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Culture
El textil como resistencia y voz de las nuevas generaciones mayas, una conversación con Säsäknichim Martínez
03.08.2022
Por Olivia Meza de la Orta

Este preámbulo necesario es para compartirles quién es Margarita Martínez, conocida también como Säsäknichim, artista tzotzil que conocí en la Galería MUY, en la reciente edición de la Feria de Arte Material en CDMX. 

Su obra fotográfica de inmediato captó mi atención en el más puro afecto hacia el textil, de una forma no moda ni indumentaria, sino de algo mucho más profundo.

Sasaknichim con su perro, Pax (Pascual, en tsotsil) | Fotografía MEOW Mag©

Entre flores y poesía

“Margarita Martínez es el nombre oficial que me pusieron mis papás, pero me gusta mucho nombrarme Nichim porque pensando en Margarita y traducida al tsotsil sería como Sakil pero un compañero ch’ol me llamaba Säsäknichim y me gustó muchísimo porque suena raro”, me comenta mientras me recibe en el comedor de su casa en San Juan Chamula y hace el café para iniciar nuestra charla. “Al final siempre he dicho que soy una persona rara, poco común, no extraordinaria, simplemente rara (risas)”.

La artista, lingüista y profesora-investigadora docente de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) me abrió, no solo las puertas de su casa, sino me dejó ver su genuino amor por todo lo que hace; cómo se ha reinventado una y otra vez, y cómo ha seguido el llamado de su alma hacia todo aquello que la mueve desde sus raíces, el bordado y el textil.

“Soy hija de padres tsotsiles campesinos, y desde que era niña mi mamá me involucró en el ámbito del bordado; desde entonces he sido hasta bastante coqueta con mi ropa. Me acuerdo que en ese tiempo las fajas de Huixtán no se usaban con flores y yo empecé a bordarlas en las mías. Siempre me ha gustado mucho, inconscientemente, el textil”, me dice con los ojos brillando. 

La fotografía es el principal vehículo de experimentación que hasta ahora le ha dado un espacio en la galería MUY, dando a conocer principalmente las múltiples relaciones del textil en las comunidades originarias, como San Juan Chamula. Sin embargo ella es autodidacta y éste uno de los resultados para plasmar todo lo que pasa por su mente.

La búsqueda interior

Como mujer, las oportunidades en las comunidades rurales son escasas. Margarita no quería estudiar pero su papá la obligó porque para él, la educación “era abrir los ojos”. Me comenta que, “gracias a eso tengo otra mirada en muchos sentidos de la vida; mantengo la mirada local pero también siempre estoy mirando muchas cosas afuera yuxtaponiéndolas e incorporándolas desde la vida académica, la vida artística y mi vida misma que es lo más importante; porque todo eso me representa y forma parte de mí”.

Tampoco creció con un sueño en específico y, como muchas mujeres, se vio limitada a pensar qué es lo que quería estudiar. Ser socióloga y lingüista no es un resultado de vocación sino de fines prácticos, “mucha gente elige su carrera por vocación pero en mi caso no; la elegí porque eran los recursos que me quedaban, era lo más cercano a mi casa y por ello estudié primero Sociología”.

El poder femenino

Una cosa lleva a la otra, y en nuestra conversación Säsäknichim reafirma cómo todo fue conectándose punto por punto. “Tenía una materia de Género y leí un libro sobre mujeres y empoderamiento y me marcó. Ese libro marcó mi vida en muchos sentidos y entonces empecé a trabajar el tema sobre ‘mujeres y la toma de decisiones en puestos de poder en la administración pública y en las ONG’; eso me llevó a vincularme con una organización, y al final de la carrera me invitaron a trabajar con ellos”.

“Siempre digo que soy muy afortunada porque la vida me pone retos grandes y no me da miedo; claro que sí estoy temblando y todo, pero las tomo y digo ‘tienes que poder’. Dirigí un proyecto sobre mujeres, género, empoderamiento y derechos de los pueblos indígenas para obtener un financiamiento para el banco interamericano de desarrollo (BID) e INDESOL y trabajamos en una comunidad tseltal de Tenejapa… y ahí es donde una cosa te lleva a otra”, un punto álgido en su carrera profesional y también en su vocación pues a partir de allí comenzó a dar talleres principalmente a mujeres aunque siempre procuró involucrar a hombres también. 

Soy de la idea que si hablamos de derechos para la mujer también hay que sensibilizar a los hombres

De la Sociología a la Lingüística

En las comunidades de Los Altos de Chiapas, el español no siempre es una prioridad y no siempre el Tsotsil (lengua madre de Margarita) es inteligible en tseltal, por lo que la barrera del lenguaje fue crucial para comenzar a reunir más gente y el mensaje se difundiera cada vez más. “El tsotsil y el tseltal son lenguas hermanas y dije ‘voy a empezar a dar los talleres en tsotsil de tal manera que voy incorporando más léxico del tseltal a mi vocabulario para que vaya poco a poco dándolo’, y así fue, siempre tomaba notas y escuchaba a la gente. Son lenguas que si te dispones a entenderlas lo logras, es como cuando dos personas que se quieren comunicar y hablan dos idiomas diferentes, simplemente encuentran la manera comentó.

