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Culture
La estética del riesgo: Por qué los juegos de azar y estrategia siguen siendo un referente cultural y de moda
21.09.2026
Por Redacción MEOW

Existen espacios que se recuerdan por lo que sucede en ellos y otros, por la imagen que construyen alrededor de lo que sucede. El casino pertenece a la segunda categoría. Antes de pensar en las cartas, las mesas o las reglas, aparece la escena con superficies verdes, luces cálidas, dorados, rojos profundos, trajes cuidadosamente elegidos y cuerpos que parecen saber dónde deben colocar las manos.

Ese imaginario ha sobrevivido porque el casino funciona como una máquina visual. Su arquitectura, su vestimenta y sus rituales producen una estética reconocible hasta para quien jamás ha entrado a uno. La moda lo entendió hace tiempo. También el cine, la fotografía, la ilustración y, ahora, los espacios digitales. 

Mujer con camisa blanca y estética de naipes

El casino como escenario donde el diseño convierte el riesgo en lenguaje

El diseño del casino responde a una lógica muy precisa. Su arquitectura organiza recorridos y encuentros, y cada elemento decorativo contribuye a construir una atmósfera distintiva y fácilmente reconocible. El verde del paño, los metales dorados, los rojos intensos y las superficies brillantes conforman una paleta visual que define su identidad estética.

No es casualidad que la arquitectura de casinos siga siendo un campo especializado. Building Design+Construction publicó un ranking de las 25 principales firmas estadounidenses de arquitectura e ingeniería vinculadas con casinos, una señal de que estos espacios continúan planteando problemas específicos de diseño.

La transformación también ocurre en la escala urbana. Li y Tranos, en Gambling: A Story of Remarkable Stability in Fast-Changing High Streets, estudiaron la presencia de establecimientos de juego en las calles comerciales británicas entre 2014 y 2023. Su hallazgo es fundamental para una lectura cultural; mientras muchas calles comerciales cambiaban, estos establecimientos mostraban estabilidad.

El casino, entonces, no es solamente un interior. También es parte del paisaje y de la memoria visual de una ciudad.

Cuando la mesa se vuelve digital

El ritual social del casino tampoco desapareció con la llegada de la pantalla: simplemente cambió de escenario. Lo que antes dependía de una sala física, la mirada del crupier, el gesto calculado, la tensión compartida alrededor de la mesa, hoy busca una versión equivalente en plataformas que intentan recrear esa misma experiencia sensorial.

Esa búsqueda por conservar el ritual explica el auge de los formatos que combinan tecnología e interacción humana real. El concepto de casino en vivo, entendido como una plataforma de entretenimiento interactivo con crupieres reales, puede leerse culturalmente como una traducción contemporánea de las dinámicas de representación social asociadas con los espacios físicos.

Aquí, la interacción humana permanece: hay voces, gestos, pausas, miradas y señales que se interpretan en tiempo real. También permanece la representación de la compostura bajo presión, esa pequeña coreografía de manos quietas, rostros atentos y cuerpos que intentan controlar lo que comunican.

La pantalla modifica la distancia, pero conserva parte del ritual. Lo llamativo está en observar cómo una tradición espacial se convierte en una escena digital compartida. Así es como las plataformas contemporáneas preservan dimensiones sociales y performativas que durante décadas hicieron del casino un objeto visual atractivo para la moda, el cine y el diseño. La tecnología cambia el escenario; la necesidad humana de leer al otro y ser leído, permanece. 

De las cartas de Schiaparelli al gráfico que termina en una camiseta

Las cartas tienen una ventaja que la moda rara vez desaprovecha, y es que son objetos gráficos perfectos. Tienen símbolos, jerarquías, figuras, números y una estructura visual inmediatamente reconocible. También pueden hablar de estrategia, destino, identidad o misterio sin necesidad de explicar demasiado.

Elsa Schiaparelli entendió muy bien esa capacidad. Su relación con el surrealismo convirtió objetos cotidianos en elementos capaces de alterar la lectura de una prenda. La propia casa recuerda hoy sus colaboraciones con artistas como Salvador Dalí, Man Ray, Jean Cocteau y Alberto Giacometti.

Más adelante, la diseñadora Mary Katrantzou retomó los patrones de los dorsos de las cartas para su colección Pre-Fall 2017. Vogue señaló entonces que la propuesta trazaba una línea hacia el surrealismo de Dalí, Cocteau y Schiaparelli.

El salto hacia el streetwear resulta lógico. Un as, una reina, un comodín o una baraja completa pueden pasar de una mesa a una sudadera sin perder significado. Entonces la carta deja de ser parte de un juego concreto y se convierte en un signo portátil.

Algo similar ocurre con el color, gracias a la capacidad de un tono para construir identidad cultural. El análisis del rosa, por ejemplo, recuerda la historia del Shocking Pink de Schiaparelli y la relación del llamado rosa mexicano con Ramón Valdiosera. El color, como las cartas, adorna a la par que posiciona.

