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Cover
ROBERTO AGUILAR, un artista sin prisa y sin pose
06.01.2026
Por Olivia Meza de la Orta
fotografía Dorian Ulises López
estilismo Oliver Chávez
maquillaje y peinado Fernanda Ortiz

Nuestro primer Cover Story de 2026 comienza como un respiro de liviandad, juego y creatividad. El protagonista de Te quiero, me duele, Los 39 y Cometierra, Roberto Aguilar, resulta ser un hombre con alma de artista, los pies bien sembrados en la tierra y el corazón abierto hacia arriba.

Una mañana de invierno, en el oriente de la Ciudad de México, fue el escenario para conocerlo más de cerca. El artista mexicano, originario de Tlalnepantla, Estado de México, nos regaló su confianza para construir una historia de moda que narra la locura y lo absurdo de mezclar ideas, texturas y placeres en un mismo espacio. Un engranaje ideal donde también intervienen las visiones del equipo creativo: Dorian Ulises López, Oliver Chávez, Fernanda Ortiz y quien escribe, Olivia Meza.

En esta conversación, Roberto nos comparte cómo la actuación apareció de manera inesperada en su trayectoria artística y cómo reconocer los propios dones —y ponerse al servicio de ellos— es clave para seguir creando belleza en todas sus formas. Su proyecto más reciente, Cometierra, adaptación de la novela de la escritora argentina Dolores Reyes, fue nuestra excusa para comenzar.

El camino inesperado

“Antes de llegar a Cometierra, empecé en una serie llamada Te quiero, me duele. Es una creación de Cris Morena que está disponible en HBO Max y ese fue mi primer proyecto hace cuatro años.”

Rob encarna ese impulso genuino por crear desde el corazón. Algo que no siempre se entiende del todo, pero que insiste en existir. Su naturaleza intuitiva decidió decir que sí.

“Empecé en la actuación gracias a la música. Te quiero, me duele es un proyecto musical. Mi personaje es un artista urbano rapero, un poco una historia de Romeo y Julieta. Yo no sabía que era protagónico. Solo estaba siguiendo órdenes: ‘a ver, haz este casting y a ver qué sale’. Lo dudé porque no tenía experiencia en la actuación y, además, acababa de entrar a la universidad. Estaba estudiando Cine Digital y Postproducción, entonces pensaba: ‘es un proyecto muy grande, no tengo experiencia actoral’.”

Con apenas dos comerciales de televisión en su experiencia, Rob se descubrió cómodo frente a la cámara y fluyó como pez en el agua.

“Nunca había hecho algo así y, para mi personalidad —que a veces puede ser introvertida o penosa—, era muy loco el impulso que nacía cuando decían ‘¡Acción!’. Yo fluía, estaba presente y conectaba con la actriz que me daba la réplica. Fue bonito darme cuenta de que puedes salir de tu zona de confort y sentirte cómodo con lo que uno tiene.”

Entre callbacks e incertidumbre, siguió avanzando. Salir de la zona de confort y darse cuenta que lo que se tiene es suficiente, te da seguridad para dar el siguiente paso aunque ése no sea del todo seguro.

“Esa sensación de que me confirmaran y pensar que mi vida podía cambiar me volaba la cabeza. Me daba ansiedad, pero al mismo tiempo se sentía bonito saber que en menos de seis meses estaba avanzando actoralmente sin siquiera haberlo proyectado.”

Después de seis meses grabando Te quiero, me duele, llegó Cometierra.

“Me llegó un correo, leí la sinopsis y me voló la cabeza. Fue como: ‘creo que necesito estar en este proyecto’. Es una historia linda, pero con mucha responsabilidad social. Habla de mujeres y niños desaparecidos, de violencia, de memoria. La tierra tiene respuestas y Cometierra carga con esa responsabilidad.”

El proceso no estuvo exento de tensión.