Su libreta de notas fue vista por una de sus compañeras y le comentó que existía un posgrado sobre ‘eso‘. “Yo ni idea tenía de la lingüística, y le dije que solo sabía que las lenguas indígenas eran negadas, discriminadas pero que incluso el hecho de que yo estuviera dando talleres en tsotsil procurando incorporar más al tseltal no es que tuviera solamente que valorarlas, sino era evidente que la gente entendía mucho mejor los procesos si hablabas en su propia lengua’, y fue así como me metí en la Lingüística e incorporé a estudiar mi propia lengua, mi propia cultura. […] me costó un montón, era tan compleja pero también era bien interesante porque siempre hablaba de nosotros y creo que era momento de que nuestras voces se escucharan”.

En esta parte de nuestra plática, entendí que para ella fue como sumergirse más profundo en su propia cultura y que de ahí surgiría su inquietud por plasmarlo en algo más visual. Ella me respondió que, “mi papá me decía que por qué le preguntaba tantas cosas si eso ya me lo había enseñado pero ya con esa formación de investigadora empecé a cuestionar las cosas. Siempre he tenido claro que mi voz no es un referente para mi propio estudio, es la voz de la gente, de mi pueblo y de la comunidad que tiene que hablar y no yo por ellos. Me di cuenta que mi tesis de maestría era un texto técnico que la gente no lo leería ni lo iba a entender aún con la buena voluntad de devolverles un poco; a veces me cuestionaban si me robaba la información y a partir de allí decidí transformarlo en videograbaciones”

Siempre he tenido claro que mi voz no es un referente para mi propio estudio, mi voz –ya en otro momento– es la voz de la gente, es la voz de mi pueblo, de mi comunidad que tiene que hablar y no yo por ellos

El tema audiovisual e incluso las letras, son recursos actuales de su representación artística, pero el trasfondo viene de muchas horas de estudio y de accionar directamente en las comunidades, sin embargo fue criticado por la misma comunidad por el uso de la imagen y el audio. “Siempre había un cuestionamiento, una impotencia, una frustración de mi parte y siempre me sentí con esta culpabilidad de caer en el extractivismo cognoscitivo, este activismo epistemológico, y que yo no estaba regresándole a la comunidad”.

Lazos que intercambian

Uno de los intercambios más ricos entre comunidades textiles es mostrar sus técnicas e iconografías de bordado, por lo que Margarita al llevar un bordado originario de Huixtán resultó ser un puente diferente e interesante para ambas culturas, “empezamos a intercambiar algunas técnicas, ideas y combinaciones, fue así como empecé a trabajar con las mujeres”. Postulando su proyecto en la universidad, Säsäknichim decidió abordar el textil aunque fuera cuestionado por sus colegas al ser un tema ‘trabajado’. “Yo dije, sí pero es un tema visto desde la gente de afuera, no es un tema que hemos descrito nosotros desde adentro y yo creo que desde ahí hay mucho que aportar”.

“Me di cuenta que aquí en San Juan Chamula hay mucha riqueza en cuanto a textiles y el trabajo que le dedican las mujeres a sus tejidos; todo el tiempo estaban tejiendo, yo platicaba con ellas y como desde chica empecé a bordar, a donde quiera que iba a videograbar yo llevaba mi bordado también y dialogábamos mientras trabajábamos”.

En otros de sus proyectos, me contó que está aterrizando un análisis lexicográfico para registrar todas las terminologías referentes al textil; los colores, los nuevos materiales que se incorporan a la práctica del textil del bordado, cómo son nombrados y si se adaptan a la lengua, etc. Ella orgullosa me comentó que aunque el proyecto está en proceso, “pienso que es una buena manera de registrar de forma audiovisual este trabajo y devolvérselos”.

EL CLUB DE LAS NIÑAS

”Además de hablar tsotsil, creo que tener la empatía y el carisma de conectarte con la gente influye mucho, al final soy como ellas”, dice Margarita. Cuando volvió de su estancia doctoral en California, decidió enfocarse en sus proyectos y en uno de los eventos organizados por el museo Na Bolom, fue con su actual pareja, Abraham, ambos vestidos en sus indumentarias tradicionales: Margarita de huixteca y él de Chamula.

Conocí a unas mujeres de Nueva York que tenían un proyecto llamado Girls Club que trabajan con niñas de bajos recursos en México, la India y varios lugares”, para entonces Margarita fue invitada a formar parte; impartió un taller y fue así como empezó el colectivo con niñas que actualmente dirige en Los Altos de Chiapas, principalmente con mujeres de Zinacantán, Huixtán y Chamula, desde el activismo y la fotografía.