Vestirse también es apostar por una identidad

Aquí aparece una conexión menos evidente pero más interesante. Y es que vestirse implica tomar decisiones bajo condiciones sociales concretas: quiénes somos, dónde estamos, quién nos mira y cómo queremos ser interpretados.

Joanne Entwistle ha desarrollado esta idea alrededor del concepto del dressed body, el cuerpo vestido. En The Fashioned Body: Fashion, Dress and Modern Social Theory, la autora entiende el vestir como una práctica corporal situada, que depende del contexto social, cultural, histórico y espacial. La tercera edición, publicada en 2023, no es una simple reedición; pues revisa el libro e incorpora debates sobre descolonización, diversidad, estudios queer, sostenibilidad, medioambiente y moda digital.

Desde esta perspectiva, la moda tiene algo inevitablemente performativo. Cada outfit plantea una hipótesis sobre la persona que lo lleva. Y ahí aparece el riesgo:

●  Un traje puede comunicar autoridad antes de que alguien diga una palabra;

●  Una silueta puede desafiar las expectativas sobre género o pertenencia;

●  Un color puede convertir una presencia discreta en una declaración;

●  Un accesorio puede funcionar como código compartido entre quienes reconocen su referencia.

La apuesta cotidiana consiste en exponerse a una interpretación, dado que vestirse es entrar en escena sin conocer del todo la respuesta del público. Por eso la compostura resulta tan importante. El cuerpo vestido debe sostener aquello que comunica. Caminar, sentarse, mirar, posar y esperar son acciones pequeñas, pero forman parte de esa negociación permanente entre identidad y percepción. 

El estilo casino también puede hablar desde México

En México y Latinoamérica, apropiarse de esta estética exige algo más que reproducir terciopelo, dorado y cartas gigantes. La cuestión está en qué ocurre cuando esos códigos se cruzan con lenguajes visuales propios.

La conversación mexicana sobre diseño ya ha mostrado que la moda puede dialogar con símbolos culturales sin reducirlos a decoración. Un diseñador puede tomar el tablero cuadriculado, la baraja, el rojo o la geometría de una mesa y enfrentarlos con textiles, técnicas, gráfica popular, denim o códigos urbanos mexicanos. El resultado más interesante no sería una réplica de Las Vegas. Sería una traducción.

La ilustración contemporánea mexicana ofrece otra pista. En diciembre de 2025, dedicamos un artículo a 5 ilustradoras mexicanas y destacamos, entre ellas, el trabajo de Andonella. Su práctica combina humor, cultura pop y crítica social; además, participó en Dibujimnasio, un juego de cartas pensado para activar la creatividad.

La baraja reaparece así como objeto gráfico y se aleja de la imagen de fetiche del casino. Es papel, diseño, instrucciones, interacción y posibilidad. La pequeña superficie donde alguien decide qué imagen colocar después. 

Del exceso decorativo a la arquitectura inmersiva

El casino contemporáneo tampoco se ha quedado quieto. Steelman Partners, en su análisis de tendencias presentado a propósito de G2E Las Vegas, describe una evolución hacia espacios abiertos, resorts integrados, tecnología incorporada e instalaciones audiovisuales inmersivas.

Hay algo revelador en ese cambio. Mientras el viejo casino podía parecer un mundo cerrado, casi artificialmente separado de la ciudad, el nuevo modelo intenta mezclar arquitectura, entretenimiento, hospitalidad, tecnología y circulación.

Para la moda, esto importa porque modifica el escenario donde el cuerpo aparece. La ropa nunca existe aislada de la arquitectura. Una silueta se percibe de una manera bajo una luz dura y de otra frente a una pared dorada; y un vestido cambia cuando atraviesa un pasillo estrecho o una sala abierta. La arquitectura del riesgo, entonces, también es una arquitectura de la mirada. 

Conclusión

La permanencia del casino en la cultura visual no depende de que sus símbolos sean literalmente utilizados. Su verdadera fuerza está en las ideas que condensa: incertidumbre, estrategia, lectura social, teatralidad y posibilidad. La moda comparte todas ellas.

Cada temporada propone nuevas formas de presentarnos ante los demás. Cada diseñador decide qué códigos conservar y cuáles romper. Cada persona que se viste toma referencias existentes y las reorganiza sobre su propio cuerpo.

Por eso la estética del riesgo sigue funcionando. No porque la moda necesite reproducir una mesa de juego, sino porque entiende algo que el casino ha convertido en espectáculo durante mucho tiempo: antes de cualquier resultado, ya estamos actuando.

Y quizá ahí esté la verdadera conexión entre una baraja y un guardarropa. Ambos contienen posibilidades. La diferencia es que, al vestirnos, las cartas siempre están a la vista.

Foto de Younes Barri en Unsplash