Texto por Diego Torres Pantin
La diseñadora de moda Ana Neri se encontraba visitando su país natal, Venezuela. Procura ir una vez al año desde que se residenció en México. Se sentía conmovida; el 28 de julio la había desolado pero quería reconciliarse con la alegría de su origen. Acompañada de su madre, visitó una tienda de objetos usados. Compró un cuatro, el instrumento nacional. Le recordó sus viajes por el país.
Utilizando telas rescatadas, consideradas “desperdicio” por algunos, realizó un textil con el que luego forró el instrumento. Incluyó una foto de su madre en la composición Y lo nombró: El abrazo de la bienvenida. Allí se condensaba todo su universo: el uso de materia prima desechada por otros y la identidad múltiple. La obra participó en la exposición colectiva Creadoras, realizada en la Galería de Arte Nacional de Venezuela. Fue la primera vez que Ana expuso en su país.


Cada tela es una historia
El departamento de Ana Neri (1985), donde suele atender clientes, es ordenado. Cuando ella enseña las prendas que ha diseñado -chaquetas, conjuntos, vestidos-, el ojo detecta cuadros, capas y matices cromáticos. También en un par de sus muebles, o en textiles que cuelgan de las paredes, todos sus diseños han sido realizados con una técnica coreana llamada pojagi, que consiste en unir diferentes tipos de tela para lograr una composición. Ella cose los bordes de cada tela de una forma tal que permita que las costuras queden al aire. Con el hilo y la aguja, las va integrando al lienzo.

Construyendo puentes
Ingresó en la escuela de Diseño de Moda Brivil, pero culminó su formación en la Universidad de Palermo (Argentina), donde egresó como Diseñadora de moda y textil. Tras recibir una invitación de una amiga para visitar México, decidió instalarse allí. Laboró en los talleres de varios diseñadores de moda y en su cuarto año, gracias a su trabajo en la fundación Legorreta Hernández, empezó a viajar mensualmente para ofrecer talleres a diferentes comunidades mayas ubicadas en Yucatán, siendo Texán de Palomeque la más visitada. Aquí las artesanas ya habían creado su propia marca: Chuytikab.
Era darles nuevas herramientas para que ellas, con sus saberes, pudieran diseñar nuevas piezas.
Ana Neri
En el 2017, Ana fue seleccionada a través de una convocatoria impulsada por Don Julio Tequila. Con esta mención y apoyo económico decidió fundir sus vivencias y su identidad entre Venezuela, Argentina y México, al seleccionar y unir retazos de ropa de cada etapa. Habló con las mujeres de Texán de Palomeque para colaborar con los bordados e integró diseños florales que tomó de las acuarelas que su madre realizaba.
La colección se llamó Migración. “Quería contar mi historia entre tres países” y fue el nacimiento de su marca, By Ana Neri.

Génesis alternativo
Ana es consciente de los estragos de su rubro. El 20% del gasto de agua mundial y el 10% de la producción de dióxido de carbono son producidos por la industria textil. Por lo tanto ella tiene otros métodos basados en la transparencia y el trato uno a uno. Solicita a los proveedores que le informen las identidades de quiénes hacen cada pieza y también habla con sus clientes al respecto, pues considera que el consumidor puede ser un agente activo del cambio. Ella ama con intensidad la moda, pero quiere que el mercado en el que se desempeña se revista de dinámicas más éticas.
ENTREVISTA
Diego Torres: ¿Dirías que tu procesos son opuestos a los métodos industriales?
Ana Neri: Hago técnicas textiles antiguas y veo cómo aplicarlas a la modernidad. Hubo un momento en que me cuestioné muchísimo seguir trabajando en moda. Es por la parte ambiental, la contaminación de la moda: somos la segunda industria más contaminante del mundo.
También por el poco valor que las grandes industrias les pagan a quienes hacen la ropa. No quería seguir haciendo ropa con este fin. Quería que el cliente pudiera ser capaz de ver de dónde venía la ropa. Reconstruí mi lenguaje verbal y textil. Por eso digo que es slow fashion, moda lenta. Son procesos que tardan, los textiles van agarrando fuerza. Luego se distribuyen en tiendas o en línea.

DT: ¿Crees que esa conciencia podría pasar al resto de la industria de la moda?
AN: Siento que depende de cada marca y de quién está detrás. La diseñadora uruguaya Gabriela Hearst está posicionada, ha ganado premios y menciones por cómo, a través de la sustentabilidad y lo consciente, sabe quién está detrás de la lana y del diseño. Es una de las diseñadoras más grandes del mundo.
Cada persona puede poner su grano de arena. Hay marcas que están haciendo lo posible. Cada uno está haciendo su forma de cambiar. Tenemos que ser conscientes de que venimos de décadas de trabajar con la parte masiva y repetitiva. Hay que cambiar la mente no solo de quien diseña, sino también del consumidor: enseñarle a hacer preguntas. “¿Qué más necesito en mi clóset?, ¿puedo intercambiarlo?”.
La moda rápida, la confección y ese trasfondo hacen piezas que duran poco. Entonces el ciclo de la ropa, de la venta y del desecho. No tires ropa: busca la forma de darle una segunda vuelta. Es muy complejo definirlo. Siento que se ha avanzado mucho, pero falta mucho. También hay que cambiar leyes ambientales.

