Antes de convertirse en la colección final, marca o línea de investigación, un proyecto de titulación puede ser mucho más que el cierre de una etapa universitaria, también puede convertirse en el medio para definir la primera declaración y postura frente al diseño y explorar hacia dónde llevarla después.
Este proceso representa un puente entre la etapa académica y el inicio de una trayectoria que comienza a tomar forma, donde cada estudiante comienza a definir una voz propia, abrir nuevas conversaciones y plantear cómo su práctica puede contribuir a la evolución, y a los cambios positivos en la industria de la moda.
Los proyectos parten de problemáticas, territorios y lenguajes distintos, sin embargo, todos tienen algo en común: permiten mirar la titulación desde otro lugar. No sólo como el resultado final de una formación, sino como el comienzo de una postura y mirada propia frente a la moda.


Desde México, una nueva generación de egresados de la licenciatura en diseño de modas, han convertido esta etapa, en un medio para explorar otras posibilidades y alcances de la moda y el diseño textil, partiendo de un proceso de investigación minucioso, completo y con precisión.
En el Día del Diseñador Textil e Indumentaria, conocemos proyectos de titulación de México que no sólo plantean qué diseñar, sino que a través de técnica, investigación y el cuestionamiento, muestran distintas maneras de entender lo que una nueva generación de diseñadores de moda contemporánea, tiene por contar.
EL AZUL NO ES UNO: ANA PAULA NÚÑEZ
Para Ana Paula Núñez Acosta, licenciada en Diseño de Modas e Innovación por la Universidad Anáhuac Oaxaca, el azul comienza mucho antes de convertirse en color sobre una prenda. El azul no es uno, una colección genderless de doce salidas desarrollada bajo su marca Mano Índiga, surge de una investigación sobre el teñido con añil en San Pedro Cajonos, Oaxaca, concebida mediante un trabajo de observación, entrevistas, registro del proceso y un análisis fisicoquímico del agua.
Así, el azul trasciende lo visual: se entiende como el resultado del territorio, el agua, el tiempo, la experiencia y los conocimientos transmitidos alrededor de esta práctica.

Esta investigación se traduce en la colección sin reducir la técnica a un recurso meramente estético, sino reconociendo el contexto y a las personas que mantienen vivo este conocimiento. Dentro de la moda mexicana, esta propuesta plantea un diálogo entre diseño contemporáneo y memoria textil.
Ana Paula Nuñez, diseñadora de modas
A través de la convergencia entre memoria, transformación y coexistencia, la colección lleva esta investigación hacia una narrativa de tres momentos: el presente del teñido natural, el colapso provocado por el predominio de lo sintético y la posibilidad de coexistencia entre ambos, que abrazan la mutabilidad del azul.



Con una paleta de colores que gira entorno al azul, la colección navega entre variaciones profundas e irregulares del añil natural, que contrastan con azules más intensos asociados a los colorantes industriales.
En esta propuesta, habitan las siluetas y estructuras amplias, líneas limpias, sastrería relajada, superposiciones y movimiento, que conviven con un contraste entre fibras naturales y materiales sintéticos, encontrándose con superficies teñidas, transparencias y texturas, y exploran tensión y dualidad entre lo artesanal y lo industrial.
Mediante “el azul no es uno”, Ana Paula propone visibilizar el teñido natural desde una perspectiva actual, trazable y no folclorizante, donde los conocimientos del territorio y la moda contemporánea, pueden confluir en nuevos o futuros espacios para preservar la historia, técnica y origenes.


A tráves de esta premisa, Mano Índiga, busca consolidarse como una marca emergente originaria de Oaxaca, con una identidad contemporánea construida desde el añil, los procesos artesanales y el diseño mexicano.
Su crecimiento contempla ediciones limitadas, piezas sobre pedido, colaboraciones y experiencias que acerquen al público al proceso detrás de cada prenda, comenzando por la escena creativa oaxaqueña para posteriormente ampliar su presencia hacia otras ciudades de México, y forjar una comunidad desde una proyección de moda cercana, responsable y con identidad.
INERME: JESSICA SANTIAGO
¿Cómo traducir la regeneración de un ecosistema a una prenda? Inerme parte del impacto de la actividad minera en comunidades de Oaxaca y de la degradación que provoca en sus suelos. Jessica Marlem Martínez Santiago, licenciada en Diseño de Modas e Innovación por parte de la Universidad Anáhuac Oaxaca, encontró su punto de partida en la biorremediación: proceso mediante los cuales microorganismos, hongos y plantas regenerativas contribuyen gradualmente en la recuperación de suelos contaminados, un desarrollo completamente biológico.

