keyboard_arrow_left
close
keyboard_arrow_right
Fashion
La primera moda feminista y el inicio de una revolución: Las Flappers
20.09.2021
Por Olivia Meza de la Orta

En Europa y Estados Unidos, finalmente la mujer obtiene el derecho a votar, se termina la Primera Guerra Mundial y el jazz hace su aparición en los sótanos de Nueva York. Se escucha el estruendo del saxofón que rebota en las paredes, a las musas de los artistas que pintan sus cuerpos, las risas de los bailarines sudorosos, las cuentas de los collares que se caen y las cenizas que vuelan hacia los vasos de whisky… Aquí están las mujeres libres, las revolucionarias, las que están cansadas y aburridas, las que sueñan con encontrarse con ellas mismas

En 1920, una liberación comienza a tomar forma desde las Artes. Una sensación futurista cortesía del movimiento surrealista enamoró y confrontó a gran parte del mundo, incluyendo a México. La conocida jazz ageLos locos años 20, fue una década de incesantes cambios y los primeros rompimientos de estructuras sociales donde las mujeres son las protagonistas. 

I WANT TO BREAK FREE

Sabiendo que la Moda es un testigo y reflejo viviente de todo lo que ocurre en una sociedad en un espacio y tiempo determinado, fue en los 20 que nace esta subcultura, the flappers, la cual se coronó por su estandarte de emancipación femenina; un espacio que daba pie a la experimentación, a la indecencia, a la música, al contacto con la misma sensualidad que tanto tiempo estuvo reprimida en mujeres y hombres. Fueron estas chicas libertinas (como se les decía despectivamente) que promovieron un movimiento que contagió, por primera vez, a todo el mundo.

El estilo e ideología de las flappers fue la primera macro tendencia (es decir, a nivel mundial) que cambió para siempre el rumbo de esta tierra prometida a la que la mujer siempre había sido dirigida. México no fue la excepción de este aire bohemio y ricachón que El Gran Gatsby describía y que se propagó con fuerza como un reclamo de la mujer por una identidad propia y libre de decidir. Sin embargo, las mujeres europeas ya habían logrado el sufragio, mientras que en nuestro país fue hasta 1955 que pudimos hacerlo a nivel federal, esto implica que no teníamos voz, voto ni reconocimiento ciudadano

¿OTRO CÁNON?

La visión de una nueva mujer era lo que se aspiraba: activa, libre, radiante y sedienta por los placeres de la vida. A este movimiento le acompañó fielmente la música, el deporte y el baile. El pelo largo es hermoso pero complicado para moverse en libertad. Varios centímetros menos en el pelo develaron el parteaguas de muchas mujeres del siglo XX, una despedida a cientos de años de luchas. 

También buscaron formas más fáciles para vestirse. Los metros de tela eran demasiado pesados para entregarse a las noches clandestinas interminables o al estilo de vida de una mujer en bicicleta, corriendo, jugando tenis, tirándose en el pasto. Hablamos sobre mujeres que durante siglos fueron privadas de su humanidad y su espontaneidad y sus atuendos del día a día les respondían: eran restrictivos y opresores. Fue hasta 1920 que decidieron no volver a ellos nunca más.

Mujeres jóvenes, hartas del sistema patriarcal que solo las señala para hacer y funcionar bajo ciertas reglas y situaciones, usaron la poca libertad de su expresión personal para llevar en sus atuendos mensajes de protesta que llegó a inspirar a todo el mundo y a enojar a muchos otros. 

CRUZANDO EL ATLÁNTICO

México no tardó en adoptar esta tendencia de pensamiento y de Moda. Algunas mujeres mexicanas (sobre todo las de clase media alta y élite) se identificaron con esta libertad del atuendo que iba en siluetas rectas y amplias; peinados con pelo corto (bobs, Eton, marcelle fingers), labios rojos o vino, cejas ultra delineadas y oscuras, así como adornarse con un cigarrillo largo y un martini. El estilo deportivo y andrógino que impuso Gabrielle Chanel, reaccionario al exceso de ornato y prendas complicadas, era lo predominante en Europa y el viejo continente era un constante dictador de todo lo nuevo y emocionante.

