Hay logos que reconocemos y los volvemos parte de nuestra historia. Coca-Cola es uno de ellos. Puede aparecer en una t-shirt, en una lata, en una botella, en una pantalla o incluso parcialmente escondida y nuestro cerebro hace el clic: el rojo, la curva, esa tipografía imposible de confundir. No hace falta demasiado contexto: sabemos quién es.
Por eso, cuando una marca tan reconocible anuncia una nueva identidad visual, nuestra primera pregunta no es necesariamente qué cambió, sino algo un poco más interesante: ¿qué se atrevieron a no cambiar?
¿Cómo rediseñas Coca-Cola? No lo haces. Haces a Coca-Cola más Coca-Cola.
Rapha Abreu, Global VP Design, Coca-Cola
En MEOW Magazine tuvimos la oportunidad de conversar en exclusiva, durante la presentación de este nuevo sistema de identidad visual de Coca-Cola en Ciudad de México, con Rapha Abreu y Bruno Blaschek, quienes nos ayudaron a entender qué hay detrás de esta nueva etapa de la marca. Una conversación sobre la magia y precisión del diseño grafico y la memoria colectiva que nos inspiró a cambiar pero sin tener que cambiarlo todo.

Coca-Cola no necesitaba un nuevo logo
Vivimos en una época particularmente enamorada del rebranding. Cambiar la tipografía, adelgazar el logo, quitarle personalidad, ponerlo todo en sans serif y anunciar que ahora la marca “entra en una nueva era”. A veces parece que actualizarse consiste simplemente en borrar las huellas de lo que había antes.
El nuevo sistema de identidad visual de Coca-Cola decidió hacer prácticamente lo contrario. En lugar de comenzar desde una hoja en blanco, el proyecto recupera y amplifica elementos que llevan décadas construyendo la identidad de la marca: la Spencerian Script, el rojo y blanco, la Dynamic Ribbon y otros recursos gráficos que forman parte de su memoria visual.
No se trata de inventar nuevos códigos porque sí, sino descubrir cuánto más pueden hacer los que ya existen. Y esta es una lección de cómo en el diseño, las respuestas ya existen en lo ya creado.
“El reto es respetar y proteger el valor de estos elementos y, al mismo tiempo, prepararlos para el futuro”,
nos explicó Rapha Abreu durante nuestra conversación.
Y nos parece una frase bastante buena para describir lo que está sucediendo: preparar el pasado para el futuro. Porque una identidad visual no está destinada a vivir en un museo, por más icónica que sea, tiene que poder funcionar en los formatos que vienen después.
Del logo al sistema de identidad visual
La diferencia es importante. Cuando hablamos del rediseño de Coca-Cola, sería fácil pensar únicamente en el logotipo o en el packaging. Pero el proyecto va mucho más allá. Se trata de construir un sistema capaz de mantener reconocible a la marca en diferentes plataformas, mercados y experiencias.
La Coca-Cola de hoy tiene que existir en una lata, pero también en una pantalla o hasta en peluche. Tiene que funcionar en una fotografía, en movimiento, en una campaña global, en redes sociales, en un refrigerador, en un punto de venta y en espacios que probablemente todavía ni siquiera imaginamos.
“Una de las cosas que nos preguntamos fue: ¿cómo puedes ser icónico en un contexto en el que todo sucede tan rápido y en el que la atención de los consumidores se disputa en lo que dura un scroll?”
Bruno Blaschek, Global Marketing Sr. Director Coca-Cola
Por eso algunos de sus elementos ahora se mueven, literalmente. La tipografía, las curvas y otros recursos gráficos adquieren comportamientos dinámicos que permiten que la identidad pueda adaptarse a diferentes formatos sin perder reconocimiento.
Y aquí está el truco: Coca-Cola puede moverse sin perder su forma de ser Coca-Cola.

Para nosotras, ahí está una de las decisiones más interesantes del proyecto. No se trata de actualizar una marca simplemente para que parezca contemporánea, sino de preguntarse cómo los elementos que ya funcionan pueden comportarse en un ecosistema visual completamente diferente al de hace unas décadas.
Una marca global también cabe en una mesa familiar
Quizá lo que más nos interesó de nuestra conversación con Rapha y Bruno no tuvo tanto que ver con los logotipos. Tuvo que ver con los recuerdos, y personalmente, lo que realmente nos conecta con una marca como ésta.
Al preguntarles sobre sus memorias con Coca-Cola, ambos compartieron experiencias como: comidas familiares, reuniones, música y esos momentos aparentemente pequeños que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en memoria.
Rapha recordó las comidas de domingo en casa de sus abuelos y la Coca-Cola que siempre estaba presente en la mesa. Bruno habló también de la marca como parte de esos momentos en los que su familia se reunía.
Y ahí encontramos una de las claves para entender este proyecto: una identidad visual puede ser global, pero la manera en que la gente la vive siempre es personal.
“Un buen diseño debería ser muy empático. La empatía es uno de los principios más importantes cuando haces un gran diseño, porque necesitas entender al otro.”
Rapha Abreu
Puedes tener presencia en cientos de países, una identidad visual perfectamente sistematizada y millones de puntos de contacto, pero la relación con una marca puede empezar con una botella sobre la mesa de tus abuelos.
Durante la conversación surgió esta idea de que aunque Coca-Cola sea una de las marcas más grandes y reconocibles del mundo, su significado también se construye en esos pequeños momentos cotidianos.
“Para mí, la parte central siempre será humana. Siempre seremos comportamientos y necesidades. Por lo tanto, nuestro mayor desafío será encontrar el insight correcto en cuanto a qué es lo que realmente moviliza y conecta a las personas.”
Bruno Blaschek
Puede parecer paradójico que una marca global tenga que pensar en algo tan íntimo, y quizá ahí está el verdadero trabajo del diseño: conseguir que una identidad pueda ser reconocible para todos sin dejar de sentirse personal.

