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Fashion
Denuncias políticas, mensajes de desamor: Sánchez-Kane
26.11.2017
Por Olivia Meza
fotografía Adriana Sofia Hamui

Presenciar el desfile de Sánchez-Kane fue uno de los momentos más interesantes de mi vida y sin duda, el más significativo que vi en Mercedes Benz Fashion Week México. El mensaje poético era claro y lleno de emotividad; era un discurso claramente estudiado por parte de la diseñadora Bárbara Sánchez-Kane y se podía intuir cierta conexión familiar con todos aquellos personajes que desfilaban. No sólo hablamos de modelos que caminaban por la pasarela sino de toda una integración sensorial de música que te enchinaba la piel a cargo de Mexican Jihad, un escenario totalmente prediseñado para la muestra y la coreografía de cada modelo que vislumbraba entre el maquillaje de piedras Swarovski y cuchillos en las botas. Pareciera que nos introducimos a la mente loca de la artista al corto tiempo de 15 minutos aproximadamente.

Sánchez-Kane fue la firma inaugural de i-D Kitchen. Su segunda vez en México ha sido nuevamente un capítulo memorable donde a muchos les deja espacio para la reflexión, admiración y otros cuantos al descontento y crítica negativa. No es extraordinario, pues siempre en México lo que nos parece extrañamente familiar es inmediatamente juzgado por su sentido superficial. Y para entender lo que estamos viendo; para comprender el sentido creativo de una diseñadora de moda (o más bien, una artista multidisciplinaria, en este caso) es necesario dejar en el perchero los comentarios o prejuicios que tengamos al respecto y estar dispuestos a escuchar lo que visualmente nos quiere transmitir.

Durante el desfile se vieron diferentes personajes, vistiendo una moda irreconocible y que al mismo tiempo podíamos asociar con nuestro gentilicio. Las denuncias implícitas en la ropa parecían bombardeos sutiles en colores que también funcionaron como focos de información. Todo lo que vemos, olemos, sentimos y escuchamos tiene algo qué decir en Sánchez-Kane. Hubo un momento en que sentí mucha emoción, sentí que las prendas tenían alma y como en toda disciplina creativa, las emociones genuinas se palpan fácilmente si vienen del corazón. “Nunca había llorado en un desfile” me comentó Bárbara tras bambalinas con el rostro extasiado y sus ojos llenos de brillo. Vestía un traje sastre a rayas con botas vaqueras, pelo corto ligeramente desaliñado y sin maquillaje. La belleza honesta de Sánchez Kane me impresionó también en persona. Me contó que la historia de esta colección nació por un sentimiento, el cual todos hemos compartido alguna vez. “Mi novia y yo cortamos”, me dijo, “así que canalicé de alguna forma ese sentimiento para servir como un homenaje a algo que fue importante en mi vida. Por ello hay elementos simbólicos representativos del ‘amor’ como las rosas pero también las navajas”. Asimismo, entre desamores y melancolía se percibía un aire activista y político típico de la firma. Hombres vestidos en trajes deconstruidos rosas y azules pastel; con historietas tituladas ‘Macho’ dobladas en el bolsillo trasero de sus baggy jeans. Las flores, además de conectarse con el amor como mencionó Bárbara, también se relacionan con la feminidad reprimida del hombre en un resultado muy D.I.Y. que funcionaron como motores estilísticos de cada look.

Por último, me llamó la atención el uso de las etiquetas fuera de la ropa, por ejemplo, los modelos llevaban tatuajes del logo de la marca en la cara y otros llevaban la etiqueta tal cual pegada a su espalda directamente. ¿Es realmente la marca lo que identifica a la ropa o a nosotros por llevarla? Este cuestionamiento me vino a la mente cuando observé que el furor o importancia de poseer una marca es un sentido primordial de pertenencia social, muchas veces ridiculizado pero aceptado  y que es más común que nunca. Sánchez -Kane propuso este diálogo para que pudiéramos ver la moda desde distintas perspectivas; desde todo lo que piensa esta mujer. Realmente fue un desfile incisivo de la marca y el más íntimo que jamás haya presenciado.