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Think
Del privilegio blanco a las celebridades como realeza, ¿qué tan adolescentes fuimos?
03.05.2019
Por MEOW staff

Hace 13 años, Sofía Coppola estrenó Marie-Antoinette, la reina francesa que históricamente se le reconoce por ser la última reina antes de la Revolución Francesa y en su apego hacia la moda y el lujo. Este filme que ganó el Oscar a Mejor Vestuario, de ninguna manera intenta ser una biopic. De hecho, en su estreno en el festival de Cannes, la película fue abucheada por un par de reporteros (en Francia, normalmente se abuchea una película cuando es considerada poco objetiva y desapegada a los hechos reales).

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Sin embargo, la narrativa de la película deja claro al espectador que retratar fielmente la vida de María Antonieta no era la idea de Sofía Coppola. Prueba de esto, es la atención extrema a las experiencias banales que podrían cautivar a una adolescente promedio (tal y como nosotras en es entonces), como las amistades, las fiestas y el cotilleo; el romance, la ropa, los accesorios lujosos y las mascotas. Digamos que este personaje interpretado por Kristen Dunst, muestra el lado más personal, trivial y excéntrico de una María Antonieta que a los 15 años de edad aproximadamente se convierte en la pareja de Luis XVI, uno de los reyes más poderosos de la Europa de su tiempo.

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Esta visión de la monarca comparte elementos con la misma vida adolescente de Coppola, pues en la película se refleja el gozo de todos los beneficios que trae consigo el white privilege del siglo XXI. Es reconocido que Sofía Coppola proviene de una familia poderosa (hija del famoso director Francis Ford Coppola). Ahora, el hecho de que la película retrate únicamente la situación favorecida de las adolescentes blancas de Occidente no es criticable sino abre la conversación hacia una analogía entre lo que fue antes y es ahora sin que cambiaran mucho las cosas.

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Si partimos del hecho de que Sofia Coppola articula su película desde su propio contexto, es decir, desde el white privilege del año 2006, la cultura de las celebridades de principios del siglo XXI es indispensable para apreciar mejor la película y tener nuevos puntos de vista. En ese mismo año recuerdo haber leído en algún artículo de revista, mientras me aburría en la prepa, lo siguiente: “Las celebridades de Hollywood son la nueva realeza”. Eso es básicamente la cultura de las celebridades. Éstas se consolidaron como los nuevos referentes sobre los valores que eran esperados en los adolescentes de las clases medias, sustituyendo a figuras políticas, religiosas, científicas o intelectuales. Estas figuras siempre habían tenido atención, pero jamás habían recibido tanta cobertura mediática ni tenían el poder de influencia que gozaban las actrices y cantantes como ahora.

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En ese mismo año 2006, las socialités Paris Hilton y Nicole Richie (estrellas de The Simple Life) aparecían cada semana en la televisión y los encabezados de diferentes artículos de medios impresos y electrónicos. Salían con otras celebridades como Lindsay Lohan, Britney Spears y Avril Lavigne. Ellas nos dictaban qué veíamos (reality shows, chick flicks como Mean Girls); cómo hablábamos (“¡eso es hot!”); cómo nos vestíamos (con jeans a la cadera, gorras Von Dutch, tees y pants con leyendas, botas Uggs y celulares con mucho brillo); y qué música escuchábamos (“Complicated” de Lavigne, “Toxic” de Spears, “Rumors” de Lohan, “Stars are Blind” de Hilton).

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La fiebre por las celebs llegó con miles de horas de entretenimiento para los adolescentes de esa época y una sensación de cierta identificación con personajes opulentos, pues podían venir de abajo o comportarse como una persona promedio. De hecho, el éxito de The Simple Life de Paris Hilton radicó en que mostraba a chicas de la alta sociedad haciendo tareas cotidianas de gente promedio. La audiencia se divertía a costa del ridículo que Paris Hilton hacía y, al mismo tiempo, se sentía identificada con ella.

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El 2006 fue el año anterior al quiebre existencial de Britney Spears y Lindsay Lohan, cuyas vidas llenas de fiestas y lujos fueron capturadas por paparazzis de revistas que criticaban sus conductas mientras les pedían más fotos para sus revistas y el entretenimiento de millones de personas en el mundo. Mujeres jóvenes que subieron a lo alto a una edad muy temprana, actuando en la forma que la sociedad quería que se comportase y después cayendo desde muy alto frente a todos, tal y como María Antonieta. Es como si Sofía Coppola nos quisiera dar una lección sobre lo complicada que puede llegar a ser la adolescencia y lo caótico que puede resultar la fama. A veces, una película considerada un chick flick nos puede arrojar información valiosísima sobre nuestros tiempos. ¿Qué opinas si las vemos de nuevo?

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