Amistad es acompañar. Escuchar. Simplemente estar.
Nos pasamos la vida resolviendo; nos enseñaron que el constante hacer es más valioso que el ser. Y, en ese vértigo productivo, las amigas se vuelven refugio: presencia sin juicio, abrazos que no exigen respuestas y risas sinceras que sostienen en medio del dolor.

Chicas Tristes lo confirma y nos recuerda algo esencial: amar sin condiciones también es aprender a acompañar.
La ópera prima de Fernanda Tovar ganó el Oso de Cristal en la reciente edición de la Berlinale. La directora se siente orgullosa de lo que creó, pero sobre todo de haber conectado con el público. “Después de estar ocho años escribiendo algo, no sabes si va a conectar o no. Pasaron muchas cosas en el proceso. La parte de la amistad entre dos chicas apareció casi a la mitad del camino”, comparte.

Después de su paso por Berlín, la película llegará a México acompañada de conversaciones necesarias: sobre la amistad, el acompañamiento y las formas íntimas en las que se procesan emociones complejas, a veces difíciles de nombrar.
Mi reunión con Darana Álvarez, Rocío Guzmán y Fernanda Tovar me tenía nerviosa. “Entré en modo fangirl total”, confieso al iniciar la conversación.
Ver Chicas Tristes experiencia me despertó una nostalgia inmediata. Es tan visceral y tan real que me recordó al cine mexicano que veía en mi adolescencia, películas como Por la libre, Temporada de Patos o Perfume de violetas. Sentí que ésta puede ser una de esas películas que se quedan contigo por mucho tiempo.

Mirar desde el cuidado
Para las protagonistas, Darana y Rocío, quienes interpretan una amistad bellísima, el guión fue clave para profundizar en la historia escrita y en la conexión personal que tenían con ella.
“Estamos muy acostumbradas a ver estos temas desde el morbo o desde la violencia explícita”, comparte Darana, debuta en pantalla grande interpretando a Paula, “Me conmovió que se abordara desde algo amoroso, desde las redes de apoyo y desde lo que sucede alrededor de la persona”.

La historia no se centra únicamente en el suceso traumático, sino en cómo reaccionan quienes la rodean: su mejor amiga –La Maestra–, su padre y quienes están ahí para contener, aunque sea por un rato. Su entregada actuación convierte la película en una experiencia profundamente humana, la cual recalca con orgullo que fue un proceso de tres meses de ensayos y coaching actoral.
La familia que eliges
Uno de los vínculos centrales de la película es la relación entre Paula y La Maestra, una amistad construida desde la elección, la complicidad y el amor.
“Habla de la fuerza que tiene elegir a las personas que te acompañan”, explica Rocío, quien interpreta a La Maestra, un papel complejo que enternece y a la vez es muy fuerte. “En los momentos difíciles, quienes están ahí muchas veces son tus amigos, personas que no te deben nada y aun así eligen quedarse”, agrega.

La película propone así una reflexión sobre la amistad incondicional ante situaciones difíciles: un acto consciente y de cuidado mutuo.
Lenguaje en proceso
Para la directora y escritora, Fernanda Tovar, el proyecto nació de una experiencia personal y de historias compartidas por amigas cercanas. Durante el proceso de escritura —que se extendió por ocho años— el enfoque fue transformándose.
“La semilla sí fue personal”, explica. “Pero con el tiempo la película dejó de ser sobre la violencia y empezó a moverse hacia la amistad”.

El contexto social también influyó: el surgimiento del movimiento Me Too dentro de su escuela de cine volvió inevitable ampliar la conversación desde nuevas perspectivas.
Construir lo invisible
Uno de los mayores retos actorales fue representar un acontecimiento que nunca se muestra explícitamente en pantalla.
Para construir a Paula, la actriz realizó un proceso de investigación basado en testimonios reales y ensayos prolongados durante la preproducción. “Creé el suceso en mi mente con muchísimo detalle para que se sintiera verdadero”, explica. El equipo incluso desarrolló un lenguaje interno durante el rodaje —“Happy Paula” y “Sad Paula”— para distinguir las etapas emocionales del personaje.

El objetivo era expresar la verdad emocional sin recurrir a la explicitud visual.
Aprender a acompañar
Interpretar a La Maestra implicó enfrentarse a preguntas sin respuestas claras.
“Nadie nos enseña cómo ser compañía”, reflexiona Rocío. “A veces acompañar es simplemente estar, escuchar y aceptar decisiones que quizá no tomarías tú”.
Su personaje atraviesa el aprendizaje de soltar el control y comprender que ayudar no siempre significa actuar, sino respetar el ritmo emocional del otro. Otra mirada para entender el amor desde la presencia.

Escuchar antes que resolver
Cuando les pregunté sobre qué aprendizaje personal se llevan del proyecto, la respuesta surge casi de inmediato: escuchar.
“Muchas veces queremos arreglar el mundo rápido por las personas que amamos”, señala Tovar. “Pero el respeto empieza cuando escuchas lo que la otra persona realmente necesita”.
Chicas Tristes también subraya la importancia de las redes de apoyo. Compartir experiencias difíciles no siempre busca soluciones inmediatas; a veces basta con nombrarlas en voz alta.

Complejizar las conversaciones
Un aspecto que llamó mi atención es la presencia de figuras masculinas empáticas dentro de la historia:
“No queríamos plantear una guerra entre hombres y mujeres”, explica Fernanda. “Ni todos los hombres están en contra ni todas las mujeres necesariamente apoyan. Queríamos mostrar la complejidad y también masculinidades sensibles”.

La intención era ampliar la conversación social y evitar narrativas binarias, un factor sutil que vuelve a estos personajes en caminos posibles para acompañar en una situación de agresión sexual.
Arte que genera preguntas
Tras su estreno con galardón internacional, Darana, Rocío y Fernanda comparten un deseo común sobre el impacto de Chicas Tristes, la cual aún no hay fecha confirmada en México.
“Espero que la gente salga con esperanza”, dice Tovar. “Y con más preguntas que respuestas”. Las actrices coinciden.

Rocío Guzmán finaliza: “Ojalá el público reflexione sobre el amor, la culpa, la amistad y la gentileza —hacia los demás y hacia uno mismo—”.
Porque, al final, el arte no siempre está para explicar el mundo, sino para abrir nuevas formas de mirarlo.
Créditos editoriales
Talento Darana Álvarez, Rocío Guzmán y Fernanda Tovar
Dirección creativa Thelma Ruiz @thelmaruiz
Dirección de arte Regina Tanús @regiwasha
Fotografía Mariana Behar @mbeharb
Estilismo Ana Lucía Marbán @analumarban
Maquillaje Regina Ramos Passanisi @retanus
Peinado Ximena Dominguez @ximedommkp
Asist. Producción Harumi Tana @harumi_tana
Producción Andrea Rendón | @girlsatfilms
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