Más que representar la devastación ambiental, Inerme plantea una reflexión sobre la capacidad de la naturaleza para reinventarse. Aquello que parece inerme no es ausencia de fuerza, sino otra forma de ejercerla: una fuerza que no conquista, sino que regenera. Mi visión para la moda mexicana no solo consiste en comprender el diseño como una práctica estética, sino como una herramienta de investigación, sensibilización y diálogo.
Jessica Santiago, diseñadora de modas
Las doce salidas hacen visible ese tránsito entre deterioro y regeneración. Las primeras siluetas se manifiestan en líneas limpias, geometrías y volúmenes contenidos que poco a poco evolucionan hacia formas orgánicas y fluidas a través de plisados irregulares que evocan el crecimiento de microorganismos, raíces y brotes. Mientras que en las últimas prendas, el deshilado traslada la erosión del suelo a la propia estructura textil.



La técnica consiste en retirar de manera controlada los hilos de la trama hasta formar una base de rejilla con espacios vacíos o “dañados”. Sobre esta superficie intervenida, emergen germinados, raíces y brotes que vuelven a tejer esos vacíos, haciendo visible el proceso de regeneración que inspira la colección.
La propuesta plantea la moda como una vía para abrir nuevas conversaciones, transformándose en un lenguaje capaz de visibilizar conflictos ambientales y promover nuestra relación con el territorio a través de ella.



Inerme representa la primera etapa experimental de Mandarinna, marca creada por Jessica, en la que busca mantener un universo ligado a naturaleza, biología, pertenencia y su contexto en México, conservando su esencia experimental, futurista, femenino y ligeramente místico.
El siguiente paso, será trasladarlo hacia un lenguaje más comercial y cotidiano, creando prendas que encuentren su lugar en distintos estilos o maneras de vestir, sin dejar de lado la experimentación que dio origen al proyecto.
ORO DE MÉXICO/TONANTZIN: FRANCISCO LINARES
Antes de convertirse en una pieza construida con aproximadamente 35 kilos de granos de maíz, Oro de México/Tonantzin comenzó en los recuerdos de Francisco Linares, licenciado en Diseño Textil y Moda de la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca.
Originario de San Antonio de la Cal, Oaxaca, reconocido por la elaboración de la tlayuda, el diseñador regresó a las memorias en casa de su abuela, las tablitas de leña, al humo del comal, el sonido del molino y a su familia transformando el maíz en tortilla y tlayuda “clayuda”, como la llaman dentro de su familia.

El maíz en México es el origen de nuestra vida. No es solamente un alimento; es memoria, identidad, familia y territorio. Está presente en nuestras mesas, en nuestras celebraciones y en las historias que pasan de generación en generación. Este vestido es, sobre todo, un homenaje a mi tierra y a las personas que mantienen vivas estas tradiciones.
Francisco Linares, diseñador de moda
Lo que durante su infancia formaba parte de la cotidianidad, se convirtió en un relato de trabajo, afecto, de amor y de generaciones detrás. Traduciendo aquellos momentos que marcaron su niñez, en una prenda.
El resultado es un vestido realizado sobre una estructura de tul completamente envarillada, sobre la cual se trabajaron los granos de maíz. Buena parte del proceso se desarrolló manualmente, desde el bordado hasta la colocación individual de los granos. Entre diseño, construcción de la estructura, selección de mazorcas, preparación y compra del maíz, bordado, armado y transporte, la pieza requirió alrededor de 500 horas de trabajo.



Francisco establece una precisión importante sobre la manera de relacionarse con estos referentes: no se considera artesano. Reconoce la artesanía como conocimiento, un oficio y una formación construidos durante años, y, perteneciente a tradiciones específicas; desde su posición como diseñador y creador, no busca apropiarce de estas tradiciones, tampoco ocupar el lugar de quienes han preservado este trabajo durante años, ni hablar en nombre de ellos.
Francisco busca trabajar con elementos que forman parte de su entorno y de su propia historia, trasladarlos a su esencia como diseñador y materializarlos en diseños contemporáneos.

Esa relación entre memoria y diseño también define hacia dónde quiere dirigir su práctica. Francisco proyecta continuar creando piezas de arte-objeto contemporáneo a partir de elementos que están a su alrededor, otorgándoles un nuevo diálogo y explorar nuevas lecturas sin olvidar su procedencia. Una intención que él mismo resume desde una idea sencilla: para crear, también hay que recordar, y, que cada nuevo proyecto lleve consigo y refleje, el lugar que lo vio crecer.
FLOR ES SER: ABRAHAM MARTÍNEZ
Aquello que normalmente se descartaría se convierte en el punto de partida de Flor es Ser. Jesús Abraham Martínez Martínez, egresado de Diseño Textil y Moda por la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca, desarrolló su propuesta de titulación a partir de la merma generada durante la confección de las demás piezas de su colección, buscando aprovechar los retazos de manta cruda que habían quedado fuera del proceso y darles una segunda oportunidad dentro de una nueva prenda.