Este proyecto jamás pensó que sería algo que perdurara. Es ahí que decide dar más seriedad a la imagen, ya sea estática, visual o interactiva. Aquí empiezo a cambiar el rumbo de tomar imagen, ya no como herramienta de investigación sino con una mirada mucho más cuidada. Realizar fotos con las compañeras y hacer el video para devolverles, como el documental sobre las mujeres en San Juan Chamula; asi inicia este diálogo sobre las compañeras y el grupo de mujeres del colectivo. Incluso iniciamos la venta de las piezas”.

“Se volvió un trabajo más social y me di cuenta de que eso que me cuestionaba como académica y sentirme culpable de extraer cosas, me llevó a esta vinculación comunitaria-social como una deuda de todos pero principalmente mía, y no es que esté haciendo grandes cosas pero pienso que son como pequeñas semillitas que estoy generando”, dice Margarita, quien ahora continúa con su colectivo de mujeres jóvenes taller llamado Stsebetik Bolom.

Fotógrafos como Diego Moreno, Lorena Diaz, Roberto Tondopó, el mismo Abraham Gómez y cineastas como Xun Sero y Néstor Jiménez han sido invitados a impartir pláticas en su taller.“Varias personas se han involucrado en este proceso, no soy yo la única que está ahí, son muchas mujeres y hombres que inspiran a estas niñas y queremos incorporar a más niñas y eso es bien bonito”, comparte Säsäk.

Más caminos para las mujeres

En la formación de estos lazos entre el arte comunitario y su impacto social, Margarita comenta que, “Cuando comencé a trabajar con las compañeras, vi la complejidad que implica trabajar un textil pero además esta conexión de las mujeres con el espacio y el tiempo es súper interesante, como que se despojan de la vida cotidiana incluso de sus hijos y de todo; se incorporan en un espacio suyo e íntimo”.

¿Las mujeres tejedoras son artistas? ¿Quiénes señalan el valor de los oficios, calificándolos? Margarita responde que siempre es una visión externa quien posiciona el trabajo de estas mujeres, definiéndolo y de alguna manera estrechándolo a un concepto de artesanía o arte popular.

“Mostrar imágenes del textil puesto por una mujer blanca realza su valor, pero cuando es puesto por una mujer tsotsil no hacen creer que no es igual. Así se proyecta y quiero mostrar lo contrario a eso, no necesitamos modelos de afuera sino cómo las propias mujeres pueden hacerlo. En sí ya es majestuoso y profundo”.

Vi la complejidad que implica trabajar un textil pero además esta conexión de las mujeres con el espacio y el tiempo, como que se despojan de la vida cotidiana incluso de sus hijos y de todo

El textil como lenguaje

Pensar en el tejido como texto es mostrar un problema como lo que estábamos viviendo. “El textil no es solo un lienzo, es un texto, ahí están plasmadas muchas capas de conocimiento y entonces eso fue lo que quise mostrar explícitamente en la pieza de textil Tejidos del Ch’ulel’, cómo conjugar metafóricamente y al mismo tiempo hacerlo literal. Generalmente en la fotografía todo es implícito pero aquí estaba jugando entre la metáfora y entre lo literal: “un texto es un tejido”’. En esta pieza, Margarita representó el tejido como un lenguaje conformado por palabras, la difusión de su tradición, de su intimidad, de la lingüística en sí.

El textil no es solo un lienzo, es un texto, ahí están plasmadas muchas capas de conocimiento

En la serie de fotografías ‘Tejidos del Ch’ulel’ Margarita Martínez capta a cada mujer siendo protagonista de su escena. “¿Qué estará pensando? Es como un proceso de meditación. Tampoco quiero idolatrar que ser tejedora y hacer textiles es una cosa maravillosa porque existen otros problemas que no se visibilizan como el cansancio físico o la pérdida de la visión y por todo eso es que hay que valorar más allá de solo el producto final”, agregó. 

La resistencia del arte

Llegando al final de nuestra plática, le pregunté a Säsäknichim si el arte que representa el arte de otras personas es una forma de resistencia. Ella me respondió que sí. “Hablo también desde donde nos posicionamos casi todos los artistas de la galería (MUY), y muchos artistas que provenimos de los pueblos de Chiapas, Mesoamérica y toda Latinoamérica y más allá. Pertenecemos a una colectividad y estoy segura que trabajamos desde el arte colectivo, el arte social, el arte hacia una mirada comunitaria y también a través de estas expresiones recuperamos prácticas que se han perdido o reconfiguramos para posicionar y darle otro valor que hemos negado o nos han negado. En ese sentido son actos de resistencia”.

Sigue el trabajo de Säsäknichim Martínez en la galería MUY, así como en sus redes sociales.

Fotografías de portada por Olivia Meza; otras fotos son cortesía de la artista