Hay que cambiar la mente no solo de quien diseña, sino también del consumidor: enseñarle a hacer preguntas
Ana Neri
DT: Por favor, cuéntanos del proceso colectivo de By Ana Neri.
AN: No hay forma de hacerlo todo sola. En mi taller, yo hago diseños, selecciono telas, y si hay que hacer lienzos, los hago yo. Después, tres costureros trabajan diferentes piezas. Luego esa pieza se hace acá. Se hacen fotos y se distribuye. Algunas se quedan aquí para atender clientes que vienen al estudio. Otras van a tiendas. Gracias a ese apoyo puedo seguir creando. Salimos ganando todos. Lo que es el textil, ese sí lo hago sola por completo. Si te vas uniendo con gente y con el equipo, las cosas crecen.
DT: ¿Por qué crees que la industria de la moda está tan ligada a los escándalos de apropiación cultural? ¿Cómo lo evitas?
AN: Siento que, si eres consciente, puedes trabajar con comunidades y trasladar diferentes formas. Puedes decir tus inspiraciones, decir qué cosas no vienen de ti. Depende de cómo te comunicas. Te puedes inspirar, pero tienes que darle espacio a esa persona para que el público la reconozca también. Si no se cuenta quién está detrás, qué manos hubo y de dónde te inspiraste, nacen los escándalos. Y con razón.

DT: Veo tonos pastel y colores suaves en tus piezas, ¿por qué?
AN: Empezando por la materia que uso, que son manteles antiguos, casi todos son de colores así. Viene determinado por la materia prima, entonces prevalecen en la marca. Pero igual me gusta trabajar con acentos rojos o azules. Siempre estoy vestida de negro, de blanco o beige. Me gusta esa frescura que da una pieza de colores suaves y mezclarla con un saco negro. El amarillo pericón es algo que trato de usar, porque me gusta mucho. El cascalote también. Siempre aporto desde la materia prima existente. Me gustan esas paletas, pero con acentos. Es unicolor en cierta parte, pero cuando se involucra con textiles, hay más acentos de colores.
DT: ¿Podríamos decir que tu trabajo es “collage textil”?
AN: Sí, claro. Cada unión de telas cuenta una historia. Son retazos de diferentes patrones con diferentes historias. Y todo eso luego se aplica a muebles, ropa y arte. Tiene deconstrucción y construcción a través de esa historia. Siento que es muy geométrico, pero a la vez hay romanticismo. Hay telas lisas, pero con encaje. Es la parte antigua de mi lenguaje. Hay piezas de más de 20 años, y siento que, como lenguaje, habla de los seres humanos, que somos multifacéticos, y al final nos une una cosa, que es el yo. Es un tipo de lenguaje que ves. Me pasa que puedo diseñar algo, pero al espejarlo, la historia es otra. Eso es algo que me da adrenalina hacerlo. Puedo controlar una parte, pero la segunda parte, no. La vida es así.

DT: ¿La obsesión venezolana con el arte geométrico -que se ve en las obras cinéticas regadas por Caracas- ha influenciado en tu trabajo?
AN: En Venezuela crecimos viendo la geometría en la calle. Siento que esa influencia puede venir de la parte inconsciente. Y es bueno que lo digas, porque es algo que estoy trabajando mucho. Tus vivencias forman tu manera de ver la vida. En mi caso, esa geometría viene de 17 años de ser migrante, de pisar el suelo del aeropuerto de Maiquetía y ver ese suelo de mil colores. Siento que es algo inconsciente y a la vez consciente, con ese historial geométrico que viene de Venezuela. A la hora de crear me dejo llevar, aunque no sé definir qué quiero decir al momento, es interesante porque de cerca dice algo y de lejos otro. Es muy difícil ponerle un nombre a eso.
DT: ¿Dirías que, tanto en textiles, muebles o ropa, la memoria es parte de tu discurso?
AN: Por supuesto. Por ejemplo, mira la silla de mi sala. A mí me trasladó a la infancia esa silla. Era una silla antigua, idéntica a la silla que tenía mi papá. Tenía que transformarla, hacer una nueva vida. Para mí, la creatividad no para. Y todo pasa a través de una memoria. Algo que ya vivió lo traslado a una pieza nueva. Todo tiene un recuerdo que es transformado a otra cosa. Esta obra del cuatro venezolano que expuse en la GAN nace de mi experiencia, de la memoria del cuatro, el zapateo. Todo tiene memoria. Mis muebles son usados, yo los rescato y tienen su propia historia.

Cuando tengo una pieza, ésta será habitada y llenada de nuevos recuerdos. Siento que un mueble habla muchísimo de la persona. Y cada persona que se lleva una de mis piezas se identifica con esa pieza. Se juntan. En la ropa hay mucha memoria. Mi pantalón tiene historias de diferentes personas, porque lo hice con partes sobrantes de distintos encargos que me hicieron clientes.

Conoce más del trabajo de Ana Neri en su página web y redes sociales.

