El proyecto surge de cuestionar la manera en que descartamos aquello que consideramos insignificante, como los retazos que creemos que ya no sirven. Quise demostrar que la merma siempre puede tener una segunda oportunidad y transformarse en algo nuevo y cómodo, como esta prenda de algodón.
Abraham Martínez, diseñador de moda
La transformación comienza con el deshilado manual de cada retazo, un proceso realizado junto con amigos y compañeros que retiraron los hilos uno por uno. Posteriormente, para darle forma, este resultado fue unido a fragmentos de aproximadamente 5 x 5 centímetros, para después, ser ensamblados mediante puntadas en zigzag hasta conformar una nueva superficie.
El resultado es un no tejido elaborado a partir de los propios residuos de la colección, utilizado finalmente para construir un chaleco de algodón.


En Flor es Ser, la merma deja de representar únicamente residuos de la confección, para convertirse en un recurso capaz de regresar al proceso creativo bajo una mirada distinta e innovadora.
Abraham busca ampliar esta exploración como diseñador bajo su marca homónima, mediante las fibras naturales, nuevas formas y colores, continuando con la recuperación de materiales que han dejado de considerarse funcionales. También la incorporación de elementos relacionados con su origen, una referencia que reconoce como detonante de gran parte de sus creaciones, mientras buscará disminuir la huella ecológica asociada a la industria de la moda.


A esta visión suma su trabajo como fotógrafo, una práctica que espera integrar con el diseño en futuros proyectos de moda.
THE VOID: FRANCISCO VILLANUEVA
Entre materialidad, emoción e identidad se construye la práctica de Francisco Alexando López Villanueva. Formado en Diseño e Innovación de Moda, en la Universidad Anáhuac Norte, con una subespecialización en publicidad. Su proceso de diseño emerge de la observación de los contextos sociales y culturales, a través de la moda como una herramienta que cuestiona, reinterpreta y reconecta.
A partir de esta premisa nace The Void, una colección que explora los espacios físicos y emocionales entre la desconexión y el renacimiento, imaginando un escenario en el que todo lo externo, como la tecnología, el ruido y la velocidad, se desvanecen hasta dejar únicamente la esencia del ser.

The Void se diferencia porque no busca imitar el techwear, sino redefinirlo. Parte de una narrativa donde el vacío no es ausencia, sino un espacio de creación. Para mí, el diseño no es solo la creación de prendas que visten el cuerpo; es un medio para contar historias, para otorgar un significado profundo a cada pieza que trasciende lo estético.
Francisco Villanueva, diseñador de moda
La narrativa sigue a un grupo de viajeros que llega al límite del mundo: una playa convertida en el umbral entre lo artificial y lo orgánico, entre aquello que construimos y lo que sentimos. Dentro de este escenario, las prendas se sitúan en la intersección entre el techwear y el diseño conceptual, combinando estructura y fluidez, rigidez y movimiento para representar un proceso de siluetas que simbolizan transformación.



La colección se mueve entre un futurismo pragmático-urbano, influenciado por la funcionalidad del techwear, y una visión postapocalíptica que imagina un escenario donde el planeta comienza de nuevo. La ropa responde a este contexto desde lo práctico, resistente y simbólico: funciona como una especie de armadura para sobrevivir, adaptarse y reconstruir.
Partiendo de las fibras técnicas, texturas contrastantes y tonos neutros, construyen el lenguaje visual de The Void, donde cada pieza explora la belleza del silencio, la pausa y la introspección, planteando el vacío no como una ausencia, sino como un espacio abierto a nuevos comienzos.



Cada pieza se convierte en una metáfora de la condición humana, atravesada por la búsqueda de identidad, equilibrio y pertenencia frente a un mundo que parece fragmentarse.
Francisco, desde su marca Francisco Villanueva Studio, busca continuar en el desarrollo de futuros diseños influenciados por una visión entre tecnología, arte y consciencia ambiental, replanteando su papel como diseñador hacia la creación de impacto cultural.
Bajo una práctica motivada por la sensibilidad estética y la narrativa visual. Con diseños que trascienden la construcción de una prenda: la moda puede convertirse tanto en una armadura como en una forma de redención.
Fotografías cortesía de:
Ana Paula Nuñez
Jessica Santiago
Abraham Martínez
Francisco Linares
Francisco Villanueva












































































