas plantas tienen que hacer el trabajo de limpiarlas no solo de los residuos humanos sino también de los sólidos de basuras, además de que casi siempre el papel y otras cosas que puedas desechar en el excusado contienen un gran número de químicos que se disuelven en el agua.

3/ Nature has its own packaging

Afortunadamente, ya no desperdiciamos millones de bolsas inútiles y de un sólo uso que se rompen con cualquier cosa en los supermercados. Sin embargo, hacer tu compra mensual sin generar kilos y kilos de basura perenne todavía es difícil, pero no imposible. Todo depende de tu consciencia al respecto y tus ganas de hacer un cambio positivo.

Por ejemplo, igual que llevas bolsas de tela para cargar tus cosas, lleva algunas más pequeñas para tu fruta y verdura, así como tuppers para tus embutidos y lácteos. Porque, aunque algunos supermercados incorporan bolsas biodegradables, su producción genera contaminación y, mientras existen, siguen siendo basura al fin y al cabo. No por llevar la etiqueta de biodegradable, el plástico de un solo uso pasa a ser inofensivo. De hecho, siempre es importante fijarse de qué está hecho y en cuánto tiempo se degrada.

Así que mejor opta por comprar tus frutas y verduras a granel y no en las tan dañinas mallas de plástico, por ejemplo, o en envases individuales y absurdos como los pepinos envasados al vacío o las charolas de cuatro champiñones. ¡Ah, y no te dejes engañar por las ‘bolsas ecológicas’ que venden precisamente para esto pero, están hechas de plástico! La gran ironía…

4/ 21st Century Gold

En nuestro país, se vive muy de cerca la escasez de agua potable en ocasiones. Y es que este bien tan preciado pero tan poco valorado es a veces desatendido, pero no menos importante. No dejar el agua correr mientras nos lavamos los dientes es vital, por ejemplo. Lo mismo ocurre al lavar los platos. Suele ser un momento de mucho desperdicio, ya que nos lleva unos cuantos minutos y enjabonar y enjuagar a la vez no suele ser lo más efectivo.

Si tienes lavavajillas pero te da reparo usarlo mucho, te agradará saber que en verdad ahorra agua en comparación a lavar a mano, y si tiene un ciclo eco, mucho mejor. Si no, simplemente acomoda tus platos primero, rocíalos un poco para humedecerlos, enjabónalos todos y entonces sí abre el agua y velos enjuagando. Te sorprenderá ver cuánto puedes avanzar sin usar agua y, por tanto, cuánta agua dejabas correr en vano antes.

5/ Cleaner rides 

Estamos más que habituades a un aire sucio y pesado, lleno de las emisiones de los millones de vehículos que circulan por la Ciudad de México, sin ir más lejos. Sin embargo, algo ha cambiado en los últimos años y ya no tenemos esa resistencia chilanga a este aire gris. Empezamos a quejarnos de que está siendo realmente pesado y comenzamos a notar efectos inmediatos sobre nuestros cuerpos.

Imagen de fitopardo.com

Y es que las emisiones de carbono y partículas tóxicas no solo destruyen la atmósfera a ritmos vertiginosos, sino que también afectan a nuestros pulmones y muchos otros aspectos de nuestra salud. Tan es así, que se atribuye a estos contaminantes gran parte de la responsabilidad de los infartos cerebrales, problemas de corazón por acumulación de nanopartículas en los vasos sanguíneos, problemas de sueño, ojos secos, conjuntivitis, cáncer por alteración del sistema hormonal y daños al material genético… En fin, es de beneficio mutuo para nosotros y el medio ambiente actuar también en este respecto.

El cambio más simple por el que podemos comenzar es apagar el motor cuando esperamos a alguien en nuestro vehículo o cuando haya muchísimo tráfico, ahorrándonos, entre todos, toneladas de emisiones de CO2 y otros gases tóxicos.

Sobra mencionar que siempre que podamos optar por transportes alternativos (público, a pie, en bici o carpooling, por ejemplo), nos hacemos a todos un favor. Es cierto que en la mayoría de nuestras ciudades, ir en bici o caminar no son de las mejores opciones cuando de comodidad o seguridad se trata, pero en distancias cortas, caminos habituales o dentro de nuestras colonias es algo factible.

Más allá de eso, mantener el coche a punto también es importante. Cuidar la presión de las llantas evita que el motor deba esforzarse demás y, por tanto, consumir y contaminar más. Además de que su desgaste prematuro suelta micropartículas de caucho al medio ambiente. La revisión oportuna de fluidos (desde lubricantes hasta refrigerantes), filtros e inyectores en el motor, además de frenos, también contribuye a un uso más responsable de nuestros vehículos.

Cambiando poco a poco podemos alcanzar grandes logros, sobre todo si entre todos vamos colaborando por el bien común. Incluye estos nuevos hábitos en tus rutinas y cuéntanos cómo te va. Mientras tanto, iremos preparando los próximos 5 ; )

¡Te animamos a compartir el mensaje con quienes vivan o convivan contigo!