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Fashion
El manifiesto del futuro: una historia de libertad
21.08.2019
Por MEOW staff
fotografía Andrés Navarro
estilismo Natalia Sánchez
maquillaje Paulina Juárez para Urban Decay
peinado Alejandro Tenorio para Kevin Murphy
modelo Anne y Cameryn para Wanted

El futuro es una obsesión, con el futuro debemos ser cautelosos tanto con el pensamiento como con la palabra, pero más aún con la acción; el futuro podría carecer de coherencia y aun así ser congruente como un consenso, como el amarillo ceilán.

Decía Filippo Tommaso Marinetti en su manifiesto futurista escrito en el 1909: “Queremos cantar el amor al peligro, a la fuerza y a la temeridad”. Pienso que no hay nada más riesgoso y más satisfactorio que abalanzarse como máquina, lo único importante es la belleza de la velocidad, el gozo de la inmediatez; somos la generación del infarto.

El asunto está en representar el dinamismo, romper con la tradición y dejar atrás los recuerdos, ser y hacer tendencia sin antecedente. El futuro es como un doctor japonés, minimal, astuto y puro, que observa y ejecuta al mismo tiempo, reloj despertador de horas irrelevantes.

El futuro es el fin, la meta-inteligencia rosa palo apoderándose de lo que conocemos como mundo para darle paso a nuevas formas de energía, vibrantes, nanotecnología fría como material quirúrgico atonal, arrítmico y automatizado.

Abrigos de orgullo color azul rey, tan primitivo que es actual, como construir con las manos piedras preciosas de cinta adhesiva en donde se le rinde homenaje a la espontaneidad y no a la silueta preconcebida. Los bosques serán de rocas, silentes y no habrá necesidad de retratarlos; por fin será oportuno dejar de alardear acerca de la geolocalización, las imágenes no estarán en ningún dispositivo, serán omnipresentes y públicas, no habrá jerarquías en la información, ni avisos de privacidad, todo abierto, todo expuesto como un color rojo pera que inunda el ambiente.

El deporte nos hará libres, las zancadas poderosas de bailarina militarizada que desarrolla otro tipo de amistades, una comunidad nueva que no es juiciosa sino activa, que mezcla estilos para crear uno solo como sol naciente, en donde no hay que cuestionar la artificialidad sino tomarla como un hecho, como el hip hop, como la androginia, como la piel color vino.

El futuro no huele a jazmín ni a menta, el cardamomo pasó de moda, las hojas de azahar ya no existen. El olor que predomina es el del aire que se construye por el hombre, el que vive en un tanque de buceo.

Las influencias se debilitan, la convocatoria ya no existe, las masas se han dispersado. En los negocios ya no existen intermediarios ni representantes, la autogestión es la regla como la geometría universal, como unicidad amplia y a veces rústica sin llegar nunca a lo barroco.

No se venderán baratijas; las máquinas expendedoras solo ofrecen instructivos para corregir estrategias, cápsulas para pensar antes de hablar, pero nunca detener el impulso, que ya jamás será morado ni con brillantina, será en tono mostaza. Lo único que nunca estará en venta será la paciencia, en el futuro no es necesaria.

La humanidad no se ha perdido gracias a un único idioma consentido donde ya no es necesario traducir nada, lo que se ve se entiende como cuando se le acaba la pila a algún objeto y es necesario cargarlo.

El futuro es pesimista, pero convincente y de visión refinada, el futuro trata de sonreírte aunque no puedas verlo.

Texto por Begoña Irazábal

Sobre las fotografías:
Asistente de moda Ángel Susarrey
Locación Mártires de la Conquista
Producción Olivia Meza