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¿Por qué necesitamos periodismo de moda?
09.09.2026
Por Olivia Meza de la Orta

Pasaron más de diez años y sigo haciéndome la misma pregunta. No porque no lo sienta relevante o porque no exista, sino porque todavía parece necesario justificar al periodismo de moda como una conversación importante. 

Académicamente, el periodismo de moda aún lucha por sostener una credibilidad o una relevancia que vaya más allá del entretenimiento. Ahora al googlearlo, aparecen posgrados, talleres y diplomados y durante mucho tiempo no fue así. De alguna manera hoy en día se ha aceptado que no podemos prescindir de esta rama porque, estamos de acuerdo, la moda nunca ha sido solamente ropa.

A diferencia de otras especialidades periodísticas, el periodismo de moda ha elegido —o quizá se ha visto obligado— a pautar sus propios caminos. La moda es industria, economía, cultura, política, identidad, género, territorio, representación, aspiración y deseo. Por lo tanto, comunicarla implica mucho más profundidad y desde esa aceptación y diversificación, ha experimentado con canales, formatos y ángulos diversos.

Ha transitado de las revistas a los blogs, de los blogs a las plataformas digitales, de las plataformas a las redes sociales, a los podcasts y ahora a un sistema donde periodistas, editores, estilistas, fotógrafos, creadores de contenido, diseñadores y comunidades participan simultáneamente en la conversación. Eso, para mí, es parte de su riqueza y también parte de su problema. Pero estas ideas tampoco son nuevas.

Diana Vreeland, mi editora de moda favorita.

Trece años observando la moda

MEOW Magazine ha sido un experimento en constante evolución dentro del periodismo y, al mismo tiempo, como un emprendimiento de un medio de comunicación independiente.

Cuando comenzamos, hace más de una década, la conversación era otra, pero curiosamente similar a la actualidad. Yo misma me preguntaba qué tan posible era poner sobre la mesa la relevancia del periodismo de moda en México y si eso aportaría a la industria donde se desarrolla. Incluso mi tesis fue sobre eso, específicamente. 

Cuando era editora de moda en la revista Código, escribí un artículo polémico en el que afirmaba que el periodismo de moda no existía en México y que quizá diez años después tampoco existiría. La provocación tenía detrás una preocupación genuina: ¿qué condiciones necesitamos para que exista una práctica profesional alrededor de la información, la investigación y el análisis de la moda?

Una década después, en el podcast de Semanario de Moda, volvió hacerme la pregunta y, para entonces, la respuesta había cambiado: Sí había más voces, más plataformas y más personas hablando de moda, pero la profesionalización todavía dejaba mucho que desear.

En pleno 2026, el panorama parece haber cambiado, pero no tanto. En ese entonces (2013) eran los bloggers quienes comenzaban a ocupar un espacio importante en la comunicación de moda. Muchos de ellos se alejaron completamente del medio, como Tavi Gevinson, de Rookie Magazine, pero también hubo otros como Susie Bubble (Susie Lau), quien tenía uno de los blogs de moda más cool, en una editora de moda. Ambas escribían sobre moda, con reseñas maravillosas y críticas también, mientras también fungían como influencers de las marcas que seguimos conociendo. 

Hoy son lxs creadorxs de contenido quienes tienen una presencia cada vez más sofisticada, curada y afilada. Han aprendido a construir comunidades, desarrollar una voz propia y, sobre todo, a monetizar su influencia.

En este sentido, hay algo que me parece imposible ignorar: en muchos casos, un blogger o un creador de contenido puede ganar mucho más dinero que un editor o un reportero de moda. Y no es una opinión aislada.

Esta observación pone en duda qué tanto el periodismo de moda ha ganado valor, respeto o posición en términos de su impacto para crear historias y venderlas. Porque hace más de diez años, el caso era igual. Esta circunstancia también responde a una crisis económica mundial, pero honestamente estoy cansada de que casi nunca haya presupuesto para invertir en los medios, sobre todo en los medios independientes, pero en el influencer marketing sí. Y eso me obliga a repensar cómo estoy comunicando desde MEOW y desde mi medio-persona. 

¿Ambas cosas son válidas dentro del periodismo o una se tiene que sacrificar por la otra?

¿Contenido, opinión o periodismo?

Hoy tenemos más personas hablando de moda que nunca, pero eso no significa que tengamos más o mejor periodismo de moda. Creo que aquí existe una distinción que vale la pena platicar.

Comunicar moda puede significar muchas cosas. Puede ser entretener, recomendar, vender, inspirar, documentar, interpretar, informar, cuestionar o simplemente compartir una experiencia. Todas esas formas de comunicación pueden coexistir. 

Sin embargo, mi postura es que el periodismo es una de las formas más sofisticadas y estructuradas de habitar cualquier conversación, porque implica, idealmente, pasar por un filtro de objetividad, investigación, contraste y principios básicos que sostienen una disciplina.

