keyboard_arrow_left
close
keyboard_arrow_right
Culture
Visión que florece: Patricia Elías Calles, fundadora de FYJA
05.05.2026
Por Olivia Meza de la Orta

En la reciente edición del Festival de flores y Jardines 2026, tuvimos oportunidad de conocer a Patricia Elías Calles, fundadora y gestora de este proyecto.

Hablar de áreas verdes en la Ciudad de México es un tema complejo, ya que la masa urbana ha acaparado casi todo. Algunos guiños son los que aun se asoman y resisten sobre aquella ciudad lacustre que fue totalmente extraída. Y en consecuencia también sobresalen proyectos que buscan promover el cuidado y la atención hacia los seres vivos que sostienen el oxígeno de este planeta.

Si bien, el FyJA es un evento efímero, el epicentro donde sucede atrae a miles de visitantes con la esperanza de conectar y dialogar con obras florales y el paisaje citadino. Patricia creó este encuentro primero con el propósito de activar y regenerar el Jardín Botánico de Chapultepec. Y sus primeras ediciones tomaron lugar allí, sin embargo, ahora Polanco se ha vuelto la sede, explorando diferentes zonas de la alcaldía para una ruta que puede disfrutarse a pie.

Conoce más sobre el festival y la visión de Patricia en esta conversación:

Viendo en retrospectiva tu trayectoria con el festival de adelante hacia atrás, ¿cómo consideras que ha evolucionado este evento y hacia qué dirección crees que vaya caminando?

Al principio imaginaba un festival de flores y jardines, pero con los años entendí que FYJA podía ser mucho más que eso. Empezamos en el Jardín Botánico del Bosque de Chapultepec, con una intención muy clara de rehabilitar, activar y visibilizar un espacio verde de la ciudad. Después el festival creció hacia la calle, hacia las fachadas, los parques, los recorridos, las instalaciones y el espacio público.

Hoy siento que FYJA se ha convertido en una plataforma cultural donde las flores son el punto de partida para hablar de ciudad, biodiversidad, diseño, paisaje, oficios, sostenibilidad y comunidad. Esta edición, por ejemplo, reúne jardines, arcos florales, fachadas, instalaciones participativas, talleres, charlas y recorridos. Eso habla de una evolución muy natural: el festival sigue siendo una celebración visual, pero cada vez es más un espacio para aprender, conversar y pensar cómo queremos habitar la ciudad.

Creo que hacia allá camina: hacia ser una plataforma cada vez más amplia, donde el mundo vegetal nos ayude a imaginar ciudades más sensibles, más verdes y más conscientes.

Ser una plataforma cada vez más amplia, donde el mundo vegetal nos ayude a imaginar ciudades más sensibles, más verdes y más conscientes.

Sobre el tema Jardín Mexicano, ¿cuáles son para ti tus jardines favoritos de la CDMX?

El Jardín Botánico del Bosque de Chapultepec es muy especial para mí, porque ahí empezó FYJA y porque fue el primer lugar donde sentí que el festival tenía sentido.

También me gustan mucho los jardines que aparecen de forma menos evidente: los patios de casas antiguas, los jardines interiores de algunos museos, las azoteas llenas de macetas, las banquetas donde alguien decidió cuidar un árbol o poner plantas. Me interesa mucho esa idea del jardín mexicano que no necesariamente es perfecto o diseñado desde cero, sino que nace de la mezcla, de la memoria, del cuidado cotidiano y de la creatividad.

Para mí, un jardín mexicano puede estar en un gran parque, pero también en una cazuela, una lata, una maceta de barro o un patio familiar. Esa capacidad de hacer crecer vida en cualquier rincón me parece profundamente mexicana.

Un jardín mexicano puede estar en un gran parque, pero también en una cazuela, una lata, una maceta de barro o un patio familiar.

¿Qué flores y plantas tendría tu jardín de ensueño?

Mi jardín de ensueño tendría muchas plantas mexicanas, plantas resistentes y plantas que atraigan polinizadores. Me gustaría que fuera un jardín con flores, pero también con sombra, aromas, texturas, hierbas comestibles y medicinales. Tendría dalias, por supuesto, porque son flores mexicanas hermosísimas; también plantas aromáticas, cactáceas, agaves, árboles que den sombra, flores de temporada y especies que inviten a mariposas, abejas y colibríes.

No lo imagino como un jardín demasiado rígido. Me gustan los jardines que cambian, que tienen ciclos, que no se ven iguales todo el año. Un jardín de ensueño para mí no sería solo un lugar bonito, sino un espacio vivo: un lugar para observar, aprender, cocinar, descansar y convivir con las plantas como seres vivos, no solo como decoración.

Un jardín de ensueño para mí no sería solo un lugar bonito, sino un espacio vivo

¿Qué prácticas crees que deberían reforzarse entre la industria floral en México y cómo dialogan en tu evento?

Creo que una de las prácticas más importantes es avanzar hacia una floristería más sostenible. La industria floral es muy bella y muy poderosa, pero también tiene retos importantes: el uso de materiales de un solo uso, plásticos, estructuras que no se reutilizan y espuma floral, que ha sido muy práctica durante años, pero tiene un impacto ambiental que ya no podemos ignorar.

En FYJA tratamos de abrir esa conversación con floristas, paisajistas, comercios y participantes. En algunas instalaciones no permitimos el uso de espuma floral y, en general, promovemos que se usen estructuras reutilizables, materiales biodegradables o compostables, y procesos que permitan reducir residuos. También buscamos que las plantas puedan tener una segunda vida: que regresen a viveros, se reubiquen o continúen su ciclo de alguna forma.

