Cuando estás en el mismo cuarto con Adrianah, la energía parece encenderse: su mirada es magnética y su personalidad juguetona y libre.
Adrianah es una artista en toda la extensión de la palabra, y eso no solo se ve sino se siente. Cuando escuché y vi cómo suena su universo musical, entendí que la ex patinadora profesional ha descubierto una etapa poderosa sobre sí misma y eso se traduce en su nuevo disco Alto Rendimiento.

Nuestra COVER Story de noviembre protagoniza su historia de Adrianah y cómo sus diferentes etapas como patinadora, fotógrafa y creadora son una exploración sobre la autoexigencia, el deseo de validación y la libertad de ser muchas cosas a la vez. Esta conversación nos deja pistas sobre aprender a soltar, disfrutar sin culpa y dejar de vivir para cumplir las expectativas de los demás.

Soy suficiente
Hay algo curioso en la idea del alto rendimiento: parece que nunca es suficiente y siempre buscamos ‘mejorar’. Siempre hay una meta más que alcanzar, una versión de nosotras mismas por construir y alguna expectativa que cumplir. Nos acostumbramos tanto a medir nuestro valor a través de lo que hacemos que, a veces, olvidamos preguntarnos si realmente estamos disfrutando el camino.
Para Adrianah, esta relación con la exigencia comenzó mucho antes de hacer música. Durante años, el patinaje artístico fue parte fundamental de su vida. Después exploró la fotografía y otros lenguajes creativos hasta encontrar en la música una forma de comunicar aquello que no siempre consigue poner en palabras.

Su álbum, Alto Rendimiento, toma precisamente esa experiencia como punto de partida para cuestionar la búsqueda de perfección, la necesidad de aprobación y las distintas maneras en las que aprendemos a medir nuestro propio valor.
En una cultura que celebra la productividad, la inmediatez y la exposición constante, Adrianah propone algo que puede parecer radical: descansar porque sí, dejar de controlar los resultados y disfrutar de las pequeñas cosas. Incluso si eso significa pasar la tarde viendo Beverly Hills 90210 mientras come cereal.
Soltar también es una forma de avanzar
Para Adrianah, reconocer cuándo la disciplina deja de ser una herramienta de crecimiento y se convierte en una obligación que nos aleja de nosotras mismas tiene que ver con algo tan sencillo como dejar de disfrutar. Se considera una persona que encuentra motivos para sorprenderse incluso en lo cotidiano; por eso, cuando pierde la inspiración o la emoción por lo que sucede en su vida, entiende que quizá es momento de descansar y regresar a su centro.

Y si hablamos de autocuidado, su definición está lejos de las rutinas optimizadas o de los rituales diseñados para regresar con más energía al trabajo.
Para mí cuidarme sería como si ese momento fuera de los últimos que tendré en mi vida. Viendo Beverly Hills 90210, comiendo cereal… deli
Adrianah
Hay algo amplio y fresco en esa respuesta. Quizá porque hemos convertido el bienestar en otra tarea pendiente, otra oportunidad para mejorar nuestro desempeño. ¿Y si descansar no tuviera que servir para nada más que para disfrutar?

Parte de ese aprendizaje también ha implicado soltar el ego y el control sobre los resultados. Adrianah reconoce que hubo una época en la que estaba mucho más preocupada por construir relaciones dentro de la industria, conocer personas, hacer contactos y asistir a todos los eventos posibles. Hoy, en cambio, prefiere procurar sus círculos cercanos, pasar tiempo con sus sobrinos y recuperar espacios de su vida que antes quedaban desplazados por la necesidad de estar en todas partes.
Incluso volver a vivir con sus papás hace unos meses le permitió mirar de otra manera sus prioridades: cuánto tiempo, energía y dinero estaba destinando a salir y mantener una vida social que no necesariamente le devolvía lo que necesitaba.

A veces, crecer también significa dejar de perseguir aquello que alguna vez pensamos indispensable.
La autenticidad no es contenido para el algoritmo
En un mundo donde todo parece tener que convertirse en contenido, construir una identidad propia puede ser un ejercicio exhaustivo. Las redes sociales nos permiten experimentar con distintas narrativas, estéticas y versiones de quienes somos, pero también pueden convertir nuestra intimidad en una moneda de cambio.

Adrianah reconoce que este año ha tenido que aprender a cuidar más su identidad personal. La presión por conseguir resultados rápidos en plataformas digitales la llevó a compartir aspectos de sí misma que quizá habría preferido conservar en privado.
Lo explica con una imagen tan divertida como contundente: “Toma, Instagram. Aquí está toda mi alma, mis deseos, mis creencias. Avísame si es suficiente para hacerme una estrella o si necesitas más información para tu algoritmo”.

