Este 2026 se cumplen 10 años sin David Bowie: el único e inigualable Duque Blanco, quien durante décadas nos llevó por innumerables viajes sonoros mientras transformaba su apariencia y evolucionaba junto a millones de personas que crecieron con él y fueron testigos de cómo su música y su estética mutaban constantemente y se adaptaba perfectamente al entorno que lo rodeaba con maestría.
Con un legado de 25 discos de estudio, más de 10 álbumes en vivo, más de 16 apariciones en películas y series de televisión, cinco documentales e incontables colaboraciones con artistas como Freddie Mercury, Brian Eno, Mott the Hoople, Lou Reed, John Lennon, Mick Jagger, Tina Turner, Nile Rodgers, Pet Shop Boys, Arcade Fire, Trent Reznor, Brian Molko y TV on the Radio, entre muchos otros, resulta evidente el inmenso valor que Bowie tiene dentro de la cultura pop de los últimos 60 años.

Es por eso que, rememorando lo que habría sido su cumpleaños número 79 y, casi al mismo tiempo, una década desde su partida, recordamos al delgado White Duke, al psicodélico Ziggy Stardust, a Major Tom y al sensible irreverente Aladdin Sane a través de diversos artistas y disciplinas que lo han citado como una de sus principales influencias a lo largo del tiempo.
En el universo musical
Madonna
La Reina del Pop ha dejado claro en numerosas entrevistas y premiaciones que una de sus principales inspiraciones en la vida fue —y sigue siendo— David Bowie, llegando incluso a declarar que, sin él, probablemente ella nunca habría existido. De ese tamaño es su influencia.
Desde su rebelión contra la iconografía religiosa hasta la transgresión de la moral y las “buenas conciencias” en los años 80, con outfits que harían ver a Lady Gaga o Chappell Roan como amateurs de secundaria, Madonna se convirtió en uno de los faros de inspiración y empoderamiento femenino más importantes para artistas de todo el mundo.
Nine Inch Nails
Incluso desde las entrañas del rock industrial más crudo y oscuro, Trent Reznor supo encontrar destellos de luz en la música experimental de Bowie. Discos como Outside y Earthling marcaron una nueva etapa en la evolución musical de ambos: desde una colaboración que dio la vuelta al mundo hasta la inclusión de “A Heart’s Filthy Lesson” en el soundtrack de Se7en, dirigida por David Fincher (donde también colabora Reznor). Porque la oscuridad, al final, también puede ser seductora.
St. Vincent
Annie Clark, una de las artistas más polifacéticas de nuestra época, ha tomado inspiración de Bowie en incontables ocasiones. Desde la creación de un alter ego —St. Vincent— para proteger su vida privada, hasta el uso de distintos looks como parte fundamental de una identidad musical que, disco tras disco, añade capas de genialidad artística y nos permite observar su constante evolución creativa. Todo esto mientras se vuelve cada vez más hermética en sus entrevistas con la prensa.
Iggy Pop
No podemos ignorar que una de las figuras más emblemáticas del punk estuvo a punto de tirar la toalla en los años 70 debido a las drogas y el alcohol. Sin embargo, gracias a su amistad con Bowie —quien literalmente se lo llevó a Berlín mientras trabajaba en su mítica trilogía—, Iggy logró enfrentar y superar muchos de sus demonios. Juntos escribieron y produjeron The Idiot y Lust for Life, dos de los discos más importantes de su carrera.
Incluso existe una película, Velvet Goldmine, donde se sugiere que durante ese periodo Bowie e Iggy mantuvieron una relación sentimental, algo que no resulta descabellado si se considera que la identidad y orientación sexual de David nunca fueron una limitante para su arte.
En el universo de la moda
Kansai Yamamoto
Hablar de la estética de David Bowie sin mencionar a Kansai Yamamoto sería un error histórico. El diseñador japonés fue el responsable de algunos de los atuendos más icónicos de la era Ziggy Stardust, incluyendo los trajes asimétricos, los patrones kabuki y las siluetas futuristas que redefinieron lo que un músico podía vestir sobre un escenario.

Yamamoto no solo diseñó ropa para Bowie: ayudó a construir un lenguaje visual completamente nuevo, donde el género era fluido, el teatro se mezclaba con la música y el escenario se convertía en una pasarela intergaláctica. La unión entre ambos fue revolucionaria y sentó las bases para que la moda dejara de ser un simple acompañamiento del pop y se convirtiera en una declaración artística en sí misma.

Alexander McQueen
La obra de Alexander McQueen comparte con Bowie una obsesión profunda por la transformación, la teatralidad y la belleza encontrada en la oscuridad. Ambos entendían la moda y el arte como un acto performativo, donde cada colección o personaje era una narrativa completa, cargada de referencias históricas, emocionales y estéticas.
McQueen, al igual que Bowie, no temía incomodar ni confrontar. Sus desfiles eran experiencias sensoriales que desdibujaban los límites entre arte, cine y moda, y su constante exploración de la identidad, la muerte y la reinvención dialoga directamente con la forma en que Bowie construyó y deconstruyó sus propios alter egos a lo largo de su carrera. Más que una influencia directa, Bowie fue un espíritu afín y colaborador asiduo del diseñador británico mientras vivió.

Jean Paul Gaultier
Si Bowie abrió la puerta a la fluidez de género en la cultura pop, Jean Paul Gaultier se encargó de derribarla por completo. El diseñador francés encontró en Bowie una validación temprana para su visión transgresora: hombres en faldas, cuerpos fuera de la norma, erotismo, androginia y una celebración radical de la individualidad.
La influencia de Bowie en Gaultier no solo es estética, sino ideológica. Ambos compartían la convicción de que la moda y la música debían cuestionar las reglas sociales, burlarse de ellas y, cuando fuera necesario, destruirlas. El resultado fue una estética que hoy resulta común, pero que en su momento fue profundamente subversiva.

Gareth Pugh
Desde una generación posterior, Gareth Pugh retoma el legado más futurista y oscuro de Bowie. Sus siluetas extremas, materiales industriales y referencias al sci-fi construyen un imaginario que parece salido directamente de Diamond Dogs o Outside. Pugh entiende la moda como una extensión del performance, donde el cuerpo se transforma y la identidad se vuelve mutable.
Al igual que Bowie, su trabajo se mueve entre lo humano y lo posthumano, explorando un futuro distópico en el que la estética se convierte en resistencia. En sus colecciones se percibe claramente la influencia de un Bowie visionario, siempre un paso adelante de su tiempo.

Un legado que sigue mutando
David Bowie es un fenómeno en constante movimiento colectivo. Un recordatorio de que el arte no debe ser cómodo, ni fijo, ni obediente. Bowie nos enseñó que reinventarse no es traicionarse, sino experimentar la vida; que la búsqueda de identidad puede ser un acto creativo; y que la diferencia, lejos de ser una debilidad, es una fuente inagotable de poder.

Hace diez años que partió pero en realidad sigue más vivo que nunca. Vivo en cada artista que se atreve a mutar, en cada diseñador que entiende la ropa como lenguaje, en cada creador que desafía las categorías impuestas.
Su influencia es inmortal y quizá su legado más importante fue este mapa que él mismo creó y sirvió de ejemplo para atreverse a explorar lo desconocido y a rodearte de gente que, al igual que tú, cree que se puede crear sin miedo, sin límites y con alma de juego.
Texto colaborativo por Irving Alfaro y Olivia Meza
Foto de portada: 'WOODLAND Creatures in white cloak'por Kansai Yamamoto; vestuario para David Bowie, 1973. Foto por Masayoshi Sukita.







