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Highlights
El voto en México, una lucha feminista
03.07.2020
Por Olivia Meza de la Orta

Es increíble que solo han pasado 65 años desde que el voto femenino fuese una realidad. La lucha por la igualdad sigue manifestándose pero fue en la década de los 50 a los 80 cuando en México se reveló esta revolución femenina que llevaba años gestionándose.

La primera vez que se habló del voto femenino fue durante la Revolución Mexicana, cuando surgió un grupo activista llamado Las Hijas de Cuauhtémoc, liderado por Dolores Jiménez y Muro (responsable de redactar el prólogo del Plan de Ayala) quienes se oponían a la dictadura de Porfirio Díaz y exigían, entre varias causas, la participación de la mujer en la política. La mujer mexicana, no solo cocinó, enmendó y curó durante la Revolución Mexicana, sino luchó codo a codo con los hombres y fue en este parteaguas –relativamente reciente– que la mujer comenzó a exigir y a luchar activamente sobre su participación política, igualdad de derechos y reconocimiento ciudadano.

FEMINISTAS MEXICANAS

La idea del voto volvió a surgir después de la Revolución Mexicana, cuando se convocó al Primer Congreso Feminista organizado por el general Salvador Alvarado. En 1922 Elvia Carrillo Puerto, conocida como La monja roja, fue una de las pioneras en esta lucha y la primera mexicana electa como diputada al Congreso Local de Yucatán, pero dos años después tuvo que renunciar debido a las amenzas de muerte que recibía. Con ella, surgen actorxs importantes de este movimiento como Consuelo Zavala, quien junto a Elvia fundaron ligas feministas por todo el estado de Yucatán; Beatriz Peniche de Ponce y Raquel Dzib Cicero encabezaron las luchas a favor de la mujer explotada en el campo y jefas de familia también.

Ilustración por Hilda Palafox

EL PAPEL DE LA PRENSA FEMINISTA

Durante el Porfiriato publicaciones feministas entre ellas, Las Violetas del Anáhuac, fundado desde 1888 por Laureana Wright exponían nuevas perspectivas y reformas para educar a las mujeres e invitarlas a reconocer sus derechos y libertades. Por supuesto el derecho al voto era una de sus voces más fuertes.  Al mismo tiempo, en América Latina las mujeres también urgían sus derechos, entre ellos el del sufragio, en una época de paz después de los conflictos mundiales. Pero, ¿qué pasó antes de ser acreedoras a este derecho? ¿Cómo llegó la idea que cambiaría el curso de las elecciones y las estadísticas de representación a materializarse?

“Venimos al estadio de la prensa a llenar una necesidad: la de instruirnos y propagar la fe que nos inspiran las ciencias y las artes. La mujer contemporánea quiere abandonar para siempre el limbo de la ignorancia y con las alas levantadas desea llegar a las regiones de luz y verdad”, Laureana Wright.

Según la fuente del gobierno federal, el 12 de febrero de 1947 se inscribió en el Diario Oficial de la Federación un decreto que adicionaba al artículo 115 de la Constitución Mexicana como “el derecho de las mujeres para votar y ser votadas solo en las elecciones municipales”.

EL DERECHO AL VOTO COMO RECONOCIMIENTO DE LA CIUDADANÍA DE LA MUJER

Pero esto no fue suficiente. Más de veinte mil mujeres protestaron en la plaza 18 de Marzo en 1952 exigiendo su derecho al voto y a su ciudadanía plena. Para ese entonces la ONU extendió invitaciones a los países que faltaban por reconocer a la mujer como igual en las casillas. A finales de 1952 solo seis países en América Latina no otorgaban el sufragio femenino, entre ellos, México fue el último en obtenerlo.

Fue en 1953 –y bajo la presión ciudadana de sus promesas de campaña– cuando Adolfo Ruiz Cortines concedió el tan esperado sufragio femenino. Las mujeres en México votaron por primera vez el 3 de julio de 1955. Sin embargo, el machismo y las arraigadas tradiciones de ‘la política es solo para hombres’, prevalecía para que las mujeres fueran votadas. Tuvieron que pasar 24 años para que en 1979 México tuviera a la primera gobernadora estatal (de Colima), Griselda Álvarez Ponce de León.

USEMOS NUESTRA VOZ

El camino ha sido largo, luchando en contra de un patriarcado opresor y creyente superior, y que hasta la fecha continúa mermándose en muchos otros aspectos sociales, económicos y culturales, también. El sufragio femenino significó el reconocimiento y la igualdad en la participación política que estamos segurxs aún no se alcanza del todo. Sin emabrgo hoy quisimos dar este espacio a la importancia de este derecho por el que vivieron y murieron nuestras ancestras. Realmente es algo nuevo para nosotras e incluso para nuestras abuelas, tías y madres también. No lo tomemos a la ligera y usemos la información y el conocimiento para usar nuestra voz y participar activamente en la toma de decisiones, tanto de nuestra comunidad como del país.

Este texto fue realziado en colaboración con Dannie Zarazúa