La frase pone sobre la mesa una contradicción de nuestra época: queremos conectar desde lo genuino, pero vivimos en plataformas que constantemente nos invitan a exponernos, explicarnos y volvernos reconocibles. ¿En qué momento compartir deja de ser una elección y se convierte en una obligación?
La presión tampoco se limita al entorno digital. Como mujer y artista, Adrianah reconoce que las expectativas de ser exitosa, atractiva, disciplinada y accesible, pero sin incomodar demasiado, están presentes. Su manera de negociar con ellas es recordar que la opinión ajena no siempre le corresponde atenderla:
Siempre que me cacho preocupándome por lo que está pensando alguien de mí, recuerdo que that’s none of my business
Adrianah
Esa misma libertad aparece cuando habla de su relación con la industria musical. Aunque reconoce que recientemente tuvo ganas de explorar la posibilidad de hacer un pop hit, una canción bailable que pudiera escucharse en distintos ambientes, también identifica la línea delgada entre experimentar con nuevos géneros y crear únicamente para complacer al mercado. Conociéndose, sabe que no podría hacer una pieza artística que primero no le hiciera sentido a ella.

La belleza de ser mucho
Antes de la música estuvieron el patinaje y la fotografía. Más que entender estas experiencias como etapas que se sustituyen unas a otras, Adrianah parece reconocerlas como distintas formas de acercarse a una misma necesidad: comunicar.
Siempre he vivido con una sensación de ser incomprendida en la vida cotidiana. En cambio, cuando me expreso creativamente, siento que tengo más herramientas para hacer sentir algo al otro,
Adrianah
Su relación con la creatividad también está atravesada por el juego y las referencias. Confiesa que, si dependiera de ella, se comunicaría utilizando letras de canciones, frases de películas, bailes y fotografías. “Creo que, más que cambiar de lenguaje creativo, he ido encontrando distintas formas de comunicar algo que no siempre sé poner en palabras. ¿Qué dice eso de mí? No sé. Supongo que me encanta una buena analogía”.

Algo que me inspira de Adri es que demuestra sin miedo (o al menos eso percibo) que no tenemos que casarnos con una sola identidad o mirada para construir algo propio. Podemos cambiar de disciplina, descubrir otros intereses, fallar y comenzar de nuevo; permitir que nuestras experiencias se mezclen sin necesidad de encontrar una etiqueta absoluta.

En Alto Rendimiento, esa exploración también sucede a través de la composición. Para Adrianah, escribir canciones es una manera de relacionarse con sus experiencias desde distintos lugares: a veces quiere entenderlas, otras aceptarlas a través de la confesión y, en ocasiones, simplemente hacer eternas las diferentes etapas de su vida.
La música también le ha permitido reconocer emociones que quizá su propio ego preferiría mantener en segundo plano: “Que me siento más sola y en búsqueda de conexión de lo que a mi ego le gustaría admitir. Y más caliente y tierna y básica y compleja…”.

Una respuesta que no intenta resolver sus contradicciones, sino reconocerlas. Y quizá esa sea otra forma de autenticidad: aceptar que podemos coexistir siendo muchas cosas, incluso aquellas que parecen opuestas.
Una nueva manera de medir el éxito
Si Alto Rendimiento fuera una conversación con la Adrianah que dedicó tantos años al patinaje, la mujer que es hoy tendría algo importante que decirle: que la ama, que ya no siente culpa por disfrutar todo lo que pueda y que no necesita demostrar constantemente su valor.

Esa reconciliación con su propia historia parece ser uno de los gestos más significativos de este proyecto. No se trata de negar la disciplina, las experiencias o las ambiciones que la han formado, sino de dejar de convertirlas en una medida de cuánto amor merece.
Tal vez el verdadero cambio de perspectiva no está en abandonar las metas, sino en dejar de sacrificarlo todo para alcanzarlas. En entender que el descanso no es una recompensa, que la creatividad no siempre necesita convertirse en productividad y que nuestra identidad no tiene por qué ser tan fácil de clasificar como una categoría dentro de un algoritmo.

Al final, Alto Rendimiento también puede leerse como una invitación a preguntarnos qué significa tener una vida que se sienta propia. Una donde podamos crear, equivocarnos, cambiar de opinión, pasar una tarde sin hacer absolutamente nada y disfrutarlo sin culpa. A veces, basta con permitirnos ser quienes somos y ya.
MEOW Quiz: Alto rendimiento en corto
- Tu momento favorito de este shooting con MEOW:
El momento que estaba dando mi espalda en el look del leotardo blanco. Wow, she was truly the moment.

- La canción de tu álbum que no puedes dejar de escuchar:
Road to Self Love
- Tres artistas que han influido en tu universo musical:
Va cambiando dependiendo la temporada. Pero esta temporada: Drushka Petrova, Amy Taylor, y Rosalía.
- Si Alto Rendimiento fuera una colaboración de moda, ¿con qué marca o diseñador sería?
Simplemente fue Moschino primavera verano 2015.

Créditos:
Fotografia Denisse Hurrle
Estilismo Edna Pedraza
Dirección de arte Carla Escareño
Dirección creativa Adrianah y Olivia Meza
Maquillaje Fernanda Ortiz con Fenty Beauty
Peinado Mateo Noguera
Asistente de estilismo Angélica Delgado
Asistente de producción Frida Mussali
Moda Adidas, Steve Madden y Meet My Trip
Agradecimientos a TOSCO y Pandora Hotel por brindarnos sus instalaciones y deliciosos pancakes
Producción MEOW Magazine