En este sentido, el periodista, además de tener una mirada propia, también funge como una curadora de contenido y tiene una responsabilidad sobre aquello que comunica. Y en un momento en el que tener una opinión se ha vuelto tan fácil y las herramientas para contar historias son tan accesibles y veloces que estamos ya saturadísimos de información, no necesitamos más personas diciéndonos qué pensar sobre moda, sino en crear y contar historias realmente fundamentadas.

El periodismo de moda en México

Hay un patrón que se repite en cómo estamos comunicando moda en México. No quisiera jactarme de tener la razón sobre cómo debería hacerse, pero durante estos años también he sido una espectadora. He aprendido observando cómo funciona la industria, cómo se relacionan sus actores y cómo cambian sus discursos.

Y entre sus muchos matices existe una contradicción que me sigue pareciendo interesante.

Por un lado, persiste un fuerte idealismo alrededor de lo local: lo hecho en México, el diseño mexicano, lo artesanal, las comunidades, nuestros materiales, nuestros oficios. Por otro, continúa existiendo un enorme valor aspiracional asociado con lo internacional. Y en medio de ambos territorios, las figuras del entretenimiento siguen funcionando como algunas de las principales imágenes de esa aspiración que parece englobarlo todo. 

A veces la moda me parece predecible (y aburrida) precisamente por eso. Pero también sería injusto decir que todo permanece igual.

Hay voces nuevas que están poniendo sobre la mesa conversaciones alrededor de la moda que no necesariamente vienen de un contexto tradicionalmente relacionado con ella. Personas que llegan desde la cultura, el arte, la antropología, la música, la política, la tecnología o distintas comunidades y que están ampliando aquello que entendemos por moda.

Quizá ahí está una de las posibilidades más interesantes del presente: dejar de pensar la moda como un círculo cerrado.

Obvio es Viktor & Rolf.

¿Ser independiente es suficiente?

Durante estos 13 años, una de las preguntas que más he tenido que resolver en MEOW es si la parte comercial tiene que estar peleada con la parte creativa. Y en muchos casos me he sentido culpable, pero por otro lado pienso que he sido muy afortunada de colaborar con gente que respeta MEOW, mi visión creativa y la manera en que quiero ver sus marcas y productos desde una narrativa que se aleja de lo típico.

Para mí, estas oportunidades han sido una forma de poner a prueba que un medio independiente también puede asociarse con marcas internacionales y que, al final, siempre estamos colaborando con gente de diferentes contextos y maneras de pensar. Un medio como MEOW necesita sostenerse para poder ser más que un hobby.

Por lo tanto, me parece necesario apuntar que trabajar con marcas, desarrollar proyectos comerciales o generar contenido pagado no invalida automáticamente una práctica editorial o periodística ni tampoco es la única vía para hacer un proyecto sostenible. Para mí, lo que importa es cómo se construyen esas relaciones, qué límites existen, qué se comunica y qué principios permanecen.

Nos han criticado porque no hacemos tanta crítica de moda. Y lo entiendo, pero también creo que la crítica no es la única manera de construir una postura editorial.

Una postura está en las historias que eliges contar y no contar; también en cómo las cuentas, con quiénes trabajas, qué prácticas internas se cultivan en el proyecto y qué personas acompañas en el proceso.

MEOW ha sido un medio 100% independiente sostenido por una mujer durante 13 años. Eso, para mí, también habla de una postura.

No porque nos convierta en un medio perfecto. Todo lo contrario: porque evidencia que hacer un proyecto editorial independiente también consiste en aprender, equivocarse, cambiar, negociar, sostenerse y volver a preguntarse para qué existe.

Entonces, ¿por qué necesitamos periodismo de moda?

No porque necesitemos demostrar que la moda es importante o porque tengamos que convencer a otras disciplinas de que hablar de ropa merece un lugar en la conversación cultural.

Sino porque todavía tenemos muchas preguntas e historias que contar si se mira con detenimiento, si paramos la sobreestimulación un momento y nos enfocamos en contar aquello que nos mueve el alma. Hacer periodismo no es solamente subirnos a los trends, es crearlos. Es participar activamente en la cultura y en cómo se va moldeando con muchísimas otras cosas.

Al final, la moda seguirá siendo estigmatizada como frívola y superficial, pero también podemos comunicar y recordar que sigue siendo una disciplina humana.

Porque necesitamos distinguir entre información y opinión, entre contenido y contexto, entre una tendencia y aquello que la produce.

Porque necesitamos más proyectos que no tengan miedo de experimentar con las formas de comunicar moda, pero que tampoco olviden los principios que hacen que el periodismo sea periodismo.

Y porque quizá hoy no necesitamos simplemente más creadores, medios ni más periodistas. Necesitamos mejores conversaciones; conversaciones que vengan desde la curiosidad y la observación, con estructura, contexto y responsabilidad.

Después de 13 años haciendo MEOW, sigo sin tener una respuesta definitiva sobre cómo debería ser el periodismo de moda en México. Y no siento que deba tenerla; por eso sigo preguntándome cosas todos los días y sigo abierta y dispuesta a seguir creciendo. Creo que al final, elegir ser periodista, curadora o editora de moda es una obra en proceso que no termina conmigo, sino empieza con lxs demás.