La búsqueda por esta modernidad despertó la curiosidad de muchas pero sembró el odio en quienes temían perder el control por esta ‘nueva mujer’. Apodadas despectivamente como ‘pelonas’, en la Ciudad de México se las flappers o el intento de ser una de ellas, se convirtió en una serie de atentados en contra y sin escrúpulos. 

LAS MUJERES NO LLEVAN EL PELO CORTO

Políticamente se vivían los últimos estragos de la Revolución Mexicana y los movimientos activistas liderados por mujeres, así como la prensa femenina (o rosa) que visionarias como Laureana Wright fundaron las bases para lo que sería el inicio de la primera lucha feminista en América Latina

En el libro Sex in Revolution (1924) de Anne Rubenstein, afirma que en plenos años de conflictos políticos y gubernamentales, en la Ciudad de México la longitud del pelo de una mujer era el motivo principal de violencia, ataques de discriminación y racismo. ‘Las pelonas’ rompían con toda ‘la decencia de la sociedad mexicana’ y la negación llevó a fuertes agresiones públicas contra todas las mujeres que llevaran el pelo corto y vistieran pantalón. 

Maria Antonieta Rivas de Mercado, mecenas del arte y precursora del feminismo en México

En su documental, Chavela Vargas expresó que era impensable que ‘en México una mujer andara por ahí usando un pantalón’. A las pelonas se les negaba la transportación pública, las puertas de establecimientos y recibían los gritos de hombres y mujeres que las tachaban de inmorales. En los relatos de Rubenstein, menciona que cantaban una porra: ’Se acabaron las pelonas, se acabó la diversión, la que quiera ser pelona pagará contribución’.

Sin embargo, la moda á la garçonne que romantizó Chanel prevaleció por casi 40 años más, misma que dio inicio a que la vestimenta femenina se modificara para siempre. Fue hasta los 60 que la llamada Era de Acuario y nuevas corrientes filosóficas, de las artes y de la moda comienzan a tomar lugar y a cambiar nuevamente todas las estructuras sociales.

MUJERES TRABAJANDO

Esta lucha feminista se manifestó principalmente en la indumentaria como un acto de rebeldía para exigir un trato igualitario. Incluso con tintes andróginos, la mujer empezó a incorporar prendas masculinas como el saco, la corbata y el pantalón sin revelar las formas de su cuerpo; todo era pensado para igualarse de alguna forma con los hombres y su poder de decisión. Más tarde en los 80, el concepto del power suit (traje sastre femenino con hombreras) también fue un resultado de ensanchar la delicadeza del cuerpo femenino y aparentar fuerza y masculinidad.

Para mantenerse al margen, la mujer continuó tras bambalinas reinventándose, callando sus luchas y trabajando el triple. Predestinada a avanzar en contra corriente, debemos nuestro respeto a todas aquellas mujeres que desde sus trincheras reclamaron su lugar, su idea, su justicia. Aquellas que hoy se muestran sin tapujos, auténticas y reales. Mujeres que con su manera de ser quedaron inmortalizadas y esa visibilidad se palpa en los cambios de pensamiento de nuevas generaciones.

La moda puede ser una herramienta a nuestro favor y un atentado para la moral de la sociedad patriarcal. Cuando el físico de una mujer destruye los ideales que el hombre ha adorado, una ola rabiosa es la que entabla una conversación incómoda y triunfante, necesaria e inevitable que relega al poder cobarde y busca sus alas para su única realización. Somos las mismas mujeres reconstruyéndose y cuestionándose sobre las miles de opciones disponibles para declararnos desde nuestra indumentaria, nuestra vida per se.