¿Y si la perfección no fuera el objetivo?
También hablamos de algo que nos parece inevitable en 2026: nuestra obsesión con la perfección.
Con la inteligencia artificial, las herramientas generativas y una cultura visual cada vez más pulida, resulta tentador pensar que un buen diseño es aquel al que no le sobra ni le falta nada. El que está perfectamente alineado, perfectamente renderizado y, preferentemente, no parece haber sido hecho por una persona.
Pero, ¿qué pasa cuando la imperfección comunica mejor? Esa fue una de nuestras preguntas.
Para Rapha, puede ser exactamente eso: perfecta. Todo depende de la intención y de lo que una marca necesita comunicar.
“Si eso es lo que tu marca necesita o lo que tu audiencia valora, la imperfección puede ser perfecta.”
Rapha Abreu
Coca-Cola tiene un ejemplo maravilloso para explicarlo. Pensemos en todas las veces que alguien ha escrito el nombre de Coca-Cola a mano. No reproduce exactamente la Spencerian Script. Las letras pueden estar torcidas, el trazo puede ser irregular y el resultado puede estar muy lejos de la ejecución original.
Pero hay algo que sí funciona: esa persona está haciendo suyo el lenguaje de la marca.
La imperfección deja entonces de ser un error y se convierte en expresión. El consumidor puede reinterpretar el logo, pintarlo, dibujarlo o modificarlo y, aunque técnicamente no sea perfecto, puede resultar perfecto en términos de lo que está comunicando.
Desde MEOW, esta parte de la conversación nos parece especialmente interesante porque abre una pregunta más amplia sobre el diseño contemporáneo: ¿hasta dónde una marca puede controlar su identidad cuando una parte de su valor también depende de cómo las personas la hacen suya?



Coca-Cola Zero Sugar y el arte de pertenecer a la misma familia
El cambio también puede leerse en el packaging. Coca-Cola Original y Coca-Cola Zero Sugar mantienen códigos particulares que permiten distinguirlas rápidamente en el anaquel, pero ahora comparten una relación visual más cercana.
El negro continúa siendo un elemento importante para Coca-Cola Zero Sugar y existen recursos específicos que facilitan su identificación. Sin embargo, ambas expresiones del producto forman parte de una misma familia visual y comparten más elementos de identidad.

La lógica parece sencilla, aunque diseñarla no lo sea tanto: los productos necesitan parecerse lo suficiente para que entendamos que pertenecen a la misma marca, pero diferenciarse lo suficiente para que sepamos qué estamos eligiendo.
Demasiado parecidos y nadie sabe qué está comprando. Demasiado diferentes y olvidamos que vienen de la misma casa. El nuevo sistema busca precisamente ese punto medio: no reinventar sino ajustar.
El lujo de no empezar desde cero
Después de nuestra conversación con Rapha Abreu y Bruno Blaschek, quizá la palabra que más se nos quedó fue amplificar.
No transformar. No borrar. No reemplazar. Amplificar. Tomar algo que ya tiene significado y encontrar nuevas maneras de hacerlo funcionar. Y eso, aunque parezca sencillo, requiere una buena dosis de contención. Porque cuando tienes una marca con tanta historia, probablemente podrías hacer muchas cosas. El verdadero reto está en saber cuáles no necesitas hacer.
“No se trata de transformar la marca, ignorarla o perder cosas que tienen tanto valor, sino de amplificarlas, hacer que funcionen mejor y darles nuevos significados y nuevas maneras de expresarse.”
Rapha Abreu
Coca-Cola tiene algo que muchas marcas pasarían décadas intentando construir: reconocimiento, memoria, códigos propios y una relación emocional con distintas generaciones. Sería bastante absurdo tirar todo eso por la borda para parecer “más actual”.

En lugar de eso, este nuevo sistema de identidad visual parece preguntarse cómo hacer que esos mismos códigos puedan seguir hablando cuando cambien los medios, las generaciones y las formas de consumir imágenes.
“Es el equilibrio entre mirar al pasado pensando en el futuro. Tomar un elemento viejo y transformarlo o adaptarlo para el futuro.”
Bruno Blaschek
Y quizá ahí está la parte más inteligente de este rediseño. En un momento en que parece que todas las marcas quieren reinventarse, Coca-Cola hizo algo bastante más difícil: se quedó siendo Coca-Cola.
Solo que ahora sabe moverse un poco mejor y eso era todo lo que necesitaba.