“También hice casting para el policía Ezequiel y para el segundo callback me hablaron para Walter. Yo ya era la única opción, pero aquí nada es seguro. Te das cuenta de que, por más que te prepares, de la nada alguien puede decir: ‘no, no me sirve’.”

El rodaje marcó un punto importante en su camino.

“Fue un rodaje muy chido, con un cast muy mexa. Me gustó mucho que se diera la oportunidad de ir a barrios, parques, de buscar rostros nuevos. Gente que puede retratar ese rostro mexicano y contar estas historias con una cercanía que pocas veces se ve en el cine.”

Música · El origen y la voz propia

Aunque la actuación tomó fuerza, la música siempre estuvo ahí.

“Siento que esta parte de contar historias la traigo desde niño. Mi primer acercamiento al arte fue la fotografía, luego el video y la música. Vengo de una familia de músicos por parte de mi madre: mis tíos, primos y sobrinos tienen proyectos musicales.”

Mientras estudiaba Cine Digital y Postproducción, la música seguía siendo el motor.

“Empecé a hacer comerciales porque quería hacer música y muchas veces la producción musical no es barata. Pensé: ‘empiezo aquí, sale una lanita y con eso financio mi carrera musical’. Pero había algo en mí que me llamaba de la actuación y de poder transmitir algo a las personas.”

El 2025 fue un año de contrastes.

“Fue un año raro, creo que para muchos. Del lado musical sigo muy chavo, todavía estoy aprendiendo a armar un equipo, a construir un concepto que conecte con la gente.”

Pero también llegaron recompensas.

“Se dieron oportunidades muy bonitas, como abrir shows para artistas que escuchaba en la prepa, como West Gold. Hacen G-Funk, un subgénero del rap del West Coast de los noventa, y fue el primer género con el que empecé. Poder abrirles un concierto fue un sueño.”

El escenario confirmó algo esencial.

“La gente me decía: ‘cuando tomas el micrófono te metes en un personaje y eres otro’. Eso me dio mucha motivación para seguir componiendo.”

Además de rapero, Rob también es DJ.

“Lo retomé en 2025. Me encanta estar en mi cuarto dándome un concierto solito. Escucho de todo: afrobeats, house, hip hop, boom bap. Mucha música latinoamericana. Me gusta hacer bailar a la gente; la salsa también me gusta, aunque a veces pierda el ritmo.”

Moda, proceso y conciencia

La sesión de fotos fue otro lenguaje narrativo.

“La moda transmite mucho. Las prendas guardan historia y energía, y la gente puede sentir un mensaje a través de ellas.”

Rob recuerda algunos looks con especial cariño.

“Me gustó la combinación de Palestina con mariachi, la gorrita de Mazatlán y los Jordan. Ese es de mis favs. Y el que traía con el bebé Trix… no sabía por dónde meter las piernas, eran pants sobre pants sobre pants. Ese está cabrón.”

Para él, el proceso creativo nunca es lineal.

“Esto es un sube y baja. La vida me tenía que mostrar eso para apreciar cada proyecto, sea pequeño o grande. Todo suma y no siempre va a ser hacia arriba.”

Mirar hacia adelante · 2026

Cuando le preguntamos por sus deseos para el nuevo año, Rob no duda.

“Me encantaría hacer mi primera película. Hasta ahora solo he hecho series. Y lanzar mi primer EP, que he pospuesto desde hace años.”

Más allá del trabajo, hay algo más profundo.

“Han pasado cosas caóticas en casa y me gustaría que este 2026 traiga más frutos para mi familia. Estar más unidos, recuperar esas conversaciones simples con mis papás, contarles mi día. Eso también es importante.”

Sin prisa, sin pose y sin promesas vacías, Roberto Aguilar está construyéndose. Un Work in Progress que este año estaremos siendo testigos y desde MEOW Magazine acompañándolo en sus odiseas creativas.

Nota para lector: Puedes ver el trabajo de Rob Aguilar, da click en Amazon Prime y HBO Max. Y síguelo de cerca en sus redes sociales.
Los atuendos de Rob son de Mucha