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Culture
Rana Plaza. La moda hoy, a cinco años de la tragedia
18.06.2018
Por Fernando Lucio Escalera

“Compra menos. Elige bien. Haz que dure. Calidad, no cantidad.”

Vivienne Westwood

 

En abril de 2013, el edificio manufacturero de prendas destinadas a grandes empresas del fast fashion, el Rana Plaza, en Bangladesh, colapsó en su totalidad bajo los pies de las miles de trabajadoras —explotadas y mal pagadas— que fueron obligadas a laborar en las pésimas condiciones de la estructura, a pesar de las notorias grietas, crujidos y sobrecupo del lugar.

Inmediatamente después del derrumbe, la firma canadiense Joe Fresh envió personal para investigar, pues su manufactura se había instalado en el edificio para marcas como Primark y Benetton. De igual manera J. C. Penney  tenía gente trabajando en el Rana Plaza. La lista de compañías que mantenían algún tipo de relación con el complejo fabril incluye a C&A, Inditex y Walmart, entre otras, y se puede consultar en la página de Clean Clothes Campaign, una alianza global que desde 1989 se dedica a mejorar las condiciones de trabajo y empoderar a los trabajadores en las industrias mundiales de indumentaria.

El saldo: 1,134 personas muertas, y más de 2,000 heridas, según cifras oficiales. Esta tragedia destapó una cloaca de injusticias, malos tratos, corrupción, y puso en jaque a la industria del fast fashion, la segunda industria más contaminante, sólo después de la petrolera, y considerada apenas este 2018 como una emergencia ambiental. ¿Pero de dónde viene la idea de objetos y moda desechable?

La Obsolescencia programada es un concepto que nace luego del crack del 29 en Estados Unidos. La producción era tan vasta y los productos tan buenos que la gente dejó de consumir, porque las cosas duraban, literalmente, para toda la vida. ¿Qué pasó entonces? Se implementaron métodos que hacían que todo se descompusiera más rápido, que se tuvieran que cambiar piezas o renovar aparatos eléctricos, autos, etcétera, para que el consumidor siguiera activo y la economía siguiera en marcha.

Esto viene a cuenta por la hegemonía explicada por el filósofo Antonio Gramsci, que está dictada por las grandes empresas quienes, con el pretexto de innovación, crean artículos que no necesitamos y sin los cuales el humano podría vivir sin problemas, no obstante, se nos implanta la necesidad de adquirir tal o cual objeto tan sólo por el hecho de ser nuevo o de que es el must have de temporada para sobresalir y tener un estatus.

El documental The True Cost —que también denuncia lo acontecido en Bangladesh— muestra cómo este tipo de consumo de rapiña está acabando con la esencia de lo que era la moda antes, y lo más impactante, con nuestro propio planeta. “Compramos y consumimos toneladas de ropa que no necesitamos, ropa que está hecha a base de la explotación y sufrimiento de miles de personas vulnerables que la mayoría de las veces tienen que trabajar en esta industria porque no hay ninguna otra opción de empleo.”

A raíz del derrumbe del Rana Plaza, diversos acuerdos se firmaron alrededor del mundo para salvaguardar los derechos de las y los trabajadores dentro de esta industria en Bangladesh: El Acuerdo de Bangladesh sobre Seguridad en la Construcción de Edificios y de Instalaciones de Sistemas contra Incendios (ACCORD), que básicamente vincula a marcas y sindicatos para darle seguridad, bienestar y dignidad laboral a todos los empleados del fast fashion en este país. Así mismo, 29 empresas estadounidenses formaron Alliance for Bangladesh Worker Safety, que se dedica a mejorar y mantener en buen estado las fábricas de ropa en ese país. Diversas plataformas surgieron también, como Fashion Revolution, que con base en una sinergia de apasionados por la moda de diversas disciplinas, crean, comercializan y exigen prendas a precio justo sin explotación de ningún tipo y de manera amigable con el planeta, alrededor del mundo.

Al 5 de junio de este 2018, Abercrombie&Fitch, IC Group, Pacific Brands y United Labels, decidieron no firmar la renovación del pacto ACCORD, que durará hasta 2021 y al que se han unido gigantes como H&M y Nike.

Según el documental The True Cost, el panorama es desolador: “El mundo ahora consume alrededor de 80 mil millones de prendas nuevas cada año. Esto es 400% más que la cantidad que consumimos hace apenas dos décadas.” Si las fábricas de fast fashion no se regulan de forma uniforme, si la oferta sigue creciendo como hasta ahora, no sólo podría haber otras tragedias más como la del Rana Plaza, sino que podríamos agotar los recursos de nuestro planeta mucho antes de lo esperado.

A cinco años, muy poco ha cambiado, pero la visibilización de estos aspectos oscuros de la moda y del consumo están ahí, y tan ciertos son que un nicho cada vez más grande se preocupa por un consumo responsable y amigable con el planeta. Sigamos ese ejemplo.

 

Más información:

Fashion Revolution: de la reflexión a la acción

https://elpais.com/elpais/2018/04/23/alterconsumismo/1524490982_683391.html

https://cleanclothes.org/about/who-we-are

http://bangladeshaccord.org/

http://www.bangladeshworkersafety.org/who-we-are/about-the-alliance

https://www.fashionrevolution.org/manifesto/

https://www.modaes.com/entorno/bangladesh-pierde-45-empresas-en-la-renovacion-del-acuerdo-por-la-seguridad-laboral-es.html

https://truecostmovie.com/