En la exposición Moda Hoy, presentada en el Museo Franz Mayer de Ciudad de México, el diálogo entre las diferentes propuestas que conforman la curaduría de Tanya Meléndez y Melissa Marra-Alvarez, apunta a una conversación de múltiples aproximaciones. Entre ellas, una pieza firmada por CATAL llama mi atención por ser la única creada por un artista textil tsotsil: Joss Ramírez.
El huipil rosa con intrincados brocados propios de la comunidad Venustiano Carranza, Chiapas, yace en lo alto de un pedestal entre piezas de Gabriela Hearst, Études y otras firmas latinoamericanas. Joss Ramirez, detrás de la marca CATAL, aparece como un puente entre mundos: el conocimiento ancestral y el diseño contemporáneo, el museo y la comunidad, el arte conceptual y la memoria presente del tejido.

Textil con alma
Cuando conocí a Joss, su energía curiosa y despierta me contagió de ternura y admiración. Es un joven artesano y diseñador, el segundo hombre en su comunidad, que se dedica al telar y al tejido. Conversar con él fue una conexión muy especial para poder hacer este artículo.
Al preguntarle sobre su pieza expuesta en el museo, explica que: “Es una pieza que expresa el diseño contemporáneo mezclando el rescate de procesos tradicionales”. Joss guía su trabajo bajo la idea de la geometría maya perfecta, una forma de entender el orden del mundo desde el pensamiento matemático y simbólico maya.
El huipil —construido en tres lienzos— cae sobre el cuerpo sin imponer estructura rígida, permitiendo que la tela adopte la forma de quien la porta. Para el diseñador, la prenda trasciende la moda: “Me gusta llamarle arte que viste el ch’ulel, el alma que alimenta el cuerpo”.

La iconografía central remite al almud de maíz, herramienta utilizada por los mayas para medir granos agrícolas. Cada cuadro bordado representa distintas medidas de cosecha, transformando el textil en un sistema narrativo donde agricultura, espiritualidad y diseño convergen. A esta base ancestral se suma uno de los lenguajes característicos de CATAL: plisados hechos a mano mediante altas temperaturas, una intervención contemporánea que no sustituye la tradición, sino que dialoga con ella.
Un lugar que abre preguntas
Dentro de Moda Hoy, su participación marca un punto de inflexión. Es el único artista indígena cuya obra nace directamente del conocimiento comunitario, no de colaboraciones externas ni reinterpretaciones académicas.
“Soy el único artista tsotsil dentro de la exposición que conceptualiza el textil desde el conocimiento de cuna”

La diferencia, aunque sutil, redefine la lectura del espacio expositivo: el textil no deja de ser referencia cultural pero ahora tiene una perspectiva de autoría artística.
Históricamente, muchas voces indígenas han sido mediadas por diseñadores externos. Su presencia plantea otra posibilidad: escuchar esas voces sin traducciones. “Pocas veces nuestra voz se escucha sin necesidad de ser respaldados por diseñadores que ofrecen su perspectiva fuera de la comunidad”, señala.
Estar en el Franz Mayer representa, más que un reconocimiento individual, una etapa dentro de una lucha colectiva: posicionar el textil tradicional tanto en la alta costura como en el arte contemporáneo.
“Hoy estar en el Franz Mayer alimenta una fuerte lucha”
, dice, entendiendo el museo como un espacio donde el textil comienza a ser leído plenamente como obra artística.

Tiempo, espacio y dedicación
El huipil tomó un año completo de realización y fue elaborado con técnica de hilo petet, considerada una de las más finas y sofisticadas. Los hilos, extremadamente delgados, se refuerzan con atole de maíz para soportar la tensión del tejido.
“Al ser hilos tan finos, el avance es lento y exige mucha fuerza al tejer”, explica. Esa lentitud no es obstáculo sino parte del significado: cada puntada sostiene el rescate del brocado antiguo del almud, símbolo agrícola que funcionaba como sistema de medición comunitaria.
En la pieza, los cuadros crecen en profundidad para representar media cuartilla, medio almud y un almud completo. Todo esto me lo explicó Joss y me pareció profundamente bello y mágico.

Tejer desde el recuerdo
Su historia con el telar comenzó a los ocho años, guiado por su madre mientras jugaba con hilos de colores. Proviene de una familia de mujeres tejedoras —abuela, madre, tías y primas— y hoy ocupa un lugar singular: es el único hombre de su familia dedicado al textil y el segundo en ejercerlo dentro de su comunidad.
Entre los brocados que más lo representan está el chis’canal, la estrella femenina. “Me recuerda a mamá”, dice. “Fue de las primeras figuras que aprendí y representa una estrella de cuidado y esperanza”.
Su primera pieza completa fue una réplica del huipil dorado que su abuela regaló a su madre cuando cumplió quince años. Más que un ejercicio técnico, fue un acto de memoria. Hoy lo interpreta como una certeza personal: “Cuando inicias una carrera en lo que amas con cimientos llenos de amor, nada mal puede salir”.

Tradición en movimiento
Aunque el huipil ha sido históricamente una prenda femenina, su trabajo explora nuevas posibilidades de uso sin romper con su raíz cultural. Desde CATAL ha desarrollado piezas como el manto, una prenda unisex de seda plisada pensada para la libertad del cuerpo.
“CATAL nació para evolucionar el trabajo textil, siendo un puente de oportunidades e innovaciones”
Joss Ramírez
La intención no es transformar la tradición desde fuera, sino permitir que continúe creciendo desde dentro.
Habitar el propio nombre
Su proyecto, CATAL, nació hace seis años como una necesidad tanto creativa como política. Durante generaciones, su familia produjo textiles vendidos bajo otros nombres. Crear la marca fue reclamar autoría.
“Catal nació de la necesidad de tener créditos propios, como una protesta de habitar nuestro arte”, afirma. El proyecto representa también la posibilidad de ocupar espacios antes inaccesibles: pasarelas internacionales, Fashion Week Madrid y presentaciones privadas en París tras ganar el Premio Nacional de Textiles y Rebozos en 2022.

Crear un universo propio
Aunque suele ser nombrado diseñador, artista o artesano, él se reconoce desde otro lugar: “Me reconozco como artista textil, porque cada pieza responde a mi autoría”.
Su práctica combina investigación histórica, formación en artes visuales y saber ancestral. El telar funciona como espacio creativo total. “Cuando tejo, creo mi universo perfecto, donde se mezcla mi sabiduría heredada y mi conocimiento en el mundo del arte”.

Quizá la verdadera innovación de su trabajo no esté en reinventar la tradición, sino en algo más radical: permitir que la tradición hable con su propia voz en otros tiempos y desde otras generaciones.
En Moda Hoy, su huipil no solo ocupa una sala del museo: abre una conversación urgente sobre quién narra el diseño contemporáneo y desde dónde se construyen sus futuros. Puedes visitarla en el Museo Franz Mayer hasta el 12 de abril 2026, en la CDMX.
Todas las fotografías cortesía de Joss Ramírez para MEOW Magazine