Me parece importante decir que esto no sucede de un día para otro. Es un proceso de aprendizaje para todos. Pero cada año vemos más floristas, diseñadores y participantes interesados en trabajar de otra manera, y eso es muy esperanzador.

Buscamos que las plantas puedan tener una segunda vida: que regresen a viveros, se reubiquen o continúen su ciclo de alguna forma.

Sobre la naturaleza efímera del evento, ¿cuál es el enfoque sostenible para tratar los desechos?

Esa es una de las preguntas que más nos hacemos, porque trabajamos con flores y las flores son efímeras. El festival también lo es: dura unos días, transforma la ciudad y después desaparece. Justo por eso nos interesa mucho pensar qué pasa antes, durante y después.

Nuestro enfoque es reducir lo más posible los residuos, reutilizar materiales y regresar a la tierra aquello que viene de la tierra. Para los residuos orgánicos trabajamos con procesos de composta; la idea es que las flores, hojas y materiales vegetales no terminen simplemente como basura, sino que puedan convertirse otra vez en materia viva.

También impulsamos que las estructuras se reutilicen, que se eviten materiales contaminantes y que las plantas utilizadas en jardines o instalaciones puedan reubicarse cuando sea posible. No es un camino perfecto ni terminado, pero sí es una línea de trabajo muy importante para nosotros. Queremos que FYJA sea una experiencia hermosa, pero también responsable.

Nuestro enfoque es reducir lo más posible los residuos, reutilizar materiales y regresar a la tierra aquello que viene de la tierra.

¿Cuál es la instalación que te emociona más ver en esta edición?

Me emociona muchísimo ver cómo se va a interpretar el tema de El Jardín Mexicano en Parque América, porque ahí se reúnen jardines y arcos florales que vienen de miradas muy distintas. Esta edición recibió muchas propuestas de profesionales, estudiantes y creativos de distintas regiones del país, y eso hace que el tema se vuelva muy rico.

Hay proyectos que me conmueven mucho, como El Jardín de mi Abuelita, que parte de esos jardines domésticos que aparecen entre la casa y la calle, con objetos cotidianos convertidos en contenedores de vida. También me interesa mucho Jardín Culinario, porque habla de la relación entre la cocina, la tierra, las hierbas, las plantas comestibles y la vida diaria. Y me emociona mucho Entre Grietas: Jardín Mexicano en Resistencia, el proyecto ganador de estudiantes, porque observa esa vegetación que crece en banquetas, muros, azoteas o espacios abandonados, y la reconoce como una forma legítima de paisaje urbano.

También tengo muchas ganas de ver El Congreso de las Plantas, de Céline Baumann, en Parque Lincoln. La pregunta que plantea —qué pasaría si las plantas tuvieran voz— me parece muy poderosa, porque nos invita a cambiar de perspectiva y a pensar que la naturaleza no está ahí solo para ser usada o vista, sino para ser escuchada.

Sobre el programa público, ¿qué te gustaría que sembrara en las mentes de los asistentes?

Me gustaría que sembrara curiosidad. Que la gente salga con ganas de saber más sobre las plantas, los jardines, los polinizadores, el agua, las flores mexicanas, los viveros, la chinampa, la agroforestería, la arquitectura orgánica y todas las formas en que el paisaje está conectado con nuestra vida diaria.

También me gustaría que sembrara una conciencia más cercana, no desde la culpa, sino desde el deseo. A veces pensamos que cuidar la naturaleza es algo enorme o lejano, pero puede empezar con una planta en casa, con cuidar un árbol de la banqueta, con observar qué insectos llegan a una flor, con preguntar de dónde viene lo que compramos o con entender mejor qué especies pueden vivir en nuestra ciudad.

El programa público es muy importante porque permite que el festival no se quede solo en la experiencia visual. Las instalaciones pueden emocionarte, pero los talleres, charlas, recorridos y actividades pueden darte herramientas para mirar de otra manera. Si alguien sale de FYJA con una pregunta nueva, con ganas de plantar algo o con más respeto por el mundo vegetal, creo que ya se sembró algo.

A veces pensamos que cuidar la naturaleza es algo enorme o lejano, pero puede empezar con una planta en casa, con cuidar un árbol de la banqueta, con observar qué insectos llegan a una flor…

¿Algún dato curioso sobre jardinería que hayas aprendido y que te gustaría sumar a nuestra conversación?

Algo que he aprendido y que me sigue pareciendo fascinante es que un jardín no se trata solo de escoger plantas bonitas. Un jardín implica observar el clima, el suelo, la luz, el agua, los ciclos, los insectos, las aves y las relaciones que se crean entre todos esos elementos.

También me ha impresionado mucho entender la importancia de los polinizadores. A veces vemos una flor solo por su belleza, pero detrás hay una relación vital con abejas, mariposas, colibríes y otros insectos. Sin polinización, muchos alimentos que consumimos todos los días no existirían de la misma manera.

Y algo que me gusta mucho de la jardinería es que te enseña paciencia. Las plantas tienen sus tiempos. No puedes apresurarlas ni controlarlo todo. Hay que observar, cuidar, esperar y aprender de lo que sucede. Creo que esa es una lección muy bonita, sobre todo en una ciudad donde casi todo nos empuja a ir rápido.

Algo que me gusta mucho de la jardinería es que te enseña paciencia. Las plantas tienen sus tiempos. No puedes apresurarlas ni controlarlo todo.

Foto de portada: Pablo